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GORE

La estética del impacto: una conversación con el cineasta Sergio Blasco sobre su trayectoria

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VALÈNCIA. La categoría de director de culto es muy amplia. Sin embargo, en el cine de género, o mejor dicho, en sus subgéneros, el director de culto es aquel que ha luchado contra viento y marea, y con pocos medios, por sacar adelante proyectos bizarros, extremos, locos y desopilantes. El cine de serie b y el gore se han fundido en más de una ocasión para ofrecernos películas inverosímiles, audaces, hemoglobínicas y de carcajada descontrolada ante el horror. Sergio Blasco es uno de esos realizadores que se podría, y de hecho, se puede, considerar de culto en el gore internacional.

Llevo años queriendo conocer a Blasco, portadas como la del filme, Más Carnaza pueden golpearte con crudeza; bandas sonoras como la de su primer corto editado, Blurrp!, te pueden dejar noqueado con una ensalada de grindcore; irreverencias como Belcebú, pueden atropellarte en plena madrugada. Estrecho la mano de un director de cine que sigue vendiendo sus cintas por medios mundo en diferentes colecciones, y que atrae las miradas fascinadas de los que se preguntan cómo se podían hacer esos efectos especiales tan artesanales con cuatro perras.

Nos encontramos en el Festival Navidades Sangrientas de Alicante. Unos jóvenes interrumpen nuestra charla, vienen desde Elche con Litio, uno de los cortos que más beneficios le han proporcionado, le piden un autógrafo, una foto y se marchan con el recuerdo. Todavía se sorprende, humilde, de que en un festival de cine alguien le pida un autógrafo. 

Cuando nadie, o casi nadie hacía cine de serie b en València, y el fanzine 2000maníacos llevaba un tiempo dando sus primeros pasos, Blasco y sus amigos ya estaban pergeñando su primer trabajo, Burrp!. No obstante, el valenciano, ya había experimentado (en el más amplio sentido de la palabra) con su cámara. Estamos a finales de los 80. “Ya había hecho alguna cosilla, Burrp! fue lo primero que se editó, pero mi primer corto se llamaba Gárgolas, y era una especia de ensayo visual bizarro”, señala un dato que no figura en ningún lugar, no se fíen solo de IMDB. “Eran pequeños ensayitos con Super8, y con Hi8, y los mezclaba; igual me iba a La Lonja a filmar las gárgolas de València, que filmaba a un mendigo. Era mezclar imágenes oscuras, bizarras”.

Cada uno de los trabajos audiovisuales de Blasco han sido editados en diferentes formatos, desde el VHS al Blu-ray; quizás, me aventuro a pensar, en alguna colección matarían por ese material experimental de Gárgolas: “No creo que le pueden interesar a nadie, son imágenes en 8mm pegadas con celo”, cuenta entre risas. El realizador era un chaval, ante todo un amante del cine; de hecho, me confiesa que Ciudadano Kane es su película favorita. Y ese impulso creador le llevó a involucrar a algunos amigos en su primer corto más profesional, Burrp!: “La hicimos con amigos y sin ánimo de nada más que divertirnos, y quién iba a decirme a mí que todavía iba a recibir royalties”.

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Burrp! bebe directamente de su época, del ultragore alemán, un subgénero que causó mucho furor en ciertos círculos de seguidores del cine gore. Todo ello gracias a la distribución en cintas de video, un rodaje asequible, debido a los bajos precios de las cámaras que usaban, aunque con pésimo sonido e imagen y un realismo (hoy mucho menos epatante) cercano al snuff, lograron una legión de fans. “Lo hice porque me gustaba el cine. En aquella época ya había visto muchas cosas, el ultragore alemán, le había comprado Nekromantik al propio Buttgereit, y me escribía con él, y fue él quién me mandó la película y era fan. Estábamos viendo Violent Shit (1989) y esas mierdas, viendo a Ittenbach. Burrp! está muy influenciado por el ultragore, porque las veíamos, nos reíamos, nos bebíamos unas cervezas”, relata.

Hago un pequeño inciso, Blasco menciona a Buttgereit, que sin duda ha sido uno de los directores más censurados de la historia; pues bien, València acogió un pase de su filme Nekromantik en La Mostra del Mediterràni, concretamente en los cines Albatros. Toda una osadía, que quedó plasmada en un artículo del 2000maníacos. Blasco rodaba la película con amigos: “Los fines de semana un amigo tenía a las afueras de Paterna un campo y hacíamos paellas, una reunión de chavales que les gusta el cine y siempre con el contexto punk del hazlo tu mismo”.

Burrp! fue estrenada en Cinema Jove, en los extintos cines Xerea. La gente pensaba que lo que iban a ver era una cinta infantil. “Había muy poca gente, pero se pasó por Cinema Jove, nosotros plantamos el cartel, que estaba hecho en plan caricatura, donde uno de los personajes, que es un militar, está con una pistola, luego hay unos zombies”, recuerda. “Está todo en plan cómic, que parece que es broma, unos zombies así pintureros, infantiles, los padres llevaron a los niños… y cuando empezó, te puedes imaginar, los padres sacaron a los niños, yo creo que la gente no sabía ni lo que iban a ver, al final nos quedamos cuatro frikis. Recuerdo ver entrar niños, familias con cuatro niños… Madre mía”. Viene a la conversación el tema de las salas de exhibición, de esos cines que ya no están. “Yo recuerdo que en ese mismo cine (el Xerea) vi La Matanza Caníbal de los Garrulos Lisérgicos, que tenía retroproyección”, especifica.

En los 90, como había pasado desde la aparición del añorado y apreciado VHS, la facilidad para ver cine en casa se había ampliado. El mercado principal, que eran las salas, ya no era el único y exclusivo, a ese se añadía el del VHS por catálogo, y también el video comunitario. Burrp!, producida por unos chavales y con un ínfimo presupuesto, se vendía como rosquilletas a través de esos catálogos. “Lo publicó Javier Perea, de Imagen Death, nosotros anteriormente lo distribuimos, prácticamente mano en mano, o por paquetes postales, ya casi ochocientas copias. Ahora la va a sacar Massacre Video en Blu-ray”. Es importante señalar, que las cintas de Sergio Blasco se reeditan habitualmente, algo que en otros tipos de géneros cada vez se ve menos. 

En los 80 y 90 hubo una portada en los videoclubes que atemorizaba. ¿Sería real aquella joven empalada en la carátula de Holocausto Caníbal? Era todo mentira, pero siendo un chaval, y con escasa información (o directamente nula), aquello te revolvía el estómago. Algo similar me sucedió con Más Carnaza, se lo explico a Blasco y se ríe. No sé dónde la vi, pero aquello me impactó. “Con Más Carnaza hicimos el mismo juego, nosotros distribuimos de mano en mano ochocientas copias, era otra época”, recuerda. “Yo hacía un fanzine, Catalogore, que la hacíamos a fotocopias y máquina de escribir. Eso era otro momento, otro rollo. Era todo cartas, pero es que funcionaba a mil por hora, es que era abrir mi buzón y estar reventado de paquetes, de cintas que se caían, y es que estabas en contacto de forma brutal, te carteabas con mucha gente y lo vendías, era un sobresueldo”, dice.

Ahora Blasco se había metido de lleno en un mediometraje, también se había alejado, al menos a nivel argumental, del ultragore, y llevaba tiempo descubriendo la inmensa obra de Lucio Fulci, uno de los padre del giallo, y aquello, por supuesto, le influyó. “Te digo como Burrp!, todo va por momentos: por aquella época veíamos mucho giallo, nos encantaba Lucio Fulci, y yo creo que la influencia está ahí. Éramos chavalillos, era el 97, pero se rodaría en el 96, y veíamos películas, y que en cada momento te gustaba plasmarlo en tu cortometraje. Era algo impulsivo, querías hacer eso. En ese momento me encantaba Fulci, y noto las influencias, pero no era consciente en ese momento. Lo que ves en ese momento quieres hacerlo”

Más Carnaza, de nuevo con amigos, subió un escalón, fue presentada en Sitges: “Se pasó por Brigadoon, luego Burrp!, también se pasó por Sitges, a San Sebastián no llegó, lo envié pero no”, ríe. “El pase fue con cuatro locos gritando, no me acuerdo porque Más Carnaza se pasó tres veces, y luego cuando pasaron Belcebú hicieron un especial”. Tras el paso por el corto y el mediometraje, llegaba la hora del largo. Belcebú se rodó en 1999, pero se editó, por todo lo alto, en 2005. “Belcebú fue una inversión que yo hice, fue con mi dinero, y con gente que aportaba su trabajo gratuitamente, pero con un presupuesto que no llegaba a los dos millones de pesetas”. Le replico que parece más caro; de hecho, si la ven, se quedarán sorprendidos al observar como revientan un coche. “Me iba a cargar mi coche, y recuerdo que mi primo me dijo: tú coche está mejor, por qué no te doy el mío y me quedo con el tuyo, y rompimos el otro coche de mi primo”.

En este momento de la vida de Blasco se iban a cruzar tres hombres que le marcarían y ayudarían a que Belcebú viera la luz. Ellos eran el director, Juan Piquer Simón, con el que Blasco tuvo una especial amistad, Enrique Belloch y el divertido y archiconocido, Lloyd Kaufman, padre de la Troma y de El Vengador Tóxico. “Belcebú no salió hasta que no conocí a Juan Piquer, cuando llegué a la posproducción, con la inexperiencia de una primera película, no teníamos dinero para terminar el sonido, el sonido estaba al aire y pensábamos doblarlo”, reflexiona. “Hasta el 2004, que conocí a Juan en 2003, una tarde que le invité a casa me dijo: ¿por qué no me pones la película que hiciste?; toda la película, Juan callado, y cuando y terminó la película me dijo, ¿por qué no lo terminas? Y fue una vitamina, dije, hostia, una persona que admiras tanto y te dice eso. Me propuso unos planos de situación, me recomendó unos estudios, que incluso me contrataron, conocí allí a Enrique Benlloch y comencé a trabajar con él”. Le entiendo perfectamente, si ha habido un director en València que luchó por el cine de género, ese fue, Juan Piquer Simón con películas como Mil Gritos tiene la Noche (1982) 

Probablemente Sergio Blasco fue el primer director español que publicó una película con Troma, abriendo un sendero enorme. No olvidemos que Troma es el estudio de cine independiente más longevo del mundo, y que su estilo de cine de serie b es prácticamente único, y ha estado replicado por muchos directores y estudios en muchas ocasiones. Troma le venía como un guante a Blasco, pues compartían ese espíritu del hazlo tú mismo, desprejuiciado y divertido. “Juan propuso presentárselo a Troma, si le iba a gustar a alguien esos eran Troma”.

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Y, ¿cómo llegó, Blasco desde València a Troma? “Escribiéndoles directamente, y mandándoles unos pequeños cortes de la película, un tráiler y enseguida la quisieron ver”. A punto estuvo de ir al estreno internacional en Nueva York, aunque tuviera que pagarse el viaje. “Kaufman me invitó al estreno; para estrenarla en Nueva York, si me invitas, mándame los billetes. Me dijo: te vienes a Nueva York”. Kaufman siempre ha sido un showman y ha entendido a la perfección lo que hay que hacer para vender sus productos. “En la edición Troma sale él cantando La Macarena con dos chicas guapas, y una habla español. Esas cosas que hacen ellos. Me dijo que fuera y la presentara. Recibí las copias de promoción”

Estar en Troma debió ser de lo más emocionante. “Yo era un gran fan de Troma, El Vengador Tóxico, El Monstruo del Armario, Rednecks Zombies (1987), era fan total”. A Sergio también le ha afectado la piratería. En este mundo de la distribución existen empresas, o particulares con una grabadoras de cedés, que remontan películas, les cambian los títulos, se inventan extras; todo para venderlas sin permiso. “Me he encontrado Belcebú titulada cinco vences diferente, y es mi Belcebú, llamada Woman Devil. ¡Al menos se dignan en poner dirigido por Sergio Blasco!, pero me he visto cambiado en todas partes, y digo: eso yo no lo he vendido. Lo tengo asumido, la industria es así, y también es promoción”, sentencia. Luego llegó Plano Detalle (2008) otra de esas películas de cultos que en otros países publicas con buenas ediciones, y aquí parece que ni se interesan por su obra. Uno, sigue pareciendo, que no es profeta en su tierra. 

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