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HISTORIA DEL DISEÑO VALENCIANO (VII)

ADPV: La unión hace la fuerza 

La fundación de la Asociación de Diseñadores Profesionales de Valencia (ADPV) supuso el espaldarazo definitivo para un sector del diseño que durante años buscó nexos de unión

26/01/2021 - 

VALÈNCIA. «Si no recuerdo mal, las primeras conversaciones tuvieron lugar a comienzos de los años 70». La memoria, con el paso de casi cuatro décadas, se transforma en un reloj inexacto. Le sucede tanto a Vicent Martínez, primer presidente de la actual Asociación de Diseñadores de la Comunitat Valenciana (ADCV), como a muchos otros profesionales que a través de encuentros informales dieron forma a la entidad que agrupa hoy en día al corpus de diseñadores locales. Martínez apunta unos cuantos nombres: Nacho y Luis Lavernia, el desaparecido Julián Bacigalupe, José Juan Belda, Eduardo Albors, Lola Castelló, Dani Nebot, Enrique Landete, Carlos Errando, Jorge Luna (agencia de publicidad Tropo), el empresario Gabriel Pons o Pepe Gimeno

Más tarde se añadirían otros, caso de Gabriel Folqués (calzado para bebé Cuquito), Vicente Gallega, Ana Gutiérrez o Xavier Bordils. Tanto Albors como Nacho Lavernia coinciden en citar la figura de Enrique Quiles (agencia Publicitas), como el aglutinador de unes trobades en las que un grupo heterogéneo de diseñadores acabarían por dar forma al primigenio Nou Disseny Valencià. 

«Decidimos, como en los cinefórum, juntarnos de vez en cuando para charlar sobre diseño. Nos reuníamos prácticamente a escondidas, en la trastienda de los locales de Luis Adelantado o José Miguel Moscardó —d’Avui, en calle Almirante Cadarso— y en cada cita había caras nuevas», rememora el Premio Nacional de Diseño, Nacho Lavernia. «Entonces» —continúa Martínez— «nos encontrábamos al inicio de nuestras trayectorias». 

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El marco histórico tampoco parecía el más adecuado para alumbrar una asociación profesional de nuevo cuño: «A la falta de recursos propios se unía un tejido empresarial que no estaba a la altura del actual, pese a que aparecieron algunas compañías que crearon cierto caldo de cultivo, caso de Wieden-Simó». Martínez abunda también en la consideración social del diseño: «En los estertores del franquismo, el diseño irradiaba progresismo por lo que estas reuniones eran prácticamente clandestinas. En consecuencia, constituir una asociación no era precisamente una tarea fácil». 


Ni Colegio Profesional ni S.A.

Lejos de tirar la toalla, el cada vez más nutrido grupo de diseñadores buscó consejo con la finalidad de dar forma jurídica a sus inquietudes. Para ello, recurrieron al abogado Josep Lluís Albinyana, quien posteriormente sería presidente del Consell del País Valencià. Albinyana aconsejó constituir una sociedad anónima —que aportaba la suficiente cobertura—, propuesta que fue desestimada ya que, como afirma el diseñador Eduardo Albors, «queríamos defender nuestros intereses desde una legalidad, pero la intención fue siempre la de crear una asociación abierta que facilitara la integración de nuevos miembros». 

Las conversaciones en València continúan avanzando y unos cuantos diseñadores viajan a Barcelona, ciudad donde la ADI-FAD llevaba años de funcionamiento como organización representativa del diseño catalán. «Fue una época de deseos y ensoñaciones» —recuerda Vicent Martínez— «con la ADI-FAD como espejo en el que mirarnos». El objetivo, manifestado durante una reunión con el entonces presidente del FAD, Miquel Milà, era vertebrar una delegación en Valencia, «pero ese intento no cuajó por la falta de consistencia, fuerzas y una industria muy alejada de la que en aquellos años disfrutaba Barcelona», detalla Martínez. 

El apoyo que sirvió para desatascar aquella situación de indefinición llegó de la mano de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, presidida por José Antonio Noguera de Roig y en la que se alojaba el Instituto de Promoción industrial (IPI), encabezado por José María del Rivero. En aquella institución figuraba un núcleo de economistas, muchos de los cuales (Joaquín Mafé, Alejandro Máñez...) darían posteriormente el salto al incipiente Impiva, nacido en 1982. Del Rivero recuerda aquella Cámara de finales de los setenta, como «una etapa esplendorosa, sin intromisión de las organizaciones patronales», con un Noguera de Roig, que en palabras de Vicent Martínez, «ha sido el presidente más dinámico y progresista» en la historia de la Cámara. 

Bordils, diseño y comunicación

Originalmente, el IPI había sido fundado años atrás como herramienta de tracción de grandes empresas: fue apoyo fundamental para la venida de compañías como Ford o IBM. Con la llegada de Del Rivero se establece un giro importante, y el IPI pasa a prestar una atención especial a las empresas valencianas a través de la potenciación de herramientas como el desarrollo tecnológico o el diseño industrial. 

Uno de los nombres fundamentales en el IPI es el del diseñador Xavier Bordils, quien en 1975 aterriza en la ciudad de València para entrar casi de inmediato en contacto con la Cámara. Ese mismo año, Bordils es el artífice de unas jornadas sobre diseño industrial que tuvieron como principales invitados a representantes de la agencia británica Negus & Negus, responsables de la imagen corporativa de British Airways que lucirían sus aviones de 1974 a 1984. Un año después, en 1976, se moviliza dentro del propio IPI un departamento interno de Diseño, desde el que se editaron veinticuatro números del boletín Diseño Comunicación entre 1977 y 1983, en el que colaboraba activamente el propio Bordils, dinamizador del panorama del diseño a través de las exposiciones Muestras de diseño industrial del País Valencià, que se celebraron entre 1978 y 1984. 

El Impiva toma el testigo

José María del Rivero valora hoy que las acciones desarrolladas bajo el paraguas del IPI «gozaban de reconocimiento y solvencia», y respecto a su influencia sobre el diseño valenciano, Del Rivero apunta: «Modestamente, pienso que dinamizamos el sector. Animamos a diseñadores y empresarios a compartir unos mismos criterios en cuanto a diseño industrial como base de actuaciones colectivas. Fuimos una plataforma y un punto de encuentro para el mundo del diseño».

Una de las actividades organizadas por el IPI significó el primer contacto entre Amparo Sena y el mundo del diseño. «Había finalizado recientemente Arquitectura y me sentía atraída por el trabajo de los diseñadores valencianos.» —rememora Sena— «Desde la Cámara se organizó un curso que contaba con profesores como Bordils o miembros de La Nave». Entre sus compañeros se encontraban Juan Montesa, José Asensio, Gabriel Folqués, Ana Gutiérrez o Luis Peña, ingeniero que posteriormente pasaría a formar parte del Impiva y que fue uno de los elementos más dinámicos a la hora de dar forma a la futura Asociación de Diseñadores Profesionales de Valencia (ADPV). En paralelo a la actividad de la Cámara, la Generalitat comenzaba a implementar políticas de promoción industrial que contaban con el apoyo de «políticos sensibles que hablaban de la necesidad de reforzar el sector del diseño», valora Sena. 

El Impiva comenzaba a dar sus primeros pasos, con un interés evidente en el diseño, pero desde el otro lado era imprescindible encontrar una réplica válida. «Para articular la colaboración de la Generalitat era necesario que el sector estuviera institucionalizado. Necesitábamos un interlocutor oficial». En las instalaciones de la fábrica de Gabriel Folqués se redactaron unos estatutos que fueron la base para que, en 1985, la ADPV viera la luz de manera oficial y oficiosa con Vicent Martínez como primer presidente y Amparo Sena en tareas de gerencia y organización.

Una ADPV que años más tarde cambiaría su denominación a la actual ADCV (Asociación de Diseñadores de la Comunitat Valenciana). Para Eduardo Albors, establecerse como ADPV fue una medida extremadamente importante, ya que «permitió disponer de fuerza propia para solicitar ayudas y nos permitía hablar de tú a tú con otras asociaciones». Los cambios en un corto plazo de tiempo fueron continuos. Martínez dejaría la presidencia un año después en manos de Folqués debido al volumen de trabajo en Punt Mobles, y Sena daría el salto al Impiva, hecho que permitió que la interlocución entre ambas entidades continuara siendo duradera y fructífera. 

«Impiva tuvo entre sus prioridades, desde el principio, una línea de ayudas al diseño», afirma Amparo Sena. Unas ayudas que fraguarían, entre otras vertientes, en los Premios de Diseño y Moda, las exposiciones públicas (en la Plaza del País Valencià y Ateneo Mercantil) o unas becas internacionales de las que se beneficiaron profesionales como Ángel Martí, Vicente Blasco, Pedro Miralles o Juan Montesa. Este apoyo, concreto y decidido, cristalizaría también en otras acciones. En primer lugar, la edición de un primer catálogo de diseñadores —«ya que las empresas no sabían dónde dirigirse», explica Sena— que sería presentado el 15 de octubre de 1986 y que recogía los perfiles de cuarenta y nueve diseñadores. El catálogo tendría una tirada de tres mil ejemplares. Aquel mismo día se selló igualmente una colaboración entre la ADPV y conselleria de Industria con vistas al desarrollo del diseño industrial y gráfico.

Las buenas noticias no acabarían ahí, ya que en la misma fecha se abrió en el Impiva el Centro de Documentación de Diseño y Moda, con un total de quinientos volúmenes para consulta. Por último, esta institución se haría cargo del alquiler de un local destinado a la ADPV, en la calle San Vicente. El diseñador José Juan Belda recibió el encargo de adecuar ese espacio diáfano. Unos años después, la asociación se trasladaría a otro espacio, más amplio, en el mismo edificio. 

El Impiva comenzaba a dar sus primeros pasos, con un interés evidente en el diseño, pero desde el otro lado era imprescindible encontrar una réplica válida. 

El espaldarazo del Impiva fue un punto y aparte para el diseño local. Con su colaboración, las actividades de la ADPV despegan con la participación, como recuerda Eduardo Albors, «de un gran número de asociados». Uno de los primeros en integrarse de pleno en sus acciones iniciales es Vicente Navarro. «Mi acercamiento se produjo gracias a una llamada de Lola Castelló y Vicent Martínez, en la cual reclamaban el acercamiento de profesionales con la idea de formar una asociación», recuerda Navarro, que por aquel entonces trabajaba para compañías como Tarazona-Arnau, Celda, Osiris, Selectar o La Mediterránea. «Todos crecimos desde las oportunidades que facilitó el Impiva. A través de las actividades conjuntas se estableció un vínculo entre diseñadores que dotó de fuerza al colectivo. Fue un momento de euforia en el diseño valenciano que ayudó a descubrir la importancia de la figura del diseñador y mostró a las empresas las ventajas de contar con profesionales del sector en sus proyectos». 

Las acciones son cada vez más amplias, visibles y ambiciosas. «Oxígeno puro para el sector» en palabras de Nacho Lavernia. Como ejemplo, las muestras Esto no es una silla y Enseña la bandera o una de las actividades más recordadas, las jornadas de diseño celebradas en Alicante en 1986, con la presencia de participantes internacionales de primer nivel como un incipiente Philippe Starck. Jornadas a las que asistieron, sorprendidos por el poder de convocatoria, unos jóvenes Quim Larrea y Juli Capella, que darían buena cuenta de aquellos encuentros en las páginas de la revista Ardi

La constitución de la ADPV, a partir del germen de Nou Disseny Valencià, fue clave en la profesionalización y estructuración del diseño en la Comunitat Valenciana. Además, sirvió para establecer el marco adecuado de colaboración con otras entidades, de gran ayuda para la continuidad de la propia asociación. Así, el nacimiento de  la ADPV impulsó la visibilidad pública de sus asociados y mejoró la conexión entre diseño y empresa. Como mejor resumen, las palabras de Nacho Lavernia: «Sin aquella ADPV, los diseñadores valencianos no viviríamos ahora la posición que disfrutamos». 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 75 (enero de 2021) de la revista Plaza

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