La escultura 'Amélie III' de Manolo Valdés desembarca en la Universitat de València

Arte y fotografía

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VALÈNCIA. La Universitat de València exhibe en el campus dels Tarongers la escultura Amélie III, de Manolo Valdés, una pieza perteneciente a la colección del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) que se incorpora al proyecto REBROT, la iniciativa impulsada por ambas instituciones para acercar el arte contemporáneo, especialmente el fondo escultórico del IVAM, a la comunidad universitaria.

 

La obra, instalada en la entrada, en la zona porticada exterior de la Facultat de Formació del Professorat de la Universitat de València, da continuidad al convenio de comodato firmado entre la Universitat y el IVAM, cuya primera fase se materializó en diciembre de 2025 con la instalación de once obras distribuidas entre los campus de Blasco Ibáñez, Tarongers y Burjassot. Aquella selección reunió ocho esculturas y tres pinturas de Alberto Corazón, Miquel Navarro, Juan Asensio, Juan Carlos Nadal, Andreu Alfaro y Juan Sanleón, muchas de ellas restauradas tras verse afectadas por la dana de 2024.

 

Además, la UV y el IVAM están ultimando la instalación de cuatro nuevas esculturas de gran formato en las nuevas zonas ajardinadas del campus de Tarongers, prevista para el inicio del próximo curso académico.

 

Una de las series más reconocidas de Manolo Valdés

 

Amélie III pertenece a la serie Amélie, un conjunto de esculturas que Manolo Valdés desarrolló a comienzos de los años 2000 y que constituye una de las líneas más representativas de su producción escultórica. La serie traslada al volumen un motivo recurrente en la obra del artista: las grandes cabezas femeninas inspiradas en la tradición artística europea y, especialmente, en el universo plástico de Henri Matisse.

 

Lejos de representar a un personaje concreto, la figura de Amélie funciona como un icono que permite a Valdés investigar la memoria del arte, el retrato y la transformación de las formas. Las esculturas se caracterizan por sus volúmenes monumentales, la simplificación de los rasgos faciales y el protagonismo de los tocados y las texturas, convertidos en elementos esenciales de la composición.

 

Cuando presentó esta serie en 2002, Valdés explicó que varias de las piezas incorporaban materiales y objetos recuperados en Nueva York, ciudad en la que residía tras los atentados del 11-S de 2001. Esa decisión establecía un diálogo entre la tradición del retrato y los materiales contemporáneos. En aquella ocasión definió a Amélie como “la musa de Matisse”, una referencia que resume el origen conceptual de la serie y el vínculo de estas esculturas con el imaginario del pintor francés.

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