Arte y fotografía

TODO LUGAR ES PROVISIONAL

De viaje con Calo Carratalá

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VALÈNCIA. Haz el equipaje, aunque apenas necesites nada; esencialmente, solo tienes que tener en cuenta el tiempo —que no es poco, aunque suele ocupar menos de lo parece. La terminal de salidas es la Fundación Bancaja, en la plaza Tetuán de València. El viaje es lejos, pero no tan largo. Las obras de Calo Carratalá se encargan de  llevar al público a Noruega, Tanzania, Senegal o el Amazonas. Pero lo que podrían ser meros paisajes, terminan convertidos en territorios mentales, espacios reconstruidos desde la memoria y la experiencia. Esa deriva es el eje de Todo lugar es provisional, que se podrá ver hasta el 7 de junio en el centro cultural.

La muestra, compuesta por 37 obras realizadas entre 2013 y 2026, presenta de manera conjunta los paisajes de estos tres territorios en un diálogo marcados por una síntesis formal y depurada y por su intensidad atmosférica. Más allá de la diversidad geográfica, el hilo conductor es el viaje entendido como experiencia transformadora.

“Con esta exposición pretendo que la gente tenga una mirada relajada, que pueda pasar de unos colores a otros, que tenga tiempo para ver, para sentir, para disfrutar y para entender”, ha explicado el propio Carratalá durante la rueda de prensa de presentación de la exposición.

La propuesta expositiva responde precisamente a esa voluntad de pausa. Frente al ritmo acelerado de la cultura visual contemporánea, el artista reivindica el tiempo lento de la pintura y la contemplación: “Todo pasa deprisa y hay tanto ruido digital”, ha señalado la comisaria Marisa Giménez Soler, defendiendo la necesidad de recuperar una relación más reposada con las imágenes.

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Viaje y memoria

El proceso creativo de Carratalá comienza siempre lejos del estudio. Sus viajes, que pueden prolongarse durante semanas, le permiten sumergirse en el paisaje, recoger apuntes y observar los cambios de luz y atmósfera. Ese material, sin embargo, no se traslada de manera inmediata al lienzo cuando vuelve al estudio.

“Hay veces que lo he dejado en Noruega con frío tremendo, nevando”, explicó el artista sobre los apuntes tomados durante sus viajes; más tarde, “sirve como mecha para que el pasado lo traigas otra vez al presente”, añadió.

La memoria, de hecho, ocupa un lugar central en esta propuesta. Carratalá reconoce que, con el paso del tiempo, la imagen original se transforma. “Al cabo de tres o cuatro días me resulta incapaz de reconocer la foto sobre la que estaba trabajando”, señaló. Aunque la reproducción parece realista, la interpretación termina imponiéndose sobre la referencia directa.

Esa tensión entre realidad y reconstrucción da lugar a paisajes que no corresponden a un lugar concreto, pero sí a una experiencia acumulada: “Casi todos los paisajes son muy inventados. Pero un conocido me decía yo he estado ahí. No son espacios en concreto, pero sí espacios unidos, espacios por los que has podido pasar”.

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El paisaje y la figura humana

Aunque la naturaleza domina la obra de Carratalá, la exposición también muestra la incorporación progresiva de la figura humana, especialmente en las series más recientes. Su presencia, sin embargo, no altera la lógica contemplativa de sus paisajes.

Estas presencias, generalmente de pequeño tamaño, funcionan como referencias espaciales y simbólicas. “El tamaño pequeño de la figura siempre le da un sentido de proporción al espacio. Cuando hay una figura o cualquier objeto reconocible, te dimensiona el resto”, ha señalado.

La exposición también permite observar la evolución técnica de Carratalá, caracterizada por una síntesis progresiva y una gestualidad más libre. Sus obras combinan lápiz, sanguina o pintura en composiciones que condensan atmósferas y emociones, alejándose de la representación detallada del paisaje.

Esa reducción formal no implica, sin embargo, una simplificación conceptual. Al contrario, sus paisajes funcionan como espacios abiertos a la interpretación, donde el tiempo, la memoria y la experiencia propia aunque entendible de manera colectiva se entrelazan.

En ese sentido, Todo lugar es provisional no es un compendio de geografía, ni mucho menos una colección de postales; es el desvelo de un misterio mayor, el de el descubrimiento de un paisaje que implica cultura, naturaleza, y sobre todo, tiempo. Toda la complejidad de la obra va dirigida a un único objetivo: que el tiempo se detenga, o al menos se ralentice lo suficiente para sentirse en viaje. En viaje con el artista, Calo Carratalá.

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