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EL CUDOLET / OPINIÓN

Cien años después en la Bajada de San Francisco: El origen

ARCHIVO RAFAEL SOLAZ
5/01/2019 - 

A la ciudad le pasa como al cuerpo humano que necesita de sus órganos vitales para su buen funcionamiento, el fútbol y las fiestas. El reflejo de una sociedad. El opio del pueblo. Tan solo un monolito en el pavimento nos recuerda un trozo de nuestro pasado. El gigantismo hizo volar la calle más popular y pintoresca  del Cap i Casal. Las fotografías y los libros nos ayudan a recrear aquel paisaje en muestra memoria colectiva. La Bajada de San Francisco a pocos metros de la Plaza del Mercado, la Lonja y la Iglesia de los  Santos Juanes. La peregrinación por esta vía nos permite recordar un pequeño universo de lo que era la ciudad de València hace un siglo: un conjunto de pequeños bloques de viviendas y comercios de tradición familiar con aroma propio.

La Bajada de San Francisco destacó por la suma organización de actividades populares, artísticas y tradicionales. La vía franciscana era pura fiesta que en algún momento de su  historia acabó en tragedia. Recuerdo haber leído la crónica en la revista Valencia Atracción del trágico desenlace en el año 1900 cuando dos leones escaparon del circo a causa de un incendio provocando el pánico entre los viandantes. La feria y el circo se instalaban a pocos metros de esta calle, en la Plaza de San Francisco. Como no podía de ser de otra manera aquel punto neurálgico en la ciudad contaba con su propia comisión fallera. En la Bajada de San Francisco se ubicaba la Fonda de San Antonio, un lugar para la peregrinación de viajeros que visitaban la ciudad por trabajo u ocio. De los diarios de la época a finales del siglo XIX, Vidal Corella teorizaba sobre una escena curiosa en referencia a la residencia de paso: “en ella se reunían los toreros y gente de trueno, quienes durante la epidemia de cólera que recibió el Cap i Casal en 1885 se pasaron horas y horas cantando y bailando en medio de la vía disparando gran multitud de carretillas y cohetes para alejar supuestamente a los microbios de cólera. La Bajada era una especie de río que desembocaba en su mar, la Plaza de San Francisco. En 1906 se produjo la remodelación de la plaza y el levantamiento de la Casa Consistorial de la ciudad. La corporación municipal designó el trabajo de la construcción a los arquitectos Francisco Mora y Carlos Carbonell. 

El 19 de diciembre de 1906 el diario blasquista El Pueblo, de tendencia republicana, anunciaba a través de una reseña publicitaria la inauguración en la Bajada de San Francisco del New Bar Torino, propiedad del señor Enrique Novejarque, (industrial de licores, aguardientes y bebidas gaseosas que iba adoptando la estrategia de abrir locales para dar salida a sus productos). Vidal Corella en otro emotivo artículo para el diario decano de la región, escribía que no solo constituía el principal nervio del comercio valenciano sino “la más destacada personalidad popular de la ciudad”. Las actividades comerciales se distribuían en todos los gremios. En el número 8 se encontraba el coquetón Bar Torino. El 18 de marzo de 1919, víspera de la festividad de San José, nació de las cenizas el Valencia Football Club. En una especie de piso bajo de mármol negro, con una ventana o balcón que daba a la fachada principal, situado en la desaparecida Bajada de San Francisco se ubicaba el  Bar Torino. El local era célebre por la horchata liquida, ya que su propietario era un especialista en la elaboración de la “leche vegana” que han bautizado en el Reino Unido. Primero se reunieron el 1 de marzo y redactaron el reglamento del club que aprobaron el 18 de marzo, y posteriormente lo presentaron en el Registro de Sociedades. Por aquel lugar se oían sentir los gritos desaforados de la gente que se amontonaba en el reputado local. Hip, Hip, Hurra. ¿Qué quería decir aquello?, se preguntaba la gente que pasaba por allí.“Es una sociedad de locos que juegan con calzones y van detrás una pelota gorda”.

La Bajada de San Francisco no era solamente el Bar Torino. En 1925 visitaba la ciudad un escritor muy joven, Ernest Hemingway, que acabaría alojándose en alguna fonda u hostal de la Bajada de San Francisco, como nos recordaba el escritor Rafael Ventura Meliá en un suplemento cultural de El Mercantil Valenciano. Y empezó a escribir la novela Fiesta, posiblemente seducido por el Café España o por el ambiente festivo que reinaba en la ciudad. El escritor de Mónovar, Azorín, recogía en su libro Valencia(la ciudad eterna de la fiesta) que no había “ningún cafetín tan suntuoso ni en Valencia ni en Paris”. El Café España se instaló en la Bajada de San Francisco en el año 1885 y su propietario realizó una obra fastuosa. El local era muy grande, estilo árabe, techos altos, arcos y columnas en su interior, zócalos y tallas de gran calidad y una sala decorada con pinturas de Pinazo, Sala, Cortina, Agrassot y otros. Además, contaba con un piano de cola y el pianista interpretaba temas que emocionaban a los Sorolla, Blasco Ibáñez, Bellver, etc.

Pero la incipiente modernidad venerada por la burguesía valenciana acabaría  estrangulando la vida de los vecinos, comercios y falleros de la Bajada de San Francisco. El hambre voraz del consistorio y la piqueta reorganizaban la “gran place“ cuando el Marqués de Sotelo llevó a término la gran reforma en 1928-1929, retirando todas las condecoraciones a San Francisco de guías, planos y mapas urbanos y que ha dado pie a la composición de la actual Plaza del Ayuntamiento. Vidal Corella escribiría en 1930 sobre el derribo: “La Bajada de San Francisco ha sido una de las víctimas de la moderna urbanización y en un formidable montón de escombros han quedado todos los edificios para dar una nueva calle igual a la de las modernas capitales. La piqueta esa eterna enemiga de antaño poco a poco va arrancando de las poblaciones aquello que labraron nuestros y con ello mueren las notas típicas de las viejas ciudades a las que se les imprime el sello cosmopolita de nos las diferencia de los demás”. 

Aquel purgatorio daba la bienvenida a miles de almas franciscanas que fueron tejiendo a lo largo de la historia una amplia red de, leyendas urbanas, historias venerables y personajes pintorescos. Pese a que el Torino se encontraba entre los escombros de las ruinas, el fervor valencianista se fue extendiendo por cada rincón de la ciudad, pueblos y comarcas de nuestro territorio. Hemos iniciado el 2019 cien años después sin el Bar Torino pero con el ánimo y la voluntad de que sea un gran año de celebraciones y festines en homenaje a la entidad deportiva y social más laureada de nuestro territorio, El Valencia Club de Fútbol. Hip Hip Hurra ¡Feliz centenario!

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