VALÈNCIA. El antiguo palacio Valeriola tiene nuevos inquilinos. Y no hablamos de cualquier vecino. Yayoi Kusama, Joan Miró o Antony Gormley son algunos de los nuevos habitantes del Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH) que, tras despedir la exposición temporal dedicada a Anselm Kiefer, ha revolucionado su colección permanente con la inclusión de una batería de piezas entre las que se incluyen, además, nuevas instalaciones site-specific pensadas para convivir con la propia arquitectura del centro cultural.
Día y noche han estado trabajando en el espacio para dar forma a la que supone la tercera modificación de su propuesta expositiva, una profunda transformación que bien merece pasearse de nuevo por sus salas. Entre los nombres que incluye el recorrido se incluyen algunos tan conocidos como el de la japonesa Yayoi Kusama, que falleció recientemente, de la que se exhibe una de sus populares esculturas con forma de calabaza cubierta por sus característicos lunares de colores.
No es la única habitante de la ‘Andana’, la icónica sala superior del centro, que reúne también piezas de Rose Wylie o Ugo Rondinone en una transformación con la que la sala adquiere un carácter especialmente lúdico. “Hay un cambio considerable del museo, cumplimos tres años y era el momento de cambiar”, señaló Javier Molins, director artístico del CAHH, quien destacó el marcado carácter internacional de la exposición, artistas que suponen ahora el 65% del total representado en la muestra.

Los números no engañan y ponen negro sobre blanco una transformación que, en la práctica, plantea un recorrido totalmente nuevo. No en vano, la renovación de la propuesta ha afectado a tres cuartas partes del recorrido, al que se han incorporado 45 nuevas piezas y 19 nuevas firmas. “Mantenemos a Messi y a Ronaldo pero hemos incorporado nuevos jugadores que den frescura al equipo”, bromeó Molins. “Estoy muy contenta con el resultado de esta nueva presentación, me gusta casi más que la primera disposición", añadió por su parte la mecenas Hortensia Herrero.
En esa alineación también se incluyen nuevas piezas de artistas que ya estaban representados en el centro, como Miquel Barceló, que gana fuerza pasando de una a seis piezas, en las que explora la historia del arte o su pasión por la tauromaquia, o Sean Scully, al que se le encargó la renovación de las vidrieras de la antigua capilla del palacio, presencia que se amplía ahora con una nueva pintura y una imponente escultura de cristal de Murano.
De Lichtenstein y Dubuffet a Miró y Calder: las parejas del CAHH

Otro de los focos de esta renovación ha sido el de generar diálogos entre artistas representados en la colección, algo que ya hicieron en su propuesta inicial con Eduardo Chillida y Antoni Tàpies -que regresan tras el desmontaje de la muestra de Kiefer-, unas conversaciones a dos voces que ahora replican con otras dos nuevas parejas de baile.
Alexander Calder y Joan Miró, quienes mantuvieron una estrecha amistad y llegaron a exponer juntos en el célebre Pabellón de la República Española de la Exposición Internacional de París de 1937, en el que se presentó el Guernica, comparten ahora de nuevo espacio en una sugerente sala en la que conviven las pinturas del catalán con las esculturas móviles del americano.
La obra de Jean Dubuffet, considerado el padre del ‘art brut’ y del que se incluye una impresionante obra que actúa como banco, rompiendo los límites entre la pintura y la escultura, se relaciona con la de Roy Lichtenstein, cuyo lenguaje está vinculado al mundo del cómic y el arte pop. “Son dos artistas que rompieron esa distinción entre la alta cultura y la baja cultura”, destacó Molins.
Paisajes inmersivos y obras que superan el marco

La inauguración del Centro de Arte Hortensia Herrero supuso la oportunidad de conocer la colección de la mecenas a la que, además, se sumaron varios proyectos site-specific concebidos para convivir con la propia arquitectura del centro, un listado de obras que ahora se amplía con nuevos proyectos que hunden sus raíces en el palacio Valeriola.
Entre las nuevas propuestas se encuentra una instalación de Philippe Parreno, que transforma el espacio de la cafetería en un juego de luces, o una obra de Antony Gormley perteneciente a la serie Extended Strapworks, una escultura que explora la relación entre el cuerpo humano y el espacio que lo rodea a partir de una estructura que recorre la sala mediante finas bandas de acero.
Entre las instalaciones que más miradas atrajeron tras la apertura del centro estaba la diseñada por el británico Mat Collishaw, quien convirtió un pasillo en una sala inmersiva con una videoinstalación inspirada en las Fallas. El artista renueva ahora su propuesta con Sordid Earth, que sumerge al visitante en un exuberante paisaje tropical que parte de la idea de la flor como reflexión sobre nuestra relación con la naturaleza.
También la flor es el símbolo que centra la propuesta del colectivo japonés teamLab, que presenta un paisaje floral que se transforma dependiendo de la cercanía del visitante o las condiciones del entorno, una obra que convive con la popular The World of Irreversible Change, una pieza también interactiva que presenta una aldea que entró en guerra a causa, precisamente, de las interacciones de los visitantes.