VALÈNCIA. “Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl”. De esta forma comienza el relato de Julio Cortázar, publicado en 1956, en el que el escritor argentino imagina la transformación del curioso protagonista en animal.
Viaje al presente. México, verano de 2026. El país se convirtió en una de las sedes del último Mundial de fútbol -sí, el del "¡Oh Ferran!"-, en la que el ajolote se convirtió en uno de los grandes símbolos del mismo, un animal que pasó a ser mascota del torneo y objeto de todo tipo de merchandising. Todo un icono de la cultura popular.
Animal y símbolo a partes iguales, esta especie de anfibio es el punto de partida de relatos que le superan a él mismo y, al tiempo, le atraviesan, una figura sobre la que ahora posa su mirada el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) a través la nueva exposición de la artista británico-mexicana Melanie Smith. En ella presenta por primera vez juntos los proyectos ‘Axolotl’ y ‘Tixinda’, este último en torno al caracol púrpura. “En los dos proyectos hay una provocación, que está en el título: Solo una cosa era extraña, seguir pensando como antes”, señaló durante la presentación.

- -
- Foto: MIGUEL LORENZO
La exposición explora qué queda de una especie cuando sobrevive su imagen, dos proyectos que unidos, y a través de cuarenta obras, abordan la extinción, la representación y nuestra relación con otras formas de vida, un diálogo que supera los bloques humano-naturaleza para permitir una reflexión en la que se entienden como un todo.
“En un momento en el gran parte de los discursos sobre la crisis ecológica están dominados por imágenes de catástrofe, en este caso se propone un espacio de alternativa y reflexión. No niega la gravedad pero no se instala en ella”, señaló la directora del IVAM, Blanca de la Torre, durante la presentación de la muestra, en la que también participó la comisaria, Helena Chávez Mac Gregor, y la secretaria autonómica, Marta Alonso.
Así, la exposición parte de dos especies en peligro de extinción, el ajolote mexicano y el caracol púrpura, dos especies que se erigen “entre el mito y la biología”. El visitante se encuentra con una sala dividida por un “archipiélago central” y una pantalla central que emite vídeos en bucle. El primer proyecto se aproxima al ajolote, un anfibio endémico del Valle de México que actualmente se encuentra en una situación crítica en su hábitat natural. Su imagen, sin embargo, se ha convertido en un todo un símbolo en México y aparece reproducida en billetes, aplicaciones, productos comerciales y campañas institucionales.

- -
- Foto: MIGUEL LORENZO
“Siempre me pareció una criatura de una extraña belleza que hoy curiosamente circula en el imaginario infantil convertida en icono y mercancía afectiva. Su piel permeable, extraordinariamente sensible a pesticidas y contaminación, funciona como un bioindicador”, señaló De la Torre. “Hay algo muy misterioso en su proceso de regeneración”, añadió la comisaria.
El segundo núcleo de la exposición parte del caracol púrpura o tixinda, un molusco que produce una secreción para inmobilizar a sus presas que, al entrar en contacto con la luz solar, cambia hasta adquirir un intenso tono púrpura, un tinte que antes era símbolo de estatus y cuya industria constituyó “una de las primeras formas de extractivismo marino conocidas”. De nuevo, el trabajo de Smith parte del animal para reflexionar sobre un marco mayor en el que entra una de las pocas comunidades que hoy mantienen estos procesos tradicionales, la de Pinotepa de San Luis, que trabajan sin hacer daño al animal.