Arte y fotografía

Marisa Pinazo, la pintora desconocida que completa la saga de artistas

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VALÈNCIA. La historia del arte no es lineal, sino la suma de relatos en los que se entretejen los contextos económicos, sociales y, cómo no, los vínculos familiares. Todos ellos aportan contexto y permiten conocer en profundidad momentos, lugares y unos nombres propios que son punto de partida de otras historias. Una de ellas la protagoniza Marisa Pinazo, hija de José Pinazo y nieta del colosal Ignacio Pinazo. La última de la saga es, en realidad, una desconocida, una figura sin apenas huella en estudios o colecciones de arte, públicas o privadas, y sobre la que ahora el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) quiere poner el foco.

El museo inaugura esta semana la exposición El aura de una saga moderna: Ignacio, José y Marisa Pinazo, un proyecto que conecta la producción de padre e hijo con la de una Marisa Pinazo que, aunque participó de manera puntual en alguna exposición, nunca terminó de desarrollar una carrera comparable a la de sus antecesores, aunque no por ello su historia deja de tener interés. “Estamos reivindicando una figura que ha sido absolutamente ignorada [...] Todavía es un enigma”, explicó el comisario de la muestra, Francisco Javier Pérez Rojas, quien presentó la muestra junto a la directora del IVAM, Blanca de la Torre.

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El catálogo de Marisa Pinazo es, ciertamente, el más reducido de los tres Pinazo, una obra que denota un interés y sensibilidad muy temprano con las artes gracias a la influencia de su padre, una formación que completaría asistiendo al estudio del pintor Vázquez Díaz. El paisaje, la naturaleza, fue sin duda el tema central de su producción, una obra que se ha exhibido en muy contadas ocasiones. De hecho, gran parte de las piezas expuestas por el IVAM nunca habían sido mostradas al público, pinturas y dibujos que hoy ven la luz.

 

Si bien participó en el XI Salón de Otoño de Madrid de 1931 o en el Salón del Heraldo de Madrid de 1932 y 1933, nunca llegó a formar parte de los grandes circuitos artísticos, una trayectoria en la que también se encuentran respuestas en su posición social. “Como no necesitaba comercializar los cuadros los hacía para ella”, reflexionó el comisario de la exposición, quien destacó que se trata de una obra que, aunque “no existe en los manuales de historia del arte”, no deja de ser “sólida”.

 

La depresión en la que cae tras la Guerra Civil y tras la inesperada muerte de su padre interrumpe por completo su producción artística, que retoma a partir de los años cincuenta, un freno que, unido a su falta de reconocimiento en circuitos culturales e institucionales, la lleva a ser el nombre propio en una tercera generación "absolutamente ignorada y desconocida”.
 

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El retrato de su hijo Francisco, pintado en 1922, marca el final de un recorrido que pone en conexión sus pinturas con las del exquisito Ignacio Pinazo, del que se muestran algunos de sus delicados retratos, entre ellos un Pepito -José Pinazo- pintando, una obra que tiene un espejo más adelante con un retrato de la propia Marisa junto a un bloc pintado por su padre. Esa idea de transmisión de saberes en el gran hilo invisible de esta exposición que, a través de sus trayectorias, aunque desiguales, deslizan esas historias del arte, esa evolución de estilos y contextos. 

 

Marisa Pinazo es el final de un relato que comienza con la obra Ignacio Pinazo, con el que nos adentramos en esos espacios íntimos, no solo a través de los retratos en familia, también recorriendo abriendo las puertas del hogar o el taller, de esos espacios vividos en los que también se adentra la obra de su hijo José Pinazo, a través de una selección de obras juveniles que representan interiores en penumbra o a contraluz.

 

“Hay que reivindicar la figura de José Pinazo. Quizá sea después de Sorolla el más internacional”, reivindicó el comisario. Los exquisitos retratos de padre e hijo dan paso a un universo costumbrista, en el que es otro de los pilares de la exposición, con piezas tan destacadas como Floreal, con la que José Pinazo obtuvo la primera medalla en la Exposición Nacional de 1915. Entre unos y otros, la muestra traza un "atractivo recorrido" que va desde el Naturalismo y el Modernismo hasta el Art Decó, una historia de familia que es, también, del arte valenciano.
 

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