VALÈNCIA. Hay historias familiares que se quedan como meras anécdotas y otras que, con el paso del tiempo, sedimentan y van formando una mirada sobre el mundo. El espacio creativo de València Belly Button, reúne en su primera exposición a los hermanos artistas Raúl y Javier Galán Hurtado en un ejercicio de aproximación a un territorio compartido: el de la memoria familiar, el arraigo, el folclore y las huellas que dejan los lugares cuando ya no se habitan de manera cotidiana.
Los dos artistas nacieron en Badajoz pero desarrollan actualmente sus trayectorias desde ciudades distintas (Raúl desde Madrid, Javier desde València). Sin embargo, la exposición muestra un sustrato común que atraviesa sus prácticas: “Nuestra familia está muy relacionada con el mundo del folclore y eso yo creo que nos deja como un poso que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo en diferentes direcciones”, explica Javier Galán Hurtado. Este interés compartido no tiene que ver con una reivindicación nostálgica de los orígenes, sino en una atención hacia aquello que permanece adherido a las formas de vida y sus paisajes.
“A los dos nos atraviesa un interés por algo vernacular”, señala el artista. Un interés que relaciona con “todas esas capas de sedimentación” que se acumulan sobre los lugares que habitamos y sobre los materiales con los que trabajan. Aunque ambos han explorado distintos formatos y técnicas, los dos han terminado construyendo sus lenguajes desde la pintura, cada uno desde sensibilidades diferentes. Mientras Raúl incorpora gestos más cercanos a la figuración, Javier se aproxima al paisaje desde una mirada más abstracta.
Desde la diáspora
Paradójicamente, buena parte de esa reflexión sobre la identidad se ha intensificado a medida que ambos se alejaban de su Extremadura natal. En todo caso, “no con una intención nacionalista ni nada por el estilo, sino más bien de reivindicación de tu raíz, de tu contexto, de tu arraigo”.
Ese interés conectó rápidamente con la sensibilidad de Meritxell Simó, responsable del espacio y comisaria, a la que también le atraviesan, como interés y en lo personal, las cuestiones identitarias y el folclore (en este caso, el valenciano). La comisaria, en este caso, no es un simple mediadora o curadora de una colección de obra, sino una tercera en cuestión, encargada de traducir y contextualizar una serie de preocupaciones compartidas entre dos artistas que, por primera vez, se ponían a conversar a través de sus trabajos.

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De hecho, uno de los objetivos explícitos del proyecto era evitar una exposición descontextualizada, una simple colección de obras —“Nos interesaba mucho no hacer una exposición que fuese como Rogelio López Cuenca dice, de artistas paracaídas”, explica el artista—.
Aunque el proyecto reúne múltiples relatos, recuerdos y asociaciones, que no siguen jerarquía alguna, por imposición periodística, Javier Galán accede a contar la anécdota familia a la que remite el título. Una mañana, el tío y el padre de los artistas encontraron un bebé abandonado en una caja frente a su casa, situada en la calle Diego de Jara y Torpa de Badajoz. Durante unas horas, estuvieron debatiendo la posibilidad de que aquel niño pasara a formar parte de la familia, aunque finalmente intervinieron los servicios sociales y la historia siguió otro rumbo.
El nombre de Diego (en el título de la exposición, escrito conscientemente en minúscula) nunca llegó a pertenecer realmente a aquel niño, pero permaneció como una especie de ficción posible, una historia suspendida que terminó integrándose en el imaginario familiar.
Este es solo el ejemplo de una constelación más amplia de recuerdos, imágenes, referencias culturales y experiencias personales que se acumulan, que generan significado precisamente a través de su convivencia, pero que además no se explican de manera explícita, sino que se abstraen a través de los códigos del arte contemporáneo.

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Sedimentar, otra forma de gestionar la memoria
La idea de sedimentación aparece una y otra vez durante la conversación y la comisaria, Meritxell Simó, también la destaca como una de las claves para comprender tanto la exposición como el trabajo de Javier Galán Hurtado.
Concretamente, su práctica se construye mediante la acumulación de fotografías, objetos, citas y materiales que permanecen almacenados durante largos periodos antes de adquirir una nueva forma. “Entiendo eso como un sedimento de información”, explica. Con el tiempo, esos materiales permiten establecer nuevas relaciones y ofrecen perspectivas distintas sobre aquello que en un primer momento parecía disperso. “Es como una segunda lectura más pausada desde otra perspectiva”, señala el artista. Una manera de volver sobre las experiencias pasadas para observar cómo han cambiado y cómo siguen afectando al presente.
Belly Button
diego es el primer proyecto de Belly Button, el espacio con el que Meritxell Simó Redón quiere seguir explorando formas de comisariado basadas en la escucha, la proximidad y la implicación con los procesos de los artistas. Más que un lugar expositivo convencional, la iniciativa nace con la voluntad de generar contextos de trabajo compartidos y de aproximarse a cada proyecto desde las metodologías, intereses y sensibilidades de quienes participan en él. “Trabajar desde la intuición” y abrir “un espacio de posibilidades en esta ciudad”, son algunas de las vocaciones principales del proyecto, según explica ella misma, con una especial atención “a las relaciones entre territorio, identidad y formas de hacer”.