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entrevista al decano del colegio de agrónomos

Baldomero Segura: "La agricultura tiene futuro"

Foto: EVA MÁÑEZ
16/04/2018 - 

VALÈNCIA. Jienense de nacimiento, valenciano de corazón, el decano del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Levante, Baldomero Segura (1952, Huesa, Jaén) ha sido reelegido presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Agrónomos para los próximos cuatro años. Hombre de consenso, calmado, catedrático de Economía Agraria en la Universidad Politécnica de València, considera que la agricultura vive un momento crucial y apuesta por la modernización de una actividad industrial de la que está convencido que tiene mucho porvenir.

—Felicidades por la elección. Supongo que es más fácil ganar cuando no se presenta nadie, aunque eso es buena señal; apunta a que hay cierta unanimidad.

—Realmente con las condiciones que establecen la Ley de Colegios, que exige que los candidatos sean decanos, y siendo doce, que no son muchos, eso permite que nos conozcamos todos bien. En el momento en el que estamos todos, bastante ocupados desarrollando el proceso de adaptación de los nuevos estatutos, era normal que hubiera continuidad.

—La unidad, insisto, parece buena porque permitirá conseguir objetivos mucho más amplios.

—Pretendemos eso: mantener una unidad de acción y coordinar nuestras actividades individuales para que podamos alcanzar lo que nos hemos propuesto, que es el desarrollo de la actividad profesional.

—¿Puede que haya más sensibilidad en los últimos años hacia los colegios profesionales? ¿Significa que el país se está profesionalizando?

—Creo que mayoritariamente se ve a los colegios como una garantía de la calidad de los servicios que se prestan, que la sociedad los interpreta más como eso, una garantía, que como algo corporativista; una garantía que además no la pueden ofrecer otras alternativas de organizaciones que existen. Los colegios estamos intentando que haya una adaptación a las condiciones cambiantes del mercado, y por lo tanto provocando que haya una formación continua, una nueva vía de difusión de los conocimientos, y con eso conseguimos que la calidad de los servicios sea más amplia.

—Todo pasa por preservar las esencias de su trabajo.

—Intentamos que haya un reconocimiento de la profesión y de la actividad. Y en esas cuestiones estamos.

—En su caso, la agricultura ha pasado malos años.

—Bueno, como se dice por ahí: nunca hay años buenos (ríe). Obviamente ha habido una crisis de precios en el sector citrícola pero este año parece que los resultados han sido buenos. Además, hay que recordar que la agricultura es dinámica, que puede haber por ejemplo unos cambios varietales. La agricultura tiene futuro. Al final tendremos que seguir alimentando a la población mundial (sonríe) y garantizando la seguridad alimentaria. Pero es que además podemos producir productos de calidad, más singulares, etc… Y eso tiene su futuro.

—Al margen de conceptos, ustedes se enfrentan ahora en el día a día a retos considerables como la Xylella Fastidiosa, que ya ha aparecido en Madrid.

—Ha aparecido algún brote, sí. Es una cuestión en la que estamos colaborando con las administraciones, tanto en la difusión de prácticas que ayuden a evitar la propagación de esta plaga, y también en poner a disposición de los agricultores, afectados y cualquier otro interesado, nuestro bagaje profesional para combatirla.

"nuestra comunidad está en una situación en la que las estructuras agrarias productivas son pequeñas y la incorporación de tecnologías más eficientes es difícil o casi imposible"

Ahí es fundamental su orientación profesional.

—Una vez está establecida una plaga, lo importante es luchar contra ella y en la medida de lo posible reducir sus efectos.

—Otro problema del día a día es la crisis que está sufriendo el cultivo del arroz por presiones económicas.

—La situación está así. La tecnología ha avanzado mucho desde que me explicaron a mí el cultivo del arroz hasta ahora. Lamentablemente, nuestra comunidad está en una situación en la que las estructuras productivas son pequeñas y la incorporación de tecnologías más eficientes es difícil o casi imposible por cuestiones económicas.

—Ante eso, ¿qué se puede hacer?

—Ahora hay una ley en las Cortes de Estructuras Agrarias que pretende paliar el problema de las deficiencias estructurales de las explotaciones.

—Pero no es sólo por el tamaño.

—Estamos en Europa, donde determinadas prácticas están prohibidas porque se tiene en cuenta la sostenibilidad. Eso en otros países no se observa y eso hace más difícil competir.

—¿Cómo se puede mantener la viabilidad del arroz? 

—Hay que desarrollar medidas alternativas, algunas vinculadas a la calidad del producto, a la diferenciación en el mercado, y otras enfocadas hacia las ayudas. Hay que tener en cuenta que los productores de arroz, como pasa por ejemplo en València, tienen un importante papel como agentes medioambientales. A toda la sociedad nos interesa mantener esa producción, y tiene que ser de alguna forma reconocida, valorada y, evidentemente, pagada.

—La gente tiene que ser consciente de que si perdemos el arroz perderemos la Albufera.

—Probablemente sí. Los ecosistemas están desarrollados y la eliminación de un componente del sistema tendría consecuencias desastrosas para el conjunto.

—La agricultura es Medio Ambiente.

—Hoy por hoy hay una tendencia a considerar el efecto de la agricultura en el Medio Ambiente. La mayoría de los estudios tienen en cuenta que la agricultura no es sólo una forma de producir bienes para la sociedad humana; también ha generado un paisaje determinado que también es valorado por la sociedad y su mantenimiento puede contribuir a la preservación del Medio Ambiente.

"los productores de arroz tienen un importante papel como agentes medioambientales. A toda la sociedad nos interesa mantener esa producción"

—Es ahí donde entra la política.

—La mayoría de las corrientes que tratan de justificar la existencia de una política agraria provienen de la convicción de que la agricultura no es sólo la actividad económica, sino el conjunto de bienes y servicios que proporciona. Creo que en términos generales los procesos productivos agrarios son respetuosos con el Medio Ambiente. El modelo muy agresivo de producción agraria se desarrolló a partir de la II Guerra Mundial, pensando sólo en la cantidad, pero en Europa desde los años noventa ha habido una conciencia de la necesidad de una agricultura más sostenible. Esa conciencia está presente en la agricultura de la Comunidad Valenciana. Sin llegar a los extremos de la agricultura ecológica que es una denominación de calidad determinada, se está incentivando una producción menos agresiva.

—Los avances tecnológicos ayudan a ello.

—La evolución tecnológica va en ese dirección. Y se están haciendo esfuerzos muy intensos en todos los niveles.

—Pero la vertiente económica siempre está ahí.

— La agricultura es una actividad económica y el agricultor, como es lógico, busca la máxima rentabilidad de sus plantaciones.

—De ahí la irrupción de los campos de caquis donde antes hubo naranjos.

—Los empresarios agrarios toman decisiones, pero siempre son personales, individuales. Lo mismo que hace 30 años se cambió de la mandarina Satsuma a la mandarina clementina, en un momento determinado se ha producido un cambio hacia los caquis.

—¿Dejará València de ser la tierra de las naranjas y pasaremos a ser la tierra de los caquis?

—No creo. La presencia de los caquis no es una moda pasajera, pero el mercado de la naranja es mucho más amplio y está consolidado.

—O sea, que dentro de 100 años seguiremos comiendo naranjas valencianas; ¿ o procederán todas de Sudáfrica?

—Probablemente no, probablemente pueda seguir comiendo naranjas valencianas; no existirá la misma estructura agraria, pero, salvo que el efecto del cambio climático sea más intenso y nos volvamos zona desértica, seguirán existiendo naranjas de València.

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