VALÈNCIA. Antes de los desquiciados retratos de ambición y exceso de Paul Thomas Anderson, antes del barroquismo sinuoso de Martin Scorsese, antes del grand guignol de Ruben Östlund, antes de la grandeza inabarcable de Orson Welles, antes de muchas miradas cinematográficas sobre lo perverso, la sordidez, la crueldad o la hipocresía social, estaba el vienés Erich Von Stroheim (1885-1957). Pocos le citan hoy y, sin embargo, sus imágenes y su visión del mundo y del cine resuenan con fuerza en muchos cineastas, como los citados y unos cuántos más. Afortunadamente, se podrá comprobar fácilmente esto que afirmo de forma tajante con la próxima llegada a las salas, después de su paso por el festival de Venecia, de la versión restaurada y reconstruida en 4K de su película La reina Kelly (Queen Kelly, 1929) que, con todas sus mutilaciones, pérdidas y reconstrucciones, sigue deslumbrando como el primer día. Una alegría para cualquier amante de la cultura y la inteligencia.
Nacido en Viena, Stroheim emigra a Estados Unidos en 1909 donde desarrollará su carrera cinematográfica. Una carrera accidentadísima y legendaria, llena de enfrentamientos con los productores y con el sistema de estudios que se estaba consolidando en aquel Hollywood inicial y en el que ni él ni su visión artística encajaban. Digamos que el cineasta desbordaba los límites que las condiciones de producción y el propio concepto de cine que sustentaba el sistema imponían. Fue despedido de rodajes, sus películas se recortaron y remontaron, le impidieron controlar el montaje, tuvo enfrentamientos con productores, técnicos e intérpretes, en fin, todo lo que puedan imaginar.

- La reina Kelly -
El caso más extremo es Avaricia (Greed, 1923-25), una película absolutamente extraordinaria, esto es, fuera de lo ordinario, se mire por donde se mire. Tras sobrepasar con creces el presupuesto asignado, Stroheim entregó un film de, atención, diez horas que, por supuesto, no fue aceptado. La recortaron, mutilaron, remontaron y el metraje retirado fue destruido por la MGM. Hoy en día, los rollos perdidos de Avaricia son un mito en el mundo cinéfilo. Pero lo que queda del film sigue siendo asombroso, pueden comprobarlo en Filmin, en cuyo catálogo figura. Es la sórdida historia de unos seres humanos atrapados por la avaricia y un retrato implacable de la fealdad moral que podemos llegar a alcanzar: ya les dije que iba a resonar en nuestro presente marcado por la codicia extrema. Avaricia está llena de imágenes, secuencias y soluciones de puesta en escena portentosas y sus últimas escenas en el desierto son demoledoras.
En la filmografía de Stroheim hay operetas e historias ambientadas en refinados ambientes aristocráticos cargadas de ironía, mala leche, erotismo y un tufo de decadencia inconfundible: Esposas frívolas (Foolish Wives, 1922), La viuda alegre (The Merry Widow, 1925), La marcha nupcial (Wedding March, 1925), entre otras. La máxima expresión es La reina Kelly, la historia, sórdida y fascinante, de una muchacha raptada por un príncipe prometido previamente con una princesa, y llevada primero al castillo y luego a un sinfín de peripecias a cuál más perversa.
Quizá recuerden al cineasta como actor en El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950), la impresionante y negrísima película de Billy Wilder en la que Gloria Swanson interpreta a Norma Desmond, una olvidada estrella de Hollywood que vive en un mausoleo, y en la que Stroheim es el mayordomo, chófer y exmarido de Norma, y siempre una presencia inquietante. Swanson fue la protagonista de La reina Kelly y en la obra maestra de Wilder vemos algunos fragmentos de este film con los que Norma evoca su pasado fulgurante de estrella. También inolvidable es la presencia de Stroheim en La gran ilusión (La Grande Illusion, 1937), una obra maestra de Jean Renoir, un clásico antibelicista y humanista. En fin, disculpen que repita tanto ‘obra maestra’ pero para qué andarse con circunloquios: este es el territorio en el que estamos, el de Wilder, el de Renoir y, por supuesto, el de Stroheim y su obra tan brillante y arrolladora.

- Avaricia -