Arte y fotografía

EN EL CENTRE DEL CARME

Una casa convertida en museo: Hockney, Matisse o Rosa Torres dan forma a la Colección Avelino Marín

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VALÈNCIA. Una colección artística puede crecer siguiendo un criterio histórico, una especialización concreta o atendiendo a las dinámicas del mercado. Pero la de Avelino Marín y Luis Leao responde a las lógicas del “enamoramiento”. A lo largo de medio siglo, ambos han reunido más de 1.800 piezas que han terminado ocupando literalmente una casa entera. La suya, diseñada especialmente para acoger la colección.

Ahora, una selección de más de un centenar de obras desembarca en el Centre del Carme bajo el título Breve historia de una pasión, una exposición que convierte la sala Carlos Pérez en una suerte de vivienda que tiene, como compañeros de piso, a Rembrandt, Henri Matisse, David Hockney, Andy Warhol, Paula Rego, Equipo Crónica o Rosa Torres.

Siendo una de las colecciones privadas más importantes del país, la exposición no podía ser asumible desde un mero recorrido cronológico o disciplinar, así que el comisario Juan Bautista Peiró ha optado por trasladar al museo la experiencia de visitar la vivienda que los coleccionistas construyeron para albergar buena parte de sus fondos: ”Aquello destrozó cualquier idea preconcebida que yo tenía sobre cómo montar la exposición, De alguna manera tenía que trasladar a la sala Carlos Pérez esa sensación de casa con diferentes dependencias”, explicó en la rueda de prensa.

El resultado es una exposición organizada como una vivienda: estudio, habitación principal, sala de juegos y salón articulan un recorrido que reproduce los ritmos de una casa y, al mismo tiempo, los de una colección construida desde la acumulación, la curiosidad y el afecto. Hay gestos a lo largo de todo el espacio, como colgar un cuadro arriba de una especie de cabecero, o colocar una escultura que remite al gimnasio que tiene su domicilio real.

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Durante su intervención, el comisario recurrió al pensador Jean Baudrillard para explicar la naturaleza del coleccionismo: ”Nosotros básicamente tenemos dos funciones: una es la utilitaria y otra la de ser poseído. El coleccionista está especializado precisamente en esa segunda dimensión".

La historia comenzó en 1975, cuando Marín adquirió con apenas 16 años dos figuras de porcelana vienesa del siglo XIX. Aquellas piezas, presentes también en la exposición, dialogan ahora con la primera obra de arte contemporáneo que compró: Parábola (1977), de Equipo Crónica, una pintura que formó parte de la última exposición realizada por el colectivo valenciano.

Lo que empezó siendo una colección construida en anticuarios se ha convertida en una referencia estatal, que ahora se despliega en el Centre del Carme.La exposición reúne obras de unos 70 artistas y refleja el carácter heterogéneo de una colección que combina arte antiguo y contemporáneo, grandes nombres internacionales y creadores del entorno valenciano, murciano y alicantino.

No hay leitmotiv sino ganas compartir la colección (“Si no muestra, no sirve para nada”, confesaron los coleccionistas), Peiró sí ha ido construyendo microrelatos poniendo en conversación grupos de un par de obras, pero el único hilo conductor en su comisariado, diría en la presentación, es “hacer un retrato de lo que había visto en la casa, de Avelino y Luis”.

Estos tampoco se atreven a definir un tema que les atraiga directamente a una obra, pero sí hay hilos desde los cuales tirar. Por ejemplo, el deseo, el cuerpo, la cultura pop, la naturaleza (humana y no humana); habitualmente como provocación más que como crítica, o si no, como observación del goce estético.

  • Nazario, La hora de Walker, 2000, Colección Avelino Mari?n. -

En la casa

El recorrido comienza en el estudio, donde predominan el dibujo, el grabado y la obra sobre papel. Allí aparecen algunas de las firmas históricas más reconocibles del conjunto, desde Rembrandt o Édouard Manet hasta Matisse, David Hockney, Paula Rego o Antonio López.

La segunda estancia reproduce la habitación principal de la vivienda de los coleccionistas. El cuerpo ocupa aquí el centro de la escena. La recreación incluye elementos del dormitorio original y piezas de artistas como Erwin Olaf, Guillermo Pérez Villalta, Loretta Lux, Nazario o Liliana Porter.

La sala de juegos está dedicada al videoarte. Una docena de trabajos internacionales conviven con dos videoinstalaciones separadas que funcionan como eje del espacio. Peiró explicó que buena parte de esta sección está atravesada por la idea de la dualidad y el diálogo entre artistas de distintas generaciones y procedencias. 

Entre los nombres presentes figuran Rashid Johnson, (otra vez) Olaf, Hans Hemmert, Manu Arregui o Liliana Porter, además de las instalaciones de Tony Oursler y Ramón Palazón. Acompañan, en las afueras de las salas, las obras que más remiten al imaginario de la Movida y sus referentes internacionales, desde Ouka Leele hasta Warhol. 

El recorrido concluye en un salón que funciona como síntesis de los intereses de los coleccionistas. Allí confluyen pintura, porcelana y cerámica, pero también buena parte de los referentes culturales de la generación de Marín. Aquí está más presente una cercanía, “emocional y geográfica", según explicó el comisario, que se convierte en un hilo conductor en sí mismo. Por eso junto a nombres internacionales aparecen figuras como Rosa Torres, Eusebio Sempere, Rosalía Banet o Nico Munuera.

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Alex Reynolds, desde la vigilia