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EN CONCIENCIA   / OPINIÓN

Albert Rivera: el derecho a parar

18/11/2021 - 

La semana pasada Cristina Peri Rossi recibió el premio Cervantes 2021. Un reconocimiento merecidísimo porque, al margen de su activismo y de su crítica política y social, la escritora uruguaya es, a mi juicio, técnicamente, una de las mejores cuentistas de este siglo. Como ella misma explica, “ha tocado todos los géneros” pero, siendo una excelente novelista y poetisa, yo me quedo con sus cuentos.

Leí su libro “El museo de los esfuerzos inútiles” cuando estudiaba la carrera de periodismo en Navarra. Teresa Imízcoz, mi profesora de literatura, era una enamorada del boom latinoamericano. A través de sus clases y exámenes (aún recuerdo el de Onetti) y de unos seminarios de escritura creativa, nos hizo descubrir a algunos (y a algunas) de los grandes. Entre ellos a Peri Rossi.

Este año, unos días antes de que la premiaran, ¡qué casualidad!, yo había desempolvado el libro. Tenía que trabajar uno de sus textos, “El corredor tropieza” (Breaking the Speed Record), para un seminario del Aspen Institute en el que debatimos el liderazgo ético.

No es mi intención hacerles “spoiler”, pero sí he de contar que la historia comienza con unas frases -entre cursiva y paréntesis- que, al terminar el texto, se entienden que están en la mente del protagonista. 

“Vió los altísimos árboles/…./ la cúpula del cielo /.../ vió la luna en pleno día /.../ tirado en el suelo, con ojos asombrados, vió todo eso”. 

El cuento habla de un corredor de larga distancia (sobre el que la sociedad tiene grandes expectativas) que, cuando está en la última vuelta de una maratón, a punto de cumplir todo lo esperado, siente unas ganas irrefrenables de detenerse y de “echarse al borde de la pista”.

Más allá de por cómo está escrita, ésta es una maravillosa historia que evoca cuestiones de enorme actualidad.

¿Hasta qué punto contemplamos y respetamos el derecho a parar?

¿Hasta qué punto un líder puede y debe utilizarlo?

Leyendo a Peri Rossi me acordé de Albert Rivera. “Iba en la decimocuarta vuelta. Era un buen corredor: los periódicos lo daban como favorito y hasta auguraban un récord”.

Se han cumplido dos años del día en que dejó el acta. Fue un día triste. Más allá de los errores que se pudieron cometer, lo cierto es que el Ciudadanos de entonces marcó un antes y un después. Él se dejó mucha vida en el proyecto y sigue siendo uno de los pocos ejemplos en política:  asumió sus responsabilidades, cargó a sus espaldas el fracaso electoral y abandonó lo que más le gustaba. 

Porque Rivera corría en política, como explica la autora uruguaya, “con naturalidad, como si ese fuera el acto más normal de la vida, como si se pudiera correr siempre”. Le apasionaba su trabajo.  Cuando yo me enfadaba en la Comisión de Educación, a veces nos cruzábamos por el pasillo y me decía, “¿Cómo lo llevas? ¿te estás divirtiendo?… Mira que un barómetro de las buenas políticas es también el humor”.

Todos los cuentos del volumen de Peri Rossi esconden un anhelo, un deseo no siempre alcanzable. De ahí el título “El museo de los esfuerzos inútiles”.

A veces, pocas veces y poca gente reconoce ese anhelo.

Un día, todas las variables ocultas emergen, y entiendes que no va a poder ser.

Sólo en ese momento se decide.

Sólo entonces, como el protagonista de Peri Rossi, se siente “el éxtasis de dejarte caer/…/de detenerte, de resbalar suavemente hacia el borde, hacia el borde de la pista, incluso a pocos metros del final justo un poco antes de la meta”.

Parte de la batalla puede que algunos quieran catalogarla en el “Museo de los esfuerzos inútiles”. Pero lo cierto es que, al pasar página, con todo lo recorrido y después haber visto “los árboles, la cúpula del cielo y la luna en pleno día tirado en el suelo con ojos asombrados” como el corredor de Peri Rossi, tu mirada ya no vuelve nunca a ser la misma.

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