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Carmencita tiene un color especial

En pleno barrio de Ruzafa se encuentra Carmencita Film Lab, un laboratorio de revelado analógico que celebra su buen trabajo desde hace más de una década

17/08/2022 - 

VALÈNCIA. Año 2012, l'Alcúdia. Tres amigos se juntan de forma casual a través de un grupo de Facebook en el que se realizaban preguntas sobre cuestiones relacionadas con la fotografía analógica. Albert Roig, fundador, se conecta un día desde Estados Unidos para resolver la duda de un usuario sobre un escáner chino, su sorpresa es que la duda venía de España, y tirando del hilo llegó al que sería su futuro equipo,  con el que poco más tarde crearía un laboratorio “fundado por fotógrafos para fotógrafos”.  El sueño era que el local estuviera originalmente en El Carmen, de ahí Carmencita, que además suena muy valenciano. Todo empezó con una proyección encarada a Europa, donde suecos y alemanes buscaban copiar el modelo de Estados Unidos: “Nuestra idea inicial era empezar a tirar con encargos para bodas, y en todo caso funcionar con clientes de fuera de España, que tenían un mayor interés por lo analógico”, explica Albert.

Hace 10 años resultaba inimaginable la proyección que tendría la analógica a día de hoy, ya que en ese momento todo el mundo iba con la Canon 500D al cuello. Por suerte los pocos que disparaban en analógico lo hacían buscando altos estándares de calidad: “Nosotros creamos, con mucha ingenuidad, el taller que nosotros queríamos tener nosotros como fotógrafos. Queríamos ante todo instruir sobre el tema y formar a nuestros clientes, paso a paso y hacia la excelencia”. Entre esos clientes se encuentran a día de hoy grandes firmas como Inditex, o productores de videoclips como Tocarte de C.Tangana y Jorge Drexler o los del último tema de Amaia y Rigoberta Bandini, Así bailaba, que se capturó en analógico. Para Albert, estos nombres se codean con los de "los fotógrafos del día a día", que también confían en Carmencita para el proceso de revelado. Esta confianza es fruto de un trabajo bien hecho durante más de 10 años, en el que cada cliente y cada fotógrafo tiene su “color especial”, que se descubre en el laboratorio.

No siempre una imagen vale más que mil palabras

A día de hoy, por las enormes máquinas de revelado de Carmencita han pasado cientos de miles de carretes. Cifras desorbitadas. Pero ante todo, han pasado fotógrafos que buscan también buenos consejos: “Desde el minuto 1 lo que más se valora es el feed-back. Decimos lo que vemos en cada carrete: lo que sale bien y lo que sale mal. También explicamos los parámetros que tienen que tenerse en cuenta”. La fórmula del éxito, además de contar con un buen equipo (tanto técnico como humano) reside en la enseñanza, en el know-how y en saber domar a la cámara. Para ello hay muchos referentes, Albert explica que muchos clientes vienen directamente buscando parecerse a “x fotógrafo” y lo que realmente buscan hacer en Carmencita es "enseñarles a encontrar su camino".

Esta fórmula ha logrado que fotógrafos de todo el mundo envíen sus carretes desde cualquier parte del globo a València, a Ruzafa. Esto sucede en gran parte gracias a la comunicación constante y a la confianza depositada en el laboratorio, en generar comunidad y acercarse a los fotógrafos con las palabras: “La comunidad empezó siendo muy pequeña, pero poco a poco fuimos motivando a la gente y enseñándoles sus posibilidades de disparar una fotografía perfecta, y todo se engrandeció”, comenta con orgullo Albert. Ampliando la comunidad llegaron los nuevos clientes, y se quedaron. Lo importante, en realidad, es que los clientes se queden: “Tenemos que darle a la fotografía analógica el valor que se merece. Nosotros tenemos que dar confianza y asegurar que los carretes están bien con nosotros. Esperamos que la gente que llega de cero al analógico se enamore y se quede disparando, aprendiendo a sacar el máximo partido a sus imágenes"”. Además el fundador asegura que el futuro está en poner en foco en la nuevas miradas que se acercan a esto.

Dispara la generación Z

En este futuro está, inevitablemente, la generación Z. Ese grupo de veinteañeros que se ha acercado al analógico porque con el móvil ya lo capturan todo, todo el rato. Ese grupo que hace un plan “digno de llevarse a la analógica” y al que hay que insistirle en que se lleve los carretes y no los abandone en el laboratorio: “Son el futuro de la analógica. Por supuesto que nos encanta ver a clientes habituales y mayores, o gente más experta, pero en los jóvenes es donde está el futuro de la fotografía ahora”. ¿Y por qué tiran en analógico? Por nostalgia seguro que no es, pero Albert considera que este formato toca algo en ellos que, aunque aun no sepan qué es, “les conmueve”.

Esta generación es la misma que busca inspiración en las redes, y muchas veces en sus iguales. Además del feedback, uno de los conceptos que más se trabaja en Carmencita es el de la comunidad, en la que conectan diversos perfiles a través de sus redes sociales: “Nuestra forma de comunicar es muy clave, no solo compartimos lo que sabemos a nivel fotográfico, también generamos grupo”. Todos los años Carmencita comparte el best of, una serie de fotografías que pasan por los escáneres y que llaman la atención a los trabajadores: “Muchas fotografías nos cautivan, los que están en edición ven trabajos de gente muy diferente que podrían inspirarse entre ellos”, comenta, “seguro que se inspirarían por el trabajo de otros pero seria una pena que no se llegaran a conocer”. Para juntar a esas personas nace la recopilación en redes, porque ante todo “la locura por el analógico implica siempre compartir algo”.

Fotografías realizadas por Michèle Giebing y escaneadas por Carmencita

Fórmula del laboratorio secreto

-¿Qué es para vosotros un buen trabajo?

-Que todo esté a punto: el laboratorio tiene que escanear y revelar bien. El estándar es que todo quede perfecto; si no, es que algo se ha hecho mal.

-¿Dónde se sitúa Carmencita en esto?

-El trabajo del laboratorio implica que nosotros seamos casi invisibles en todo esto. Si el fotógrafo ha hecho todo bien nadie se va a dar cuenta de nuestra mano. El fotógrafo lo último que tiene que hacer es preocuparse de dónde deja el carrete.

-¿Qué es lo más loco que os ha pasado?

-Las últimas fallas, las de septiembre, una productora hacia una editorial en Canarias. Necesitaban las fotos con mucha urgencia y enviaron un tío en un vuelo de Canarias a València el mismo día del shooting. Por la noche me encontré con él en Ruzafa y me dio los carretes, vine a dejarlos aquí y al día siguiente mi equipo lo preparó y lo envió todo.

Fin del carrete, a todo color.

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