Cine

CONVERSACIONES CULTURPLAZA

'Corredora' explora las sombras de la superación en el deporte: "Nos hace competir de una manera muy cruel"

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

VALÈNCIA. Una story con un mapita y un par de datos salidos de Strava. Números que despiertan orgullo, tal vez un PR (personal record). En realidad, esto, que cada vez de manera evidente se identifica como una dinámica tóxica del ámbito digital, es la punta del icerberg de algo mayor: la creciente vinculación del deporte con el rendimiento y la competición.

Corredora, la ópera prima de Laura García Alonso no necesita de redes sociales para entrar en ese mundo. En el film, Cris, una atleta de élite, sufre un brote psicótico a las puertas de los campeonatos nacionales. La convivencia con la enfermedad y su tratamiento, además de los límites de su recuperación, supondrá una crisis de identidad.

— Teniendo claro el contexto cultural actual, en el cual la relación con el deporte está muy ligada a la competición y al rendimiento, ¿cuál fue la primera intuición a partir de la cual empezar a reflexionar sobre ello en una película?
— Me has hecho conectar con una idea muy originaria y muy primigenia que no he ido contestando tanto en las entrevistas, porque es verdad que el tema de la enfermedad mental tiene mucho peso y el tema del deporte de élite también, pero la competición siempre fue uno de los detonantes de hacer esta peli, incluso antes de encontrar toda la historia del deporte de élite.

Esta hiperexigencia tan de nuestra época y esta autoexigencia llevada al extremo nos hace competir entre nosotros de una manera muy cruel. Nos hace siempre querer ser más y mejores, destacar. Todo esto de “crea tu marca”, “ten tu Instagram al día con todos tus logros”, “cuál es tu factor diferencial”… Es una carga tremenda a nivel mental y de actitud vital.

El cine también es un terreno hipercompetitivo, donde parece que solo las películas que ganan premios son las que luego llaman la atención. ¿Y por qué gana un premio una película? Mira, por lo menos en el deporte eso es parte del juego y, además, es absolutamente matemático: si Usain Bolt llega el primero, llega el primero y punto. Pero hemos trasladado ese espíritu a otros aspectos de nuestra vida que no son tan matemáticos. Y entonces estamos muchas veces muy cansados, muy frustrados.

— En redes sociales es el espacio donde es más evidente este contexto que describes —de hecho, se diagnostica como un catalizador de estas dinámicas. Sin embargo, en tu película no están apenas presente. 
— Sí, pensé incluir las redes sociales en la peli en un momento del desarrollo. Pensé que la deportista tenía que ser influencer, porque muchos deportistas lo son: es una segunda fuente de ingresos y una manera de darse a conocer, y conecta con todo esto que hemos hablado.

Pero las redes sociales ya tienen tanto peso que sentía que estaba repitiendo el mensaje. Era recargarlo dos veces. De repente me parecía más interesante que fuera una chica que no tenía por qué estar al día de las redes sociales y hablar de la competición y de la autoexigencia desde otro lugar, menos Instagram. Además, las redes están muy relacionadas con la estética, con lo visual, con lo directo, y la peli iba por otro lado.

— Hablar de un brote psicótico, pero también de la relación con la medicación, es material inflamable. ¿Qué precauciones que creías que debías tomar al abordar estos temas, y en qué creías, por otro lado, que el cine podía ir un poco más libre y atreverse un poco más?
— La contención, el no caer en el morbo, en la espectacularidad o en el estereotipo, siempre estuvo dentro de nuestro dogma. Luego es cierto que en la peli hay toda esa crisis del inicio, que tiene mucha tensión y sí, en cierta manera es espectacular, pero no en el sentido de espectáculo, sino de que estar enganchado a lo que está pasando.

Pero luego había toda una segunda parte en la que siempre me decían: “Aquí la película hace un poco de valle”. Y yo pensaba: “Claro, es que hace valle porque el personaje pasa por un valle tremendo físico”, y me parecía igual de interesante que todo lo súper trepidante que habíamos visto al inicio.

Tú eres una deportista, dependes de tu cuerpo, de tu energía y de tu estado físico y mental, y de repente estás totalmente anulada y tirada en el sofá porque no te puedes mover. Porque no sabes si eso que estás tomando es una cura o una enfermedad. Y es justamente la medicación que tienes que tomar.

En toda esa parte también sentía que no había visto mucho en el cine reciente el hablar de que el tratamiento hay gente a la que no le funciona igual y todo se tiene que ir compensando.

  • -

— Hay una escena de conversación con el padre en la que a mí me parece que se genera toda esta complejidad de la que hablas. El primer pensamiento sería creer que competir es lo malo y tratarse es lo bueno, y tal vez la clave esté en comprender que hay un equilibrio imposible entre una cosa y la otra. Esto enriquece la película y le da autonomía a la persona que la está viendo.
— Sí, totalmente. Para mí era muy importante que siempre se entendiesen los puntos de vista de unos y otros. Una discusión no es buena si no entiendes las posturas de la discusión. Entonces, en este caso, entiendo al padre y le entiendo a ella. Y justamente en los grises, que es lo que tú dices, es donde reside la riqueza de la escena o de la peli.

El padre está buscando culpables claramente. Necesita encontrar el origen de esa hiperactividad y de esa hiperexigencia. Y entonces hay un momento en la peli, que además es uno de mis preferidos, en el que la protagonista, Cris, le dice: “Hombre, esto me podría haber pasado en otras circunstancias. ¿Por qué culpar al atletismo? ¿Y por qué la solución tiene que ser la pastilla?”.

Luego hay otra escena que también es de mis favoritas, ya al final, cuando están los tres hablando y se produce esa gran revelación en la que por fin entendemos que la chica se entiende mejor de lo que creen. Ella verbaliza: “Sé lo que estoy haciendo, dame una oportunidad. Sé por dónde estoy pasando, quiero probarlo, quiero intentarlo, quiero controlar esto que me pasa sin ayuda”.

Y eso creo que es algo muy universal y muy fácil de empatizar: esa sensación de pensar que, si es una enfermedad que parece que va y viene, que no siempre detectas, y el tratamiento te anula más a veces que la propia enfermedad, quieres ser capaz de aprender a leerla y aprender a dominarla.

Y entonces el padre vuelve con esa postura de: “Bueno, hija, a lo mejor lo que tienes que empezar a aprender es que una enfermedad no es culpa tuya, no tienes por qué controlarla, no es tu responsabilidad, no está en tu mano”.

Y de nuevo vuelves a entenderlo todo. Creo que ambas posturas son necesarias en la identidad de uno: saber que necesitas ayuda y un tratamiento porque, si no, la enfermedad puede acabar contigo, pero también tener esperanza de mejoría, de control y de autonomía.

— En esta línea simbólica y dicotómica, ¿qué papel queríais que tuviera la hermana?
— La hermana siempre fue bastante incógnita, porque el rol de la hermana ya es misterioso. No eres ni madre ni amiga. Si además eres la hermana mayor, puedes tener algo maternal, pero no del todo. Para mí, las hermanas siempre han sido personajes que están también en unos grises muy interesantes. Y ella representa claramente el amor incondicional en ese final.

Además, es esa persona que, precisamente por su posición de hermana, es capaz de dejar espacio, de respetar la autonomía, de intentar leer a la otra desde la distancia, sin intervenir ni infantilizar. Viéndola por lo que es: una chica adulta y capaz de cuidarse sola.

— Hay un recurso en la película bastante singular, que es cómo utilizas la música. Por una parte, la utilizas casi como aviso de que algo está sucediendo y, por otra, estamos acostumbrados a que la música electrónica aparezca en contextos de fiesta, pero ella está corriendo y parece que esté de fiesta.
— También fue algo que me planteé desde el guion: ¿Esta chica sale de fiesta? ¿Cómo va a salir de fiesta? Y su fiesta es esta. El techno entró bastante pronto. Me parecía una música capaz de tapar otro ruido (un ruido capaz de tapar otro ruido), Y eso me parecía muy chulo y muy raro. Me gustaba mucho la idea de empezar con una chica que, de repente, para dormir se pone tralla. Ya había un misterio ahí.

Y el techno también tiene algo muy rítmico. Marcaba mucho el paso y me permitía jugar con la respiración. De hecho, con la compositora jugamos con ritmos que tuviesen que ver con las palpitaciones. Hay un corazón, en cierto momento, que recuerda a un techno, que recuerda a un paso, que recuerda a una respiración.  Y luego convivía muy bien con la banda sonora que compuso Ylia, que es más aireada, más experimental y atmosférica. Era como combinar el ritmo matemático con el aire.

Siempre visualicé que esta peli iba a tener mucha música porque quería que, como espectadores, sintiésemos un poco el desasosiego por el que pasa ella. Esa sensación de tener un ruido que necesita de otro ruido mayor para existir.

Nunca quisimos que el espectador entendiese la locura a nivel intelectual. Y el uso de la música servía precisamente para evocar inquietud y malestar, para que pudieses estar un poco en su cabeza sin estar realmente dentro.

  • -

— Quería preguntarte por el concepto de control, que es una palabra que va surgiendo constantemente a lo largo del film: “tienes que controlar”, “yo me controlo”, “no me controles”… Está orbitando de muchas maneras y también tiene que ver con la libertad —o más bien con la autonomía— que ella intenta tomar.
— Cuando estábamos desarrollando y hablando con Alba en todas nuestras sesiones, lo teníamos clarísimo: el tema de la peli es el control. Y no es gratuito que sea una deportista hiperdisciplinada, hiperacostumbrada al rigor y al control. De repente, en este contexto tan organizado, tan compartimentado, tan estructurado y tan marcado, sucede algo completamente fuera de cualquier lógica y control, algo totalmente inesperado.

Y además, para más inri, esta enfermedad tampoco tiene un diagnóstico claro, ni una progresión clara, ni una operación que le permita volver a estar bien en quince días. Todo es tan incierto que, en ese contexto, el tema del control tenía muchísimo más peso.

Lo que ella quiere es volver a controlar su vida, controlar su enfermedad. Y entonces, en esa búsqueda de identidad, porque al final eso es la peli, se da cuenta de que ya controlaba eso que le pasaba, en cierta manera, con el correr y con la música. Ya había encontrado esos mecanismos de regulación. Por eso tiene también algo que ver con otro tipo de enfermedades mentales, como la adicción.

— Una última pregunta más allá de la película. Pasan los años y se sigue hablando de la “escena de directoras españolas que están renovando el cine español”. ¿Sientes que se pone la atención en vosotras de una manera un poco homogeneizante? Casi se ha romantizado esa escena de directoras que hacéis una primera película que destaca en algún festival y os pone un poco en la pomada, pero ¿cuánto te ha costado sacar esta ópera prima adelante?
— Hay muchísimo talento, pero muchísimo trabajo también. Lo que pasa es que ahora estamos en una época un poco más dulce que antes, quizá porque hay un cierto momentum —que es una palabra además muy relacionada con el deporte— en el que una ve que la otra lo hizo y nos contagiamos de que es posible. Y eso es bonito. De repente se juntan mujeres y hacen cine. Pero también es muy bonito comprobar que las películas no tienen nada que ver unas con otras. Sí, somos mujeres cineastas, pero es lo único que nos une. Compartir género es algo muy amplio.

Tuve la suerte de coincidir en Málaga con muchas compañeras también dirigiendo. Y cuesta muchísimo levantar una ópera prima, claro que sí. Fueron varios años, entre cuatro y cinco, entre una cosa y la otra.

Yo voy a ser muy honesta. La financiación, por suerte —toco madera para que siga siendo así—, no fue lo más complejo porque el proyecto despertó interés muy pronto. Tenía componentes que podían hacer pensar en una película atractiva: el deporte, la competición… Era una película que salía un poco del espacio doméstico y quizá podía atraer a otro tipo de público a las salas.

Luego cada persona que leía el guion se hacía su propia película en la cabeza. Unos la veían más comercial y otros menos, y eso también era un juego bonito. ¿Cuánta épica iba a tener la película? ¿Cuánto iba a ser una película deportiva? Seguro que defraudaba a alguien por el camino.

Luego, hay algo de hacer una primera película que tiene mucho que ver con el tema de la peli: la presión que tú misma te pones. Te ha costado tanto encontrar la idea, llegar hasta ahí, hacer renuncias, asumir que vas a estar años desarrollando y sin mucho dinero… Y de repente hay productoras o financiadoras que te están mirando como “la nueva voz”, “el nuevo talento por descubrir”. Y aparece esta presión de “vas a hacer la siguiente Cinco lobitos, la siguiente Estiu 1993”, películas que han ganado premios y han contentado a crítica y público, que es algo extraordinario.

Y eso te pone una presión añadida. Yo creo que quizá estuve demasiado tiempo desarrollando el guion. Y está bien hablar de eso también. No solo de cuánto cuesta a nivel industrial o de cuántas puertas tienes que llamar, que también, sino de esta autoexigencia de pensar: “¿Voy a hacer la siguiente ganadora a Dirección Novel?”.

Eso acojona muchísimo. Y claro, tiene relación con la peli. Estás ahí desarrollando en exceso y llega un momento en que tienes que decir: “Lánzate, escribe. Harás una buena película o harás una mala película. Y si haces una mala, ya harás otra buena después”. No todas las películas que hagas van a ser igual de buenas. Y con la siguiente película ya me estoy desacomplejando un poco de eso. Escribe el guion, vuélcalo, haz lo mejor que puedas. No te apresures, pero tampoco te pongas encima la carga de intentar hacer la película perfecta, porque no existe. Esa película perfecta que tienes en la cabeza no existe. Y además tampoco será la misma película perfecta que tienen en la cabeza tus productoras o cualquier otra persona.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo

La Filmoteca repasa el cine de Christian Petzold, tótem de la cinematografía alemana del siglo XXI
El público de DocsValencia premia 'Retrato de una cerilla'