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CRÍTICA DE CINE

'Yo no moriré de amor': Cuando el alzhéimer impacta en la familia

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VALÈNCIA. Ha sido la gran triunfadora del Festival de Málaga con tres galardones: Biznaga de Oro, mejor actriz (para la magnífica debutante Júlia Mascort) y mejor actor de reparto (para el veterano Telmo del Estal). Se trata de Yo no moriré de amor, la ópera prima de Marta Matute que aborda del tema del alzhéimer desde el punto de vista de las personas que cuidan a la persona enferma. 

En este caso, además, la película se basa en las propias vivencias de la autora, cuya madre enfermó cuando ella tenía apenas 19 años y tuvo que pasar toda su juventud encargándose de ella. 

Así, la protagonista de la película, Claudia (Mascort), deberá decidir entre el deber de cuidar a su madre y el deseo de vivir la juventud propia de su edad. A través de una estructura temporal que abarca seis años, la película mostrará cómo esta nueva realidad transformará los vínculos familiares y, al mismo tiempo, servirá para denunciar un sistema de ayudas a la dependencia insuficiente. 

La película de Matute se caracteriza por acercarse a un problema de lo más delicado sin ningún tipo de sentimentalismo, alejándose de los clichés del cine social de carácter más panfletario y optando por el rigor sin prescindir por ello de la sensibilidad. En ese sentido, resulta estupendo el uso de la contención, de los silencios, de las miradas y de los momentos de máxima introspección que acompaña el devenir de unos personajes a los que les cuesta comunicarse y expresarse entre sí. 

La directora opta por focalizar el relato a través del punto de vista de Claudia, a pesar de que todas y cada una de las personas que la rodean tendrán un efecto en ella: su hermana (Laura Weissmahr), empeñada en que se responsabilice a pesar de su edad; su padre (Telmo del Estal), siempre callado, incapaz de decir nada y su madre (Sonia Almarcha), cuya presencia y deterioro se irá contando a través de los años, desde el inicio de la enfermedad hasta su ingreso en una residencia, estableciéndose una serie de elipsis para ir registrando el paso del tiempo. 

Ese paso del tiempo tendrá consecuencias para todos. El padre cada vez se irá sumergiendo más en sí mismo, la hermana mayor formará una familia y, mientras, Claudia, será la que más aprenderá a lo largo del tiempo a través de toda una serie de experiencias que la irán marcando y que la llevarán del egoísmo y la incomprensión a la aceptación y la empatía. 

Sin duda, una de las grandes óperas primas del año, capaz de hablar de un tema difícil desde una extrema sutileza y emoción contenida. Y además, con un reparto en estado de gracia, en el que destaca la generosa Sonia Almarcha, con esa presencia casi fantasmal que va apuntillando el relato, a la arrebatadora presencia de la joven Mascort. 

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