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el muro / OPINIÓN

Continuamos igual

Foto: KIKE TABERNER

Faltaba el último guirigay en torno al Museo de Bellas Artes San Pío V -cese, destitución, sustitución o temporalidad en su dirección- para acabar de agudizar más su situación interna. Cada día, más lamentable

9/12/2018 - 

Lo bien cierto es que tenía muy pocas esperanzas de que la visita del ministro Guirao a Valencia -titular gubernamental de Cultura- fuera a servir para mucho o para algo, como sucedió. Por lo general, y desde hace muchos años, los desplazamientos de los responsables ministeriales a estas latitudes suelen servir para más bien poco. Salvo para alguna promesa incompleta y nunca resuelta, darse un baño de promoción institucional con el beneplácito amable de los medios de comunicación y hacerse un buen book de fotografías institucionales. Por lo demás, gestos pasajeros. Lo normal. No pintamos nada, salvo grafitis y muros.  

Si no recuerdo mal, el último ministro de Cultura que dijo algo y se comprometió un mínimo fue César Antonio Molina, con el iluminado Zapatero. Al menos, alegró los oídos del Gobierno popular de la Generalitat aún siendo ministro socialista. Pero no duró ni si quiera para plasmarlo por escrito. Después, todo ha sido humo. Y no de quema de la paja del arroz, sino de barricada francesa de cubiertas de vehículos. Muy negro.

En aquel desplazamiento, Molina sí mostró un compromiso formal con el Palau de les Arts. Hasta ofreció una ayuda gubernamental de cinco millones de euros progresivos en cinco años para el contenedor cultural. Limosna. Pero después duró tan poco en el cargo que su sucesora, Ángeles González Sinde, la niña de sus ojos de Zapatero, sufrió amnesia pasajera cuando le recordaron el compromiso. Era así de blanda. Marcó tendencia.

Wert y Méndez de Vigo ni se asomaron. Total, para qué. A ellos lo que les iba era el smoking para los actos institucionales, lucir, y las relaciones públicas, pero poco o nada la gestión y menos el compromiso autonómico. Para algo uno es burgués en esta sociedad tan desclasada que uff, lo que hay que aguantar.

Así que vino Guirao para pasearse un fin de semana por la ciudad con alegría, garbo y buen clima. Se fue al IVAM, fue testigo del abucheo tremendo en “La Flauta Mágica” de Les Arts que abría la temporada -que plastas estos ortodoxos, críticos añadidos, por supuesto y que follón se avecina- y se dio un garbeo por el Museo de Cerámica González Martí para repetir lo que llevamos escuchando dese hace más de una década, esto es, se ampliará el museo algún día, que no sólo es de su titularidad sino que es el de mayor afluencia de la ciudad pero lleva años esperando mejoras. Así que estamos en las mismas.

Eso sí, el ministro Guirao, como buen gestor de promesas, reconoció que en algunos aspectos estamos infrafinanciados. Qué descubrimiento.  

Y añadió que sí, que al Palau de les Arts le doblaría la inversión ministerial, o sea, llegaría al millón de euros, pero en todo caso, si hay presupuesto, o lo que es lo mismo, algo archicomplicado en este Gobierno central de tan poca solidez como en algunos o muchos aspectos de credibilidad y excesiva fantasía Disney. Vamos, lo de siempre. Una especie de amenaza velada. Eso de que o se aprueban los presupuestos generales o lo que es lo mismo, nada de nada ya es dogma de fe. Así está el Gobierno central, escondido en su negación/promesa de Navidad perpetua.

Pero lo más significativo del paseo de Guirao por la ciudad fue justificar que la falta de tiempo le había impedido acudir a visitar el Museo de Bellas Artes de Valencia, San Pío V, la joya de la corona. Tan desatendido como siempre, náufrago y arrinconado. Más ahora con las nuevas y cuestionadas contrataciones y la salida, cese, destitución, que ya no se sabe qué, de su director.

Hubiera estado bien que el ministro  de las prisas -y eso que estuvo casi dos días- hubiera tenido tiempo para pasearse por sus salas vacías, comprobar el estado de languidez del patio noble de la pinacoteca en sí y de paso conocer las auténticas carencias de un museo que nadie logra desatascar. Y eso que ya vamos más de dos años desde que nuestro “conseller” Marzà, testigo de piedra en la visita ministerial, paseó o “inauguró” esas nuevas salas del museo que llevamos una veintena de años esperando.

Estamos en la casilla de salida mientras la cara de tonto se amplifica, aunque de promesas vayamos sobrados y ya se hayan convertido en fábula, hasta que se los lleven de nuevo por en caso de un adelanto electoral que es lo que se vislumbra en el horizonte. Y eso que por aquí le han ofrecido puestos en el nuevo Patronato de Les Arts y hasta pagamos paellas de bienvenida. Pero miren por dónde, y a la espera de presupuestos generales y realidades, lo que sí sabemos es que al Real le caen casi diez millones al año del Gobierno central, nueve al Liceo y más de uno y medio de media a la Maestranza de Sevilla. Es retórico. Pero aquí aplaudimos y aplaude quien le toca dar la cara. Marzá incluido.

Decía que al Ministro no le había dado tiempo de acudir al San Pío V, que sí es de su propiedad y es el más necesitado, pero no dudó en solidarizarse con Mongolia por el intento de censura y a acudir a otros espacios privados. Y no creo que estuviera en la agenda. Algo esconde ese renuncio. O al menos esa duda nos deja.

¿Por qué no se atrevió? Seguramente sentiría vergüenza de saber que llevamos tanto tiempo esperando una auténtica puesta en valor del Gobierno central que igual se encontraba una encerrona a sus puertas recodándole las interminables promesas incumplidas, sean del color que sea. Cada uno peor que el anterior.

Aún se quedaba corto el exdirector del Prado y del propio San Pío V, Felipe Garín cuando en Madrid, no sé porqué aquí no se atreve a levantar la voz ni él ni nadie, enumeraba las carencias y el menosprecio al Museo de Bellas Artes un centro que a su juicio y el de otros muchos especialistas carece de empuje científico, de conservadores, restauradores y operatividad. Los fondos de sus colecciones serán de la calidad que se quiera pero “que tenga tal pobreza de especialistas estudiándolo” dice mucho de su situación, recogía El Mundo. Ahora están con el rollo de las Buenas Prácticas, cuando en ese espacio son más bien imposibles. Algo así como en el MuVIM o en Les Arts. Agencia de colocación rápida a elecciones vistas. Y de amigos.

Así que estamos donde siempre y como siempre. A la espera. Pero eso sí, como anfitriones nadie nos gana.

Al parecer será verdad que hay que ser un poco ingenuo para seguir motivado. Algunos hace tiempo que superamos ese estado anímico. Tiene razón el ministro: “el dinero no se pinta solo”, aunque sea nuestro, pero sí se distribuye con sinrazón. No se reduce a una subvención, que es lo que prima para contentar afines. Como sucede también por aquí, donde casi nada cambia. Y sólo piden. En eso de ser cortesanos, muy pocos nos ganan. Va en el ADN.

PD. Apenas horas después del tour de Guirao Cultura se quitaba de encima al director del San Pío V. No discuto la determinación. Estaba en el guión. Es una decisión política. No existía sintonía, pero las formas dicen mucho. Más cuando alguien está de baja por enfermedad. Haberlo hecho a su tiempo cuando estaba claro.  

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