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UNA VERDAD INCÓMODA  / OPINIÓN

Alguien debe pagar (y no pueden seguir siendo los españoles)

21/05/2021 - 

Lo primero que debemos hacer, por responsabilidad y decencia, es derribar el relato progre alrededor del asalto masivo de cerca de diez mil inmigrantes ilegales a territorio nacional en Ceuta. Evidentemente –ninguno de nosotros esperábamos otra cosa- nada más comenzar a saltar las noticias sobre tal terrible evento, los grandes medios de comunicación –con sus contertulios residentes en palacios de cristal ajenos a la realidad social- pusieron la elefantiásica maquinaria en marcha para salvar al Gobierno de España y comenzar a promover el señalamiento público de cualquier político, periodista o ciudadano de a pie que osase culpar a Pedro Sánchez de una de las mayores vergüenzas sufridas por nuestro país en décadas. Hasta el mismo Núñez Feijóo se lanzó al cuello de Santiago Abascal antes que al del Rey de Marruecos como primer responsable –y organizador- de la invasión a España que está teniendo lugar estos días. 

Sí. En VOX hablamos de invasión. Y el Presidente de Ceuta, Juan Vivas, conocedor de la frustración y miedo del pueblo ceutí, también habló de invasión. No ha lugar de hablar de lo sucedido como una crisis migratoria, puesto que no hay causa alguna que justifique lo sucedido como un capítulo aislado más de la inmigración ilegal norteafricana que España y sus gentes llevamos décadas sufriendo. Las familias cerraron sus negocios y más del 75% del alumnado de Ceuta se quedó en casa la mañana del martes. Con el terror que vivieron nuestros compatriotas sería suficiente para denostar cualquier argumento progre que busque aplacar la incertidumbre generalizada y la exigencia de respuestas y, sobre todo, de hechos.

Sin embargo, hay muchas más pruebas que sustentan el explicar lo sucedido como una invasión. Marruecos fletó autobuses a la frontera. Marruecos evitó cumplir con su obligación de vigilancia. Marruecos fue quien, en último lugar, abrió las puertas para que más de nueve mil marroquíes y subsaharianos pisaran suelo nacional sin ningún derecho. Es, por tanto, una invasión organizada por un país extranjero y, por ende, una agresión internacional donde, que a nadie se le olvide, Marruecos es el agresor y España el agredido.

Para no pocos analistas la mecha la encendió el propio Gobierno cuando acogió, a escondidas y con nombre falso, al líder del Frente Polisario –eterno enemigo de Marruecos por la cuestión del Sáhara Occidental-. Desconocemos, a causa de la infinita opacidad de la banda de Sánchez, las vicisitudes concretas del hecho pero nos causa enorme estupor –y vergüenza- que el Gobierno de España dé cobijo a una persona requerida por la Audiencia Nacional para ser juzgada por numerosos crímenes. Yo no estoy aquí para negar la importancia de esta cuestión pero, sin embargo, sí estoy en posición de afirmar que no es –ni de lejos- la única causa.

La aspiración de Marruecos por anexionarse Ceuta y Melilla es una realidad desde hace décadas y nunca, jamás, la han negado. Hemos visto estos días innumerables llamamientos en redes sociales desde perfiles marroquíes que abordan la invasión de Ceuta como una remasterización de la Marcha Verde. Quizá haya que situar el acogimiento del líder Polisario entre la bolsa de las excusas, más que en la de las causas. A Marruecos nunca le ha hecho falta ninguna excusa para cometer un atropello a la soberanía nacional. La también invasión de las Islas Canarias y de las pateras en el Mediterráneo permitida –y quizá también organizada, viendo los últimos acontecimientos- por Marruecos desde el inicio de la pandemia ha venido sucediendo sin que se necesitara lanzar ninguna cerilla a ningún barril de pólvora.

Y, tras abordar las excusas y las causas finales, es hora de hablar de los requisitos. Es innegable que el principal requisito para que se diese la invasión es que España cuente con un Gobierno débil. España, hoy, lo tiene. Y Marruecos, hoy, lo sabe. Pedro Sánchez ha sido incapaz de ofrecer ninguna solución a la inmigración ilegal. Al efecto llamada de las ayudas ha de sumarse la eliminación de las concertinas en la valla fronteriza, el debilitamiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para aliviar la vigilancia en frontera y la falta absoluta de respuesta a la anexión formal de Marruecos de aguas territoriales españolas en Canarias. Sánchez ha ido cediendo poco a poco y en política internacional una mera señal de debilidad siempre –reitero, siempre- da lugar a una escalada de la que el país agredido es el que peor parado sale. 

Está claro que alguien debe pagar. Marruecos debe pagar por la ejecución de tal invasión. Sánchez debe pagar por ser incapaz de responder a la agresión más allá de asumir la extorsión y depositar treinta millones de euros más en las arcas marroquíes. La Unión Europea debe pagar por abandonar a España en su papel como frontera sur de Europa. Alguien debe pagar. Las familias españolas ya hemos abonado un precio demasiado alto por un periodo demasiado prolongado: la seguridad de nuestra gente en nuestros barrios. ¿Les parece poco?

Esta es una verdad incómoda, pero alguien tenía que decirlo.

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