VALÈNCIA. “Estoy a punto de quedarme dormido. Siento inquietud. Se me ocurre algo que me excitaría. El cojín de cuero que tengo entre los brazos se calienta demasiado. Lo aparto un poco y dejo que su superficie fresca caiga contra mi cuerpo. En cuestión de segundos vuelve a calentarse. Me molesta el reloj. Me lo quito y lo dejo deslizarse de mis dedos al hueco entre el cojín y el sofá. Temo olvidar dónde está. El miedo se acaba en cuestión de segundos”. Este sueño es el del artista turco Barış Çavuşoğlu, quien se atreve plantar su cama en el centro de Pluto para imaginar un futuro incierto y en la vigila a través de su muestra ZZZ.
Gracias al arte y la conversación que se genera en el momento de “duermevela” consigue generar un espacio en el que los materiales, el espacio y la música le sirven como una puerta al mundo onírico. Jugando con la superstición y con una llamada que interrumpe el momento de poder-dormir-al-fin consigue que Pluto, en mitad de la huerta, se convierta en su espacio de juego. Así es durante más de nueve meses, el tiempo que ha durado su residencia artística y en el que ha desarrollado este proyecto que vio la luz el fin de semana del 19 de septiembre en este espacio y con la fiesta de la 3º edición de Tensión.
Para Çavuşoğlu, la siesta y la fiesta no son contradictorias, y pueden convivir en un mismo espacio a través de ZZZ. “Es una muestra más sutil que las anteriores, pero que tiene que ver mucho con el espacio que le rodea y con la música. Si te paras a adentrarte en ZZZ durante un rato, puedes escuchar y disfrutar una música ambiental que construye los cimientos de donde quería dirigirme. A pesar de hablar del sueño, es una muestra muy musical, y por ello acompañamos también la presentación con una fiesta”, destaca el artista.

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- Foto: Cedida por el artista
La idea original de esta exposición le viene marcada a través de una conversación abierta con Pluto, y la obtención de su residencia. En un momento en el que Çavuşoğlu está experimentando con los materiales que le rodean, encuentra en la huerta el lugar en el que poder jugar. “Los materiales para mí son casi una obsesión, en ZZZ trabajo con plástico, goma, acero inoxidable y plástico y buceo en el mundo industrial. Hay peonzas en las que han trabajado muchos compañeros, y toda la muestra se compone precisamente de las ideas que surgen de la colaboración”.
Como si se tratara de una colmena en la que el artista lidera el camino del sueño -real y metafórico- todo el interior de Pluto parece un panal lleno de miel. Los colores que le rodean son el amarillo, grisáceo y los tonos madera. Lo hace para mostrar sus propias “paletas de colores y materiales” mientras busca generar un contenedor que enlace con lo lúdico. “La muestra parte del juego porque quiero que todo se sienta fresco. Esto enlaza con el espacio que se siente muy vivo y que es algo que está muy alejado de lo institucional. El trasfondo conceptual parte del sueño y de las ideas que pienso antes de dormir, y lo que quiero es que en la muestra se traduzca como un lenguaje”.
Un idioma que se lee como un verso en el que el insomnio también tiene cabida: “Como en el juego en el que morí, me doy cuenta de que vuelvo a empezar desde el punto en el que perdí de camino al sueño. Me alegro. Estoy en el semisótano. En un balcón frente a la puerta trasera de una cocina revestida de azulejos feos. Luz blanca y azulejos amarillos. Un pie detrás del otro, me apoyo contra la pared. El pie que está en el suelo sostiene mi peso. El otro me ayuda a mantener el equilibrio”, reza en el texto de sala en el que divaga sobre el sueño, el arte como espacio para imaginar y en el que bosteza a favor de la creación compuesta de infinitos materiales y formas.