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COMICIDAD MUSICAL

Comedy rock: la música que suena detrás de las risas

La difícil tarea de unir (buena) música y humor de calidad tiene en Antílopez, que actúan el viernes en Valencia, un afortunado episodio.

12/11/2015 - 

VALENCIA. Dijo Steve Martin una vez aquello de que hablar sobre música es como bailar sobre arquitectura; y es curioso, porque ver muchas de sus películas es como ir al baño. Asociaciones al margen, esa especiota vital materializada en una prosa disléxica entre Paulo Coelho y Love of Lesbian invita de algún modo a la reflexión en torno al nivel de contaminación del humor en algunas disciplinas artísticas. Su papel es especialmente evidente en la cinematografía, pero no tanto en la música; y, mientras en la primera siempre se ha entendido su integración positiva, en la segunda conviven reticencias y complejos en harmonía gracias, en parte, a desafortunados ejemplos pretéritos.

Aunque lo ejemplos menos memorables son, paradójicamente, mucho más fáciles de recordar por lo que tienen de trauma, cualquier esfuerzo memorístico será recompensado con muestras de buena praxis cómica en la música. Es el caso del Antílopez, dos onubenses que poseen la fórmula para mezclar música y humor sin precipitarse por el acantilado de la vergüenza ajena; y, además, a partir de una técnica musical notable. El dúo, que ha gozado del estatus de fenómeno, visitará el viernes 13 la sala Wah-Wah de Valencia para presentar su último disco-espectáculo, Desprendimiento De Rutina.

La música cómica en la España vetusta

Antílopez son herederos inmediatos de esa tradición española que combina con igual soltura música y humor, y que tiene al frente un referente indiscutible. No acordarse de Javier Krahe en este punto de la historia es, entre guiños y comillas, pecado; e incluso sacrilegio. A pesar de que en los últimos años antes de su muerte el pasado verano fue más inquirido por el affaire judicial del vídeo Cómo Cocinar un Cristo, la obra de Krahe va infinitamente más allá de una denuncia tardía, sin fundamento ni éxito civil o penal.

Desde que en 1980 publicara su primer disco (Valle de Lágrimas, al que siguió el famoso La Mandrágora con Alberto Pérez y Joaquín Sabina), Krahe no dejó de unir música y humor, generalmente escoltado por un acompañamiento bastante espartano y pertrechado tras su fina lírica. Al principio, Krahe podía ser, a la vez, humor y Georges Brassens. Bastante diferente a lo que planteaba otro pilar, La Trinca, desde finales de los 60 y que, precisamente en los 80, alcanzó fama nacional con su primer disco en castellano (¿Quesquesé Se Merdé?); Josep Maria Mainat, Miquel Àngel Pasqual y Toni Cruz fueron durante muchos años el referente de la comedia musical en España.

La unión entre comicidad y música es íntima en ambos casos, por lo que es difícil llegar a las dos vertientes y establecer qué fue primero. Muy diferentes son los casos de cómicos que han recorrido el corto camino entre ambos universos. Los números musicales de Tip y Coll son recuerdos indelebles de la España pre y postransición. El mismísimo Eugenio hizo sus incursiones musicales editando cassettes de chistes y canciones, un formato que de manera extraña funcionó durante un tiempo; algo que certifican cintas como las de Lita Claver (‘La Maña’ y sus chistes verdes), Los Chiquis, Paco España o los espectáculos del valenciano Rafael Conde, ‘El Titi’.

Comedy Rock Español: entre la movida y la nueva generación

En los 80, al amparo de la Movida Madrileña, surgieron grupos que desarrollaban una nueva fórmula que unía humor y música de una forma más integral y aparentemente equilibrada. Abrazando la excentricidad sin fundamento se podría considerar incluir en esta tendencia a grupos como Siniestro Total o Los Ilegales, por ejemplo, aunque los segundos ni siquiera se consideraron jamás parte de la Movida; tampoco tienen una predominancia humorística palpable, pero sí latente. Diferente es lo de Los Toreros Muertos de Pablo Carbonell, Many Moure y Guillermo Piccolini. Sus canciones más famosas (‘Mi Agüita Amarilla’, ‘Manolito’, ‘Yo No Me Llamo Javier’) son quizá los mejores ejemplos del encuentro entre producción musical estándar y humor.

En la misma línea (más o menos) hay que considerar a los valencianos Los Inhumanos, responsables civiles de la rima ‘Manué No Te Arrime A La Paré’, o los inefables No Me Pises Que Llevo Chanclas, un grupo que llegó a tocar dos veces en la Expo de Sevilla en pleno delirio folclórico. De aquellos polvos vienen estos lodos, y esa versión cómico-musical ha tenido su desarrollo en el tiempo hasta convertir a grupos como Mojinos Escozíos en referentes obtusos del mismo. En Inglaterra tienen a The Darkness, nosotros al ‘Sevilla’.

Antílopez, sin embargo, se mantiene en un difícil equilibrio entre las dos disciplinas; ellos encarnan el éxito de una nueva generación de comedy rock fundamentado en el riguroso respeto a la hora de encajar música y espectáculo humorístico. Su espectáculo, alejado de la estridencia gratuita y la comicidad facilona, oscila en el extraño espectro que existe entre la chirigota, el comedy rock y la canción de autor. En su propia web se habla del “relevo natural de los Sabina, Krahe o el mejor Kiko Veneno, mezclado con el absurdo inteligente de La Trinca, Faemino y Cansado, el virtuosismo de Les Luthiers y el savoir faire de Lina Morgan”. Quizá demasiado ambicioso, sobre todo en el caso de Les Luthiers, pero acertado en el punto de mira.

La buena influencia anglosajona

“La música y la comedia están interconectadas, el ritmo de la comedia está conectado con el ritmo de la música. En ambos caso se trata de crear tensión y saber cuándo liberarla”. Así lo explicaba alguna vez el humorista y presentador de late night Conan O’Brien. “Siempre me sorprende que alguien divertido no sea musical”, añadía. Quizá por eso no extraña que, durante más de 40 años ya, los Grammy se hayan dedicado a reservar un galardón para el mejor disco cómico del curso. Un reconocimiento que Bill Cosby, Chris Rock, Richard Pryor, Weird Al Jankovic y Robin Williams han ganado más de una y de dos ocasiones.

En 2008 lo ganaron Flight of the Conchords. El dúo de Nueva Zelanda es el paradigma de la unión exitosa entre música y humor. Si en lo musical, Jemaine Clement y Bret McKenzie han grabado sus dos discos con Sub Pop, en el apartado más cómico tampoco les ha ido mal con series para BBC Radio 2 y la mismísima HBO, y con una película en proyecto. Algo similar ocurre con Tenacious D aunque, claro, con Jack Black es de esperar que todo sea mucho más a lo grande; de hecho, el dúo Black-Gass ha sublimado el concepto de comedy rock contando con músicos como Dave Grohl en sus grabaciones.

En la misma línea de dúos, Garfunkel & Oates (Riki Lindhome y Kate Micucci) llevan grabando discos desde 2009, y se quedaron a un piloto de tener también su serie en HBO. La tradición anglosajona no se remite exclusivamente a dúos: Tim Michin y Bo Burnham echan mano del piano (sobre todo el primero), y Demetri Martin de la guitarra acústica. El de Martin es un formato que en España ejecutaba a la perfección Álvaro Carmona cuando se hizo asiduo al programa de Andreu Buenafuente, como ya lo había hecho en su momento Carlitos; ahora Carmona se ha lanzado al comedy rap con Da FLOWers, ‘La Capital Mundial’ y ‘BadBoy’.

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