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TENDENCIAS ESCÉNICAS

Carme Teatre repone una obra documental sobre Lenin estrenada en valenciano en 1932

El montaje forma parte de un ciclo que reivindica a los dramaturgos autóctonos olvidados

27/09/2017 - 

VALÈNCIA. El sello de la compañía Carme Teatre ha sido desde sus orígenes, en 1993, la contemporaneidad. Del mismo modo que la sala que la alberga, su santo y seña son la investigación y la creación acordes a su tiempo. Sin embargo, el año pasado arrancó un proyecto escénico con la vista puesta en el pasado. En el olvido. 

“Queda fuera de nuestra línea general, pero sentimos la necesidad de llevarlo a cabo porque se ha perdido de vista el recorrido del teatro en valenciano durante los siglos XX y XXI”, plantea el director de las piezas, Aurelio Delgado

Ha tenido que ser una iniciativa privada la que reivindique nuestra memoria dramática. No sin falta de dificultades: “Se halla fuera de nuestras posibilidades por el gran número de actores y de medios necesarios para dar continuidad al proyecto con regularidad”, reconoce el responsable de la compañía y de la sala sitas en el barrio de Tendetes.

A pesar de las dificultades inherentes al envite, la propuesta, que lleva por título “Amb el text per damunt”, ya va por su cuarta entrega. Este próximo 3 de octubre se estrena Lenin. Escenes de la Revolució Russa, escrita por Josep Bolea en 1932. Y a finales de diciembre, prevén reponer, para dar una visión general del proyecto, las lecturas dramatizadas de La borda, de Bernat Morales Sanmartín y ¡Pobres Flors!, de Arturo Casinos Moltó.

Insignes olvidos

 Josep Bolea, Miquel Martí Orberá, Arturo Casinos Moltó, Bernat Morales Sanmartín… ¿Alguien, más allá de estudiosos y académicos, recuerda a estos dramaturgos? Carme Teatre ha salido al rescate de textos en valenciano de autores autóctonos desde principios del siglo XX hasta la actualidad. Pero, ¿por qué se han visto sus nombres abocados a la amnesia?

“Su valor literario y dramatúrgico es evidente. Así que si se hubieran repuesto de tanto en tanto hubieran formado parte del repertorio teatral valenciano. Caso de haber estado más presentes, la dramaturgia local actual se hubiera beneficiado de su recorrido, pero esa enseñanza se ha perdido, porque en València no hay una normalización del teatro. No son casos particulares, porque hay autores vivos, publicados, de los que también es difícil montar obras que escribieron en el pasado. La única excepción es la de El verí del teatre, de Rodolf Sirera”, aprecia Delgado.

Su objetivo es compilar textos de géneros variados para arrojar un vistazo global a la literatura teatral escrita en la lengua vernácula. El primer ciclo estuvo dedicado a la dramaturgia valenciana de las tres primeras décadas del pasado siglo. La segunda fase está dedicada a la II República y a la Guerra Civil y arranca la semana próxima con la obra de teatro documental sobre la figura de Lenin.

Las dudas de Lenin

El Teatro Alkázar de València fue un tumulto en 1932 coincidiendo con el estreno de Lenin. Escenes de la Revolució Russa. La pieza dedicada al dirigente de la Unión Soviética removió las pasiones de partidarios de política de izquierdas y derechas, y el furor de aquella puesta de largo le procuró al texto de Josep Bolea 14 días en cartel. Muchos para aquella época. 

“Más allá de los problemas entre los espectadores de una y otra ideología, este montaje supuso una ruptura a nivel dramático con lo que se venía haciendo hasta el momento. El teatro documental no es que estuviera a la orden del día en los escenarios... Puede que tenga algo de propaganda, pero no es un panfleto. Pesa más el valor documental que el propagandístico”, destaca Aurelio Delgado.

Ahora que se cumple el centenario de la Revolución Rusa, Carme Teatre repone esta biografía del líder bolchevique en la que se ensalza el momento histórico en el que se derrocó el régimen zarista y se instauró la URSS. La apuesta de Bolea consistió en humanizar la figura de Lenin a partir de supuestos que le sumen en dudas íntimas sobre la acción revolucionaria, con paradas en su vida familiar y sus relaciones personales. En suma, se dotó a la dramaturgia de una trama en lugar de realizar únicamente altos en cada epígrafe de la historia.

La obra ha sido señalada por los estudiosos como “uno de los mayores progresos en la renovación de la dramaturgia valenciana”. De hecho, se considera la primera muestra del llamado “teatre de guerra”.

 El audacia del escritor de Alzira entroncaba con su defensa de la renovación del teatro valenciano desde las páginas de Las Provincias, donde ejerció de crítico teatral. En su intento fue secundado por los círculos de la revista literaria y progresista La Taula de Lletres Valencianes, impulsada por Carles Salvador, Adolf Pizcueta, Enric Navarro, Miquel Duran y Francesc Caballero Muñoz

“El teatro valenciano estaba anclado durante demasiado tiempo en el sainete, heredero de Escalante y Bernat i Baldoví, pero sin la fuerza de aquellos autores y dispuesto, únicamente, para satisfacer el gusto de un público que era capaz de aplaudir el chiste fácil y la vulgaridad”, detallan desde Carme Teatre. 

Lamentablemente, a pesar de su valor pionero en la innovación teatral en la dramaturgia de nuestra región, Lenin. Escenes de la Revolució Russa no consta de una edición en valenciano. De hecho, para la reposición se ha echado mano de la edición castellana publicada por Edicions Boreal, de Barcelona, en 1936. Y gracias.

La lectura dramatizada que se llevará a cabo este mes de octubre se apoyará en documentos gráficos del periodo, fotografías y vídeos que se integrarán en la puesta en escena a partir de video proyecciones. Un total de 10 actores interpretarán a todos los personajes integrados en la función: Vicent Pastor, Laura Romero, Domingo Chinchilla, Pep Laza, Roberto Roig, Juanjo Navarro, Raquel Piera, Isabel Martí, Resu Belmonte, y Pepa Gómez

Nora a la valenciana

Los otros tres títulos estrenados en el marco de esta iniciativa también inciden en ese intento de desencasillar al teatro valenciano del costumbrismo y el regionalismo en el que estaba sumido, en pos de las corrientes europeas al alza.

L’ombra del ciprer, publicada por Rafael Martí Orbera en 1910 “quiso reactivar el teatro por un camino inédito en el momento, el del drama, alejándose del sainete. Es una pieza donde se cuestiona la capacidad de perdón y la bondad humana, cargada de un naturalismo que le supuso el rechazo por parte de los críticos de su época, al considerarla no apta para paladares delicados”.

 En el caso de La borda, la innovación se acentúa. Como subrayan Remei Miralles y Josep Lluís Sirera en Teatre dramàtic de començaments del segle XX (Alfons el Magnànim, València, 1993)  “el autor ha creado [...] un texto literario que trasciende el hecho en sí de la farsa desde el momento en que la contextualiza mediante un conjunto de símbolos, esperpénticos y expresionistas y nos la convierte en una situación de abuso de poder falto de caridad”. 

Hay ruptura hasta en la comedia que Aurelio Delgado ha recuperado, ¡Pobres flors!, de 1926. El texto de Arturo Casinos, aunque se alinea con las características del sainete y abunda en tópicos, dinamita esquemas con una visión inusual de la mujer. Su protagonista, una mujer casada, se marcha de casa en busca de un antiguo novio. En esta envalentonada heroína, Aurelio Delgado encuentra a una precursora de Nora en Casa de muñecas, de Ibsen.

En su trabajo de prospección en la historia de nuestra dramaturgia, al director de Carme Teatre le ha llamado la atención “el uso poco acomplejado de la lengua, muy viva, muy fresca y muy de acuerdo con la narración y con los personajes, en función de si el relato se desarrollaba en el campo o en la ciudad”, así como “la búsqueda de nuevos lenguajes y la aspiración decidida a seguir las corrientes internacionales y estar dentro de las tendencias que se estaban desarrollando en nuestros países”.

La cita con nuestro pasado dramático es del 3 al 5 y del 10 al 15 de octubre, ya sea por curiosidad antropológica, ya por respaldar esta encomiable e insensata iniciativa para que alcance a honrar a los autores valencianos de los años cuarenta hasta nuestros días.

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