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Científicos dibujan el mapa de la contaminación por sustancias perfluoradas en España

26/10/2017 - 

MADRID (EP). Científicos del Centro Nacional de Sanidad Ambiental (CNSA), dependiente del Instituto de Salud Carlos III, han elaborado el primer mapa de exposición a sustancias alquilperfluoradas, compuestos químicos empleados en multitud de utensilios y textiles por su estabilidad y resistencia química pero que pueden convertirse en un grave problema para la salud.

Sus características químicas los convierten en los componentes ideales para la producción de productos repelentes al agua y al aceite, o resistentes a las manchas, como los utensilios de cocina antiadherentes, la ropa o incluso las bolsas de palomitas.

"Los alimentos, el agua y el polvo doméstico son las principales fuentes de exposición. Aunque en menor medida, también hay que considerar la exposición debida al contacto con productos de consumo que las contienen como las prendas de vestir y otros textiles", ha explicado a la agencia 'Sinc' Argelia Castaño, directora del CNSA cuyo estudio publica la revista 'Science of the Total Environment'.

Aunque aún no se tienen evidencias de los efectos en la salud de las personas para todos estos compuestos, dos de ellos -el sulfonato de perfluorooctano (PFOS) y el ácido perfluorooctanoico (PFOA)- son sospechosos de representar un riesgo para la salud humana e incluso tienen riesgo de ser cancerígenos, a partir de un cierto nivel de concentración.

De hecho, en 2009 fueron incluidos en el anexo B de la lista de químicos restrictivos del Convenio de Estocolmo, un tratado internacional que regula el tratamiento de sustancias tóxicas.

Según la Comisión Alemana de Biovigilancia Humana, las concentraciones de PFOS que representan un riesgo para la salud y que por tanto requieren intervención (HBM-II) no se han fijado, "aunque con valores que están por encima de 5 microgramos por litro no se puede excluir con suficiente certeza la posibilidad de que aparezcan efectos adversos sobre la salud", precisa Castaño. Y en el caso del PFOA, el límite se establece en 2 microgramos por litro.

Para conocer el alcance en la población española, Castaño y su equipo utilizaron datos de un proyecto lanzado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente en 2008 para entender la distribución de los contaminantes ambientales como metales, pesticidas, retardadores de llama, sustancias alquilperfluoradas y bifenilos policlorados en la población española adulta trabajadora, y establecer valores de referencia.

Niveles similares a la UE

Tras analizar las concentraciones y la distribución geográfica de seis PFAS -PFOS, PFOA, sulfonato de perfluorohexano (PFHxS), ácido perfluorononanoico (PFNA), ácido perfluorodecanoico (PFDA), N-metil perfluorooctano sulfonamida (N-MeFOSA)- en el suero de 755 adultos de 18 a 65 años de edad, han confirmado que la población española está expuesta a estas sustancias en niveles semejantes a otras poblaciones europeas.

"Se detectaron PFOS, PFOA y PFNA en casi todas las 775 muestras y PFHxS y PFDA en más del 85% de ellas", ha confirmado Mónica Bartolomé, primera autora del trabajo y científica en el CNSA.

No obstante, vieron que los residentes del noreste (Cataluña) y noroeste de España (Galicia) tuvieron los valores séricos más altos de PFAS, mientras que los residentes de las Islas Canarias mostraron los valores más bajos para casi todos los PFAS.

En el caso concreto de los PFOS, los niveles detectados en toda la población española superan los límites HBM-I establecidos por la Comisión Alemana de Biovigilancia Humana, lo que indica la importancia de seguir vigilando los niveles de exposición en la población, dicen los investigadores.

Por otra parte, la edad es un factor importante a considerar en la exposición, al ser las PFAS persistentes y bioacumulables. Y según el estudio, a más edad, mayores niveles, mientras que por género vieron que los hombres presentan niveles más altos que las mujeres.

"Es necesario continuar con estudios de vigilancia humana, incluyendo otros sectores de población y ampliando el diseño de cuestionarios, para identificar fuentes de exposición adicionales; y sobre esta base, perfeccionar las actuaciones en la gestión de riesgo", según Castaño.

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