VALÈNCIA. El Museo de Bellas Artes de València se muda. Al menos, lo hace temporalmente. La pinacoteca ha inaugurado este jueves la exposición Los Ribalta. Obras del Museo de Bellas Artes de València, integrada por seis obras de sus fondos, algunas de gran formato, pero no lo ha hecho en sus salas sino en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
El centro vallisoletano será la sede de esta exposición temporal, que ha sido presentada este jueves por el director del museo valenciano y comisario de la muestra, Pablo González Tornel; junto al director del Museo Nacional de Escultura, Alejandro Nuevo Gómez.
La muestra reúne seis obras del que fuera precursor del barroco en València, Francisco Ribalta, y de su hijo, Juan Ribalta, figuras clave del naturalismo valenciano del siglo XVII. El proyecto analiza la imagen de la santidad en el Siglo de Oro español, centrada en esta ocasión en València, donde, de la mano del arzobispo san Juan de Ribera, comienzan a afianzarse las ideas artísticas de la Contrarreforma y Francisco Ribalta se convierte en figura de referencia a la hora de introducir el naturalismo barroco en la pintura religiosa.
“Es un orgullo mostrar lo mejor de nuestro Barroco en el Museo Nacional de Escultura. Los Ribalta dialogan aquí con la obra de Alonso Berruguete y Gregorio Fernández” ha señalado González Tornel. “Este diálogo artístico muestra la enorme riqueza del Siglo de Oro español”.

Los Ribalta
En València, los Ribalta se convirtieron en referentes indiscutibles del naturalismo barroco en la pintura religiosa. El iniciador de la saga, Francisco Ribalta, formado en Barcelona, pasará primero por Madrid y el entorno escurialense para recalar en València a las puertas del siglo XVII.
Su producción evoluciona del gusto tardomanierista al más puro barroco naturalista que, además de aplicarlo en las escenas religiosas, también lo plasmó en los retratos ‘del vivo’ de santos y religiosos valencianos de su tiempo. De él se muestran algunas piezas extraordinarias como su ‘San Bruno’ para el retablo de la cartuja de Porta Coeli (1625-1627).
Por su parte, su hijo Juan Ribalta estuvo vinculado desde el comienzo al taller paterno, llegando a menudo a confundirse su obra con la de su progenitor y maestro.
Juan fallece en el mismo año que el padre, 1628, con apenas treinta años, lo que truncó la prometedora carrera de un pintor que paulatinamente fue marcando ciertas diferencias con la obra de Francisco, al acusar el hijo de forma más evidente la influencia del murciano Pedro Orrente en recursos y estilemas como la monumentalidad de las figuras, la composición dramática, un colorido más a la veneciana o el singular tratamiento de la luz, herencia del gusto italiano.
De él podrá verse el enorme lienzo de los ‘Preparativos para la Crucifixión’, realizado en 1615 para el monasterio jerónimo de San Miguel de los Reyes, en el que Juan Ribalta actualiza una composición de su padre, treinta años anterior, y la convierte en una pieza monumental cargada de emoción en la figura de Cristo.
Además, Juan Ribalta obedeció al prototipo de pintor intelectual, participando activamente en entornos poéticos y relacionándose con humanistas del momento.