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“¿ESTO DESDE FUERA ES BONITO?”

‘Cirkinóvist’ y la magia del circo que no se ve

Este domingo en el Teatre Musical se puede disfrutar de Cirkinóvist, un espectáculo inclusivo en el que cuatro intérpretes invidentes juegan a hacer malabares sin poder contemplarlos. El espectáculo circense volverá a representarse el próximo viernes 30 en el Teatro Círculo de Benimaclet, con audiodescripción incluída

10/06/2023 - 

VALÈNCIA. No hace falta ver para saber malabares, es una creencia errónea. Esto lo demuestran los participantes en Cirkinóvist, un espectáculo en el que dos personas ciegas: Juan Miguel Sánchez e Isabel Gómez; y dos con visibilidad reducida: Ana Sánchez y Pablo Fernández, se enfrentan al reto de aprender malabares sin ver. Coordinados por César García, de Sargantana Circ y Raül García, el director de la obra, logran trabajar de tal manera que se genera un espectáculo único cada vez con un enorme ejemplo de superación. Y es que, tal y como explica el director de la obra existe la creencia errónea de que los malabares tienen que estar “en el aire para luego recuperarlos”, por lo que los ejercicios son pegados al cuerpo generando un espectáculo tan atractivo como único.

Para Raül, el director de este espectáculo, este experimento circense es la manera clave de demostrar que no hay tantas diferencias entre aquellos que ven y los que no. Su manera de trabajar con las personas invidentes le obliga a replantearse el uso de malabares y la manipulación de objetos en los ejercicios. Cuestiones tan sencillas como el momento en el que un objeto se cae o el sonido del movimiento en el aire son claves para que todo funcione. A la hora de enseñar lo que hace es practicar con los ojos cerrados y buscar los recursos en otros lugares: “Al final se trata de adaptar los procesos de enseñanzas, ellos en su día a día se enfrentan con retos mucho más difíciles de los que se proponen en el espectáculo”. Además Raül trabaja como malabarista, por lo que mejor que nadie sabe analizar los movimientos claves del cuerpo y explicarlos sin necesidad de que el objeto llegue a un completo despegue.

En el ejercicio lo que hace Raül es participar como pedagogo, en una tarea en la que la enseñanza real es mostrar la amplitud de movimientos del cuerpo. Cabe repensar que las personas que ven mueven sus extremidades con conocimiento de las direcciones y lo que les rodea, mientras que los invidentes en ese aspecto suelen estar más limitados. Pablo explica que con los ejercicios lo que hacen es “experimentar y huir de los movimientos conservadores”, algo que consiguen a través de la confianza que van ganando con los ejercicios.

“Al final nosotros memorizamos nuestros propios espacios, pero en este caso un centímetro más o menos pone una diferencia clave. Cuando te empiezas a desplazar y a hacer nuevos movimientos hay que repetir y ensayar mucho con tu propio cuerpo, y poco a poco se convierte en algo más rítmico y automático”. Eso sí, admite Juan Miguel que al principio todo podía resultar bastante frustrante, principalmente el momento de comprensión de los ejercicios seguido de las constantes caídas de los objetos. 

Ana es una de las participantes que tiene visibilidad reducida, y explica que para ella este trabajo es un ejercicio tanto de superación como reto. “Creamos algo muy bonito e interesante, es un reto doble que se ve tanto en nosotros como en los directores y por parte de Sargantana, ya que tienen que cambiar completamente su forma de trabajo”. De esta manera la forma clave de guiarse a través de la sala es ir indicando a viva voz todo lo que les rodea. Cuenta Isabel que mientras se mueven al ritmo de la música las voces son las que les permiten aclarar todo lo que sucede sobre el escenario: “Al principio yo consideraba que podía quedar un poco mal eso de que la gente nos oyera, pero realmente es lo que nos hace diferentes ya  la vez lo que es bonito. Hablamos sobre si uno se coge o se pierde, y es la manera de saber si alguien está haciendo algo diferente. Si alguna persona se pierde se comunica y retomamos, pero al no ver lo que sucede lo que tenemos es una conciencia verbal y corporal”. 

Una duda que asalta a Isabel es sí esto desde fuera “se ve bonito” ya que no tienen manera de saberlo. Para ellos algunas acciones son realmente sencillas, pero seguramente en conjunto gana un valor: “Tenemos que perder el miedo a pensar como queda, seguro que es un resultado maravilloso. Nosotros pensamos también mucho como individuos, pero no imaginamos cómo queda todo esto visto como si fuéramos parte de un grupo”, explica sobre el espectáculo. De la misma forma sabe que, quedara o no bien la puesta en escena, ya aprenden muchísimo sobre su forma de transmitir el todo y sobre la confianza que ganan en ellos mismos: “Perdemos el miedo de practicar estas acciones, y se agradece el riesgo de intentarlo con paciencia y con trabajo”. 

Para cerrar el círculo desde Sargantana Circ han ideado la forma de que el espectáculo Cirkinóvist lo puedan disfrutar también el público invidente o de visibilidad reducida. De cara a la siguiente actuación en la Sala Círculo -el próximo viernes 30- formarán parte del equipo intérpretes, que transmitirán en directo todo lo que pasa en escena, con palabras. Lo que se hace es colocar unos auriculares a aquellas personas del público que lo necesiten para explicar de la manera más descriptiva posible lo que pasa sobre el escenario.

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