El 'Correfoc' de Dani Nebot y Miguel Arraiz ya se levanta en el desierto del Burning Man

Arte y fotografía

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VALÈNCIA. El desierto de Black Rock en Nevada (Estados Unidos) se convierte un año más en escenario de uno de los mayores festivales de arte efímero del mundo: el Burning Man. Durante varios días el arenoso paisaje se transforma con la instalación de estructuras gigantes que, como las Fallas, también tienen el fuego como final de trayecto. 

No es el fuego la única conexión con València pues, un año más, ambos lugares tienden un puente creativo que conecta la tradición local con el festival americano. En este caso, son el diseñador Dani Nebot y el arquitecto Miguel Arraiz quienes están detrás del proyecto Correfoc, que fue elegido entre centenares de propuestas para formar parte de esta suerte de ciudad efímera a la que cada año peregrinan miles de participantes.

“El fuego no es patrimonio de nadie; es fuente de vida desde el inicio de los tiempos”, explicaba Nebot recientemente a este diario, al respecto del proyecto. “Antiguamente las grandes decisiones se tomaban en torno al fuego, pero también era el espacio para la transmisión de conocimiento. Todavía hoy, en los campamentos de scouts, es alrededor del fuego donde se comparten anécdotas y se habla de lo que se hará al día siguiente. El fuego aglutina, recoge y pone en común muchas cosas”.

Para el creador, que recibió el Premio Nacional de Diseño en 1995, esta es la primera vez que se sumerge en el universo del Burning Man, en este caso con un proyecto que traslada la tradición del correfoc a un contexto más que singular, el de un festival que se celebra cada año en un paisaje árido, bien distinto al de las calles de los distintos municipios que cada año se llenan de dimonis.


La festividad sirve de inspiración para la confección de una gran escultura de ocho metros que se configura mediante los elementos más icónicos del demonio, una reinterpretación de la figura en colores flúor que se convertirá en un nuevo hito del arte efímero ‘marca València’. El proyecto llega, además, cuando se cumple una década del primera gran conexión con València, que llegó en 2016 con Renaixement, un pabellón inspirado en la Lonja de València. 

Fue este domingo cuando el Burning Man dio el pistoletazo de salida a su edición de 2026, aunque esta fecha no es en absoluto la de llegada del equipo valenciano. Hace días que operan en el desierto para llevar a cabo un montaje que no ha sido sencillo. Las difíciles condiciones del entorno, entre las que se incluyen tormentas de arena y temperaturas que dificultan el trabajo, han marcado el ritmo en estas jornadas. 

Si bien, el Correfoc de Dani Nebot y Miguel Arraiz ha terminado siendo levantado en el desierto y está destinado a convertirse en uno de los iconos de esta edición, aunque no es el único proyecto de este 2026 con acento valenciano. El propio Arraiz ha estado implicado en el proyecto Titanic’s End, un colectivo liderado por el cofundador de Twitch, Justin Kan, que ha levantado una versión del célebre transatlántico, también gracias al trabajo de los arquitectos valencianos Javier Bono y Javier Molinero.

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