VALÈNCIA. Durante el mes de octubre, la Pequeña Dama de Elche, realizada por Ignacio Pinazo Martínez entre 1908 y 1909, ha sido destacada como Pieza del mes en el Musée d’Archéologie nationale de París, en la región de Saint-Germain-en-Laye. La iniciativa corresponde a la conservadora Soline Mourinière, del servicio de Recursos Documentales del museo, y cuenta con la colaboración de la Casa Museo Pinazo, que ha participado en la documentación de la obra.
Esta interesante escultura, en la que el escultor apuesta por una configuración completa de la Dama de Elche, inspirada por la Gran Dama del Cerro de los Santos, fue obsequiada en junio de 1909 por Horace William Sandars al entonces Musée des Antiquités nationales, donde llegó con motivo del acondicionamiento de la sala de arqueología comparada, en la que fue expuesta. Sandars, ingeniero de minas y arqueólogo inglés muy interesado en la valoración de la cultura íbera y firme defensor de la autenticidad del busto de Elche, contribuyó a su difusión regalando reproducciones a grandes instituciones. Adquirió a Pinazo Martínez y donó al British Museum, en julio de 1908, la copia XI de la Dama de Elche en escayola policromada. Hoy la pieza conservada en Francia (MAN 52501) es un precioso testimonio de la fascinación que la Dama de Elche ejerció sobre los sabios y sobre los artistas.
En el archivo de la Casa Museo se conservan diversas cartas que reflejan el interés de Sandars por el trabajo de Pinazo Martínez y su voluntad de adquirir una copia para el museo británico.
Un icono del arte íbero y su regreso del exilio
El busto original de la Dama de Elche fue descubierto el 4 de agosto de 1897 en Elche, la antigua Ilici, y adquirido rápidamente por el Louvre gracias a Pierre Paris. Considerado la más bella escultura de la España prerromana, su autenticidad y sus influencias griegas y fenicias alimentaron intensos debates, en un momento en que el arte íbero, largo tiempo ignorado, comenzaba a captar la atención de los eruditos europeos de la mano de figuras como Léon Heuzey, conservador del Louvre. Convertida con el tiempo en un emblema de la identidad nacional española, la escultura original fue cedida a España en 1941 y se conserva hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
Ignacio Pinazo Martínez (1883-1970) reprodujo en 1908 la Dama de Elche, que en aquellos momentos se conservaba en el Museo del Louvre de París. El encargo, solicitado en 1907, lo realizó el arqueólogo y director del Museo de Reproducciones Artísticas de Madrid, y luego director del Museo Arqueológico Nacional, José Ramón Mélida Alinari. Pinazo Martínez realizó las primeras copias para el Museo de Reproducciones Artísticas y para el Louvre, y luego otras para el British Museum de Londres, la Torre Eiffel, el Museo de Bruselas, el Museo de Burdeos… y para diversos museos e instituciones culturales españolas, así como para personalidades destacadas del ámbito cultural y amistades. Hasta el regreso de la Dama de Elche en 1941, en el Museo del Prado se exhibió la copia realizada por Pinazo Martínez.
El proceso de copia fue un intenso y delicado trabajo que el escultor realizó durante su estancia en París como pensionado de la Diputació de València. Fue posible gracias al trabajo y a las relaciones tejidas entre Mélida Alinari, el pintor francés Léon Bonnat, el director del Museo Oriental y Griego del Louvre, M. Heuzey, el conservador del Louvre M. Pottier y el español Rogelio de Egusquiza, pintor, escultor y grabador con el que Pinazo trabó amistad y al que retrató. Todos ellos admiraron el trabajo realizado por el joven escultor.

- -
- Foto: Fondo CMPinazo
La condición impuesta por el Louvre para permitir la copia fue que no se permitiera a Pinazo el contacto directo con la escultura original. En palabras de Mélida Alinari, traduciendo al director del Louvre: "La sola condición que podrá ser impuesta es que la vitrina no será abierta más que cuando sea absolutamente preciso y que en este caso el trabajo será sometido a una vigilancia especial para evitar todo contacto perjudicial al busto cuya caliza deleznable y sus huellas de coloración piden las mayores precauciones y no permiten tentativa alguna de vaciado ni siquiera parcial".
Al no poder tomarse una impronta directa, Pinazo Martínez moldeó un modelo en barro que sirvió de punto de partida para que un moldeador parisino fabricara el molde a buen hueco, del que salieron los vaciados en escayola que llegaron a Madrid, Murcia, Albacete, Bilbao y València, así como al Louvre, al British Museum y a los Museos Reales de Arte e Historia de Bruselas.
Una Pequeña Dama con vocación propia
En su Pequeña Dama, como él la llamaba, Pinazo Martínez se muestra moderado en el color: añade rojo en la parte superior de la mitra, un toque de azul en los colgantes de un collar y amarillo en elementos de adorno y ciertos tejidos. Su propuesta contrasta con la de Francisco de Paula Nebot, que, bajo la dirección de José Pijoan, se inspiró en motivos de cerámicas y otras esculturas íberas. Ambas hipótesis muestran el creciente interés del mundo erudito por la policromía de la escultura antigua y sus repercusiones en el mundo artístico. Análisis recientes han confirmado en el busto original la presencia de cinabrio, ocre rojo, oropimente, azul egipcio y pan de oro.
La obra refleja además uno de los grandes interrogantes del busto de Elche: si fue concebido originalmente como busto o como figura femenina entera. Pinazo Martínez asoció el busto con el cuerpo de la Gran Dama del Cerro de los Santos para crear una versión en miniatura, una hipótesis que el debate científico sigue sin zanjar.
Durante su estancia en París, Ignacio Pinazo Martínez compartió estudio en el célebre Bateau-Lavoir con Pablo Picasso, quien le fotografió en su estudio.