'La bola negra': La arrolladora película de Los Javis que se convierte en un hito del cine español 

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VALÈNCIA. La película La bola negra, de Los Javis, recupera a Lorca y la memoria de la Guerra Civil desde la homosexualidad para reconstruir historias de hombres gays españoles silenciadas por los prejuicios y la pérdida de referencias compartidas. La propuesta enlaza reivindicación queer, imaginación y el deseo de tender puentes entre generaciones.

La historia se distribuye en tres tiempos: 1932, 1937 y 2017, filmados con códigos propios y conectados entre sí. Granada antes de la guerra, un hospital de campaña durante el conflicto y la búsqueda de un joven homosexual sobre su familia componen una narración que combina drama bélico, musical, misterio literario y romance gay.

La película ha dado proyección internacional a sus creadores tras obtener el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes, donde consiguieron el premio a la mejor dirección y acaban de ganar el premio del público en el Festival de Toronto, lo que los catapulta directamente a la carrera para los Oscar. 

El relato parte de las cuatro páginas que Federico García Lorca dejó escritas de una obra también titulada La bola negra, concebida como el inicio de su primera pieza con un personaje abiertamente homosexual, de forma que la película imagina que existe un manuscrito completo de aquella obra, oculto durante nueve décadas. Su posible hallazgo revela identidades reprimidas y secretos familiares que atraviesan el tiempo.

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La trama situada en 1937 sigue a un joven interpretado por Guitarricadelafuente, testigo de la destrucción de su pueblo por la aviación italiana. Tras enrolarse en el ejército sublevado, recibe la orden de custodiar a un prisionero republicano.

El cautivo es Rafael Rodríguez Rapún, al que interpreta Miguel Bernardeau y que había mantenido una relación con Lorca. Ambos hombres, pertenecientes a bandos enfrentados, establecen un vínculo en un hospital de guerra, mientras una obra inédita del poeta queda bajo su protección.

Mientras, en la Granada de 1932, Milo Quifes encarna a un joven sometido al veredicto de los socios de un casino. Las bolas blancas y negras determinan si merece entrar, pero los rumores sobre su deseo por otros hombres desencadenan su exclusión, su silencio y su condena social.

La línea de 2017 se centra en un descendiente interpretado por Carlos González, un joven homosexual que hereda un secreto ligado a los episodios anteriores. Su investigación permite descubrir cómo los silencios del pasado condicionaron la vida de su abuelo, de su madre y la suya propia.


Ambrossi y Calvo plantean la película como una reivindicación de las vidas gays españolas borradas por la negación, los prejuicios y el deterioro de la memoria. La identidad queer aparece como un proceso de construcción y reconstrucción marcado por la sexualidad reprimida y la falta de referentes.

La película reúne una recreación homoerótica de la Guerra Civil, un segmento poético inspirado en las cuatro páginas de Lorca y un drama contemporáneo de tono realista. La búsqueda de lo prohibido y de aquello que ha permanecido oculto adquiere una dimensión literal y simbólica.

La puesta en escena incluye el bombardeo inicial, un plano secuencia en un tablao flamenco, una secuencia de soldados en la playa y otra protagonizada por Penélope Cruz. Estas imágenes conviven con escenas centradas en la intimidad de personajes heridos que buscan su identidad y un lugar en el mundo después de sentirse rechazados por amar. 

Los Javis han conseguido crear algunas de las imágenes más potentes del cine español reciente, de una fuerza expresiva absolutamente arrolladora, y tejer un entramado narrativo que, partiendo de diferentes fuentes, alcanza una simbología reveladora. Sin dura, la película del año y que ya pertenece a la cultura popular de nuestro tiempo. 

 

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