PUNTO DE PARTIDA / OPINIÓN

Capítulo 93: el macho cantamañanas

9/02/2023 - 

No resulta demasiado difícil, si se tiene suerte, de conseguir el acercamiento a un ejemplar de macho cantamañanas en cualquier metrópolis española en donde abunden los homínidos privilegiados. También conocido como pijo, el macho cantamañanas habrá sido amamantado a conciencia por su madre y guarecido de las inclemencias económicas por su padre, en una praxis atávica que lo convierte en un eterno cachorro consentido. En esta película de nuestra serie sobre la fauna ibérica les contaremos a ustedes la vida de este ejemplar que encabeza la tiranía sobre el conjunto de moradores del territorio peninsular. 

En su intrincado hábitat urbano, cerca de la masa de viviendas de lujo, el macho cantamañanas se pierde entre tiendas de ropaje de importación y restaurantes en donde abreva con una actitud de marcada pretenciosidad. En sus rituales de satisfacción, nuestro macho rehúye con suma pericia de las necesidades de supervivencia de sus semejantes, conocidos como homínidos asalariados, y se dedica por norma a la constante búsqueda de placer a través de los sentidos. Observamos ahora los mecanismos hedonistas que tienen una creciente importancia en el mantenimiento de la cohesión de la manada de cantamañanas. Parece ser que dichos homínidos depredan con voracidad los productos más preciados y que luego pacen la ingesta mientras sus apetitos permanecen constantemente al acecho.

A título puramente informativo y sobre un esquema de campo, vemos que los machos cantamañanas viven en grupos sociales bien estructurados que se defienden mutua y coordinadamente. Sus poblaciones son muy abundantes en la meseta de la posguerra y encuentran concretamente en Madrid su hábitat de preferencia frente a la rutina tediosa de lo que ellos mismos han denominado provincias. Estamos hablando de una especie de arraigados comportamientos sociales que indudablemente se dota de la capacidad de inmunidad política para comunicarse con sus iguales y protegerse al unísono de sus más temidos rivales.

El macho cantamañanas tiene varios parientes lejanos cuya procedencia nos remonta a exóticos continentes. Esto nos da una idea de que en épocas pretéritas los homínidos privilegiados alcanzaron todo el mundo con afán de perpetuarse en su posición de superioridad jerárquica. Hoy en día, agazapados bajo el sello de un pasaporte argentino, cientos de descendientes de la diáspora tras el tercer Reich conviven con total naturalidad entre el resto de pobladores de los ecosistemas ibéricos. Lo mismo hacen los machos negros cuya posición en la cúspide de la pirámide se origina en los mercados de compraventa de la mano de obra africana. En el primero de los casos, el de los homínidos de procedencia argentina, vemos que encontrarán su vocación en la práctica del embuste económico aprovechando la ingenuidad del resto de la manada. En el segundo de los casos, el de los descendientes de homínidos guineanos, su pertenencia al grupo se logrará mediante una voluntad de asimilación a los mamíferos blancos de naturaleza opresora.  

Gracias al estudio de su fisonomía hemos hallado que el genoma compartido entre todos los machos cantamañanas arroja a la actual especie un rostro de dureza pétrea que les permite sobrevivir a los ataques. Por eso, ningún ejemplar vacila a la hora de enfrentarse o de amedrentar incluso a uno de los más grandes enemigos de los homínidos privilegiados a lo largo de nuestra historia reciente: el Ministerio de Hacienda. Enormemente vigorosos en la defensa de su patrimonio, los machos cantamañanas no dudan en hacerse valer de sus alianzas para la supervivencia por encima del resto de bípedos que habitan en su misma jungla de hormigón. Entre los compinches habituales de nuestro macho cantamañanas podemos ver a los buitres togados, especie convenientemente adiestrada para garantizar el bienestar de los más pudientes del biotopo terrestre peninsular.

Prácticamente todas las hembras jóvenes cuyas características volumétricas las convierten en deseables para el apareo humano son objeto de deseo para el macho cantamañanas. En los espacios donde este no es molestado, donde no sufre la presión de otros similares, nuestro varón hambriento alcanza a desarrollar todo un rito alrededor del cortejo. Vemos ahora cómo se habilla para el arte de la seducción: esparce un ungüento pegajoso en su cabellera, se enfunda en caras vestimentas y se monta en un costoso vehículo a motor. En el arte de la seducción los hay que enfatizan el marcaje de sus genitales mediante la asfixia braguetera, mecanismo este que a posteriori les permitirá el frote contra las hembras.

Dotados con más o menos tino para el arte de la seducción, los machos cantamañanas suelen gustar de acercarse a féminas de no más de 25 años, a las que tratan de fascinar con su despliegue de oficios artísticos tales como el de escritor o el de director de cine. En sus alardes, el macho que hoy nos ocupa pugnará por su omnipresencia en la situación, llegando incluso a mentir sobre sus atributos o a ridiculizar a sus adversarios. Antes de apresar a su joven acompañante, el macho cantamañanas se asegurará de haber ocultado de manera eficaz la alianza matrimonial que lo mantiene ligado a otra hembra adulta de una edad más avanzada a la de su deseada presa de hoy.

Delante de nuestras cámaras, por primera vez en esta captura de imágenes, admiramos la firmeza de los ojos glaucos del macho cantamañanas. En ellos, nuestro objeto de estudio sostiene las maravillas de un mundo hecho a su medida, un mundo que le permite degustar todos los placeres en una disposición que resulta privativa para el resto de moradores de la faz de la tierra. Y así, luchando a brazo partido, hemos escrito un capítulo más de la historia de la vida y de la muerte en la meseta que culmina en la metrópolis madrileña. Una metrópolis que, con toda previsión, conservará su equilibrio ecológico a lo largo de las próximas generaciones.