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CRÓNICAS POR LOS OTROS / OPINIÓN

Bueno, bonito y ¿barato?

¿Has visto alguna vez a niños trabajando? ¿Has entrado en fábricas que no cumplen con las medidas de seguridad básicas? ¿Conoces las reglas del juego cuando una multinacional entra a producir en países en desarrollo?

12/12/2015 - 

VALENCIA. 

Hace años en Latinoamérica, en Perú, visité un poblado indígena cuya comunidad estaba contra la plantación que estaba construyendo una multinacional para producir a precios más baratos y venderlos fuera de ese país. Habían llegado allí y tras un acuerdo entre la empresa y el político de turno que aceptó un soborno importante, empezaron a producir en sus tierras. Pagaron una miseria a los agricultores y dueños de las tierras, a otros ni les pagaron, y empezaron a trabajar. Se creó un movimiento de resistencia en la aldea, empezaron los problemas, la violencia entre unos y otros y comenzó a desaparecer gente que se oponía a esta planta de producción. Luchadores que nunca aparecieron. Los agricultores de siempre dejaron de tener trabajo, algunos se fueron de la aldea con sus familias en busca de otra oportunidad y otros se quedaron sin oficio ni beneficio viendo la vida pasar. Cayeron en adicciones varias y empezaron a no poder ganarse la vida si no era delinquiendo. La multinacional generó muy poco empleo local y el poco que generaba se sustentaba con sueldos miserables. Las personas de esa comunidad que yo visité nunca consiguieron volver a recuperar el nivel de vida que tenían antes de esa invasión. La multinacional sigue siendo una de las top del mundo y esos trabajadores, que un día vivían de sus tierras, estarán sobreviviendo como pueden o quizá no hayan sobrevivido.

Esta es una historia más, ni es única ni es un caso aislado en el mundo. Hay muchas más. Y algunas incluso tienen a niños trabajando en sus cadenas de producción. Porque hay niños que trabajan. Créanme que no sólo salen en los documentales o en los reportajes. Existen de verdad. Tienen nombres y apellidos, familias que prefieren que trabajen a que estudien, y empresas que entran en este juego miserable, inhumano y que vulnera los derechos humanos por donde se mire. Existen.

Estas realidades pacen muy lejanas y es muy difícil conocer qué empresas entran en estas dinámicas, ya que está todo estudiado para protegerlas y que su imagen no quede dañada. También  es cierto que desde aquí ni vamos a cambiar el mundo ni vamos a solucionar este problema de magnitud mundial  con unas ramificaciones horribles, intereses de todo tipo y consecuencias dañinas irreparables. Cambiar las dinámicas de consumo es muy complicado y más aún en esta época donde todo incita a la compra fácil, rápida y barata sin pensar en sus consecuencias; pero sí que podemos poner nuestro granito de arena. Empezar a preocuparnos de saber qué es eso del comercio justo, el consumo responsable, qué hay detrás de los productos que compramos... Sólo con pequeñas acciones se consiguen pequeños cambios, y con muchos pequeños cambios, transformaciones importantes. Es un camino lento y largo pero que va consiguiendo sus resultados.

Por ejemplo, 33,2 millones de euros fue la facturación de productos de Comercio Justo registrada en España en 2014, lo que supone un crecimiento del 8% respecto al año anterior según el informe “El Comercio Justo en España 2014. Sector textil e injusticia comercial”. Un informe que destaca también que pese al crecimiento y a la expansión del sector, España sigue estando a la cola de consumo de Comercio Justo en relación con el resto de Europa. En nuestro país, en 2014 el gasto medio por habitante en estos productos fue de 0’7 euros, muy lejos de la media europea que se sitúa en 13,4 euros. En este sentido, por debajo de España solo se encuentran la República Checa, Letonia y Lituania. Por el contrario, los países europeos donde el Comercio Justo genera más ingresos son Suiza (44 euros por habitante y año), Reino Unido (32 euros) y Finlandia (29 euros).

Tus compras pueden promover los derechos sociales

Sensibilizarse con este tema, y empezar a cambiar las rutinas de compra que tenemos adquiridas cuesta un esfuerzo, porque no es fácil decantarse a priori por la compra de comercio justo ya que suelen ser productos más caros y de difícil acceso. Aunque la principal razón que explica el incremento de las ventas de Comercio Justo es el creciente número de espacios donde se pueden encontrar estos productos. Poco a poco vamos avanzando en mentalizarnos sobre un problema del que no somos responsables directos pero del que participamos.

De hecho ¿en alguna de nuestras compras nos paramos a pensar si estamos apoyando con nuestro dinero que los trabajadores reciban un salario digno, estamos seguros que no exista ningún tipo de explotación infantil, que las cadenas de producción respeten el medio ambiente, la identidad cultural dónde se produzca, que sea una riqueza que se reparta y que genere más riqueza, que se active la economía local donde se produce, etc, etc etc.? Posiblemente la mayoría de nosotros compramos sin pensar en estas cadenas ni en estas consecuencias.

Tampoco voy a entrar a valorar  las compras innecesarias que en estas fechas hacemos, ni a cuestionar si es excesivo o no. No voy a entrar en ese terreno peligroso sobre todo cuando se acercan las fiestas navideñas. Pero sí que voy a intentar que reflexionemos y que nos concienciemos. No todo vale y que no es lo mismo comprar productos de cadenas que producen sin respeto alguno que comprar en empresas que producen aplicando las normas de comercio justo o que garantizan los derechos básicos. Y que si asumimos que vamos a gastar, pensemos dónde va nuestro dinero, a quién fortalecemos, enriquecemos  y en qué rueda entramos

Puestos a aceptar que estamos en un mes de excesos, de compras innecesarias, de asociar la felicidad a cuestiones materiales, etc. y de resignarnos que esto va a ser así, propongo que al menos nos paremos a pensar cómo este derroche puede contribuir a hacer  este mundo mejor. Apoyar y comprar productos que además sostienen proyectos de organizaciones que trabajan por un mundo más justo es mejor todavía. Una filosofía que deberíamos aplicar en nuestro día a día,  no sólo en esta época de compras navideñas.

#SOMCOMERÇJUST

En la Comunitat Valenciana hay organizaciones que trabajan en esta línea y que lo están haciendo muy bien. La Coordinadora Valenciana de ONGD,  a través de Setem CV, Cáritas, Oxfam Intermón, La Tenda de Toto el Mon, Ecosol, Petjades y Solidaridad Internacional PV ha organizado la Feria de Navidad de Comercio Justo, que culmina mañana domingo en el Paseo de Ruzafa, pretende acercarnos a otra manera de entender el consumo y recordarnos que no sólo las personas que reciben nuestros regalos son importantes sino también es importante las personas que los producen. 

Y no quiero terminar sin felicitar al Ayuntamiento de Sagunto, por sus buenas prácticas recibe una distinción “Ayuntamientos por el consumo responsable”. Ojalá se convierta en referente y en espejo de otros organismos públicos con políticos que trabajen  para que los contratos de suministros y licitaciones favorezcan los criterios sociales y medioambientales, como los del Comercio Justo, y que no sólo tengan en cuenta los criterios económicos  a la hora de decidir.

Las organizaciones de comercio justo recomiendan alternativas solidarias y responsables como el comercio justo. En esta época de crisis es importante recordar que por encima de los beneficios económicos y del “comprar mucho y gastar poco”, está consolidar un modelo económico  y social donde la compra de productos de calidad no están reñida con  el respeto a los Derechos Humanos y el medio ambiente. Y ahora si quieren entren en la locura de las compras, pero compren de manera responsable y por un mundo más justo. ¡La semana que viene más!

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