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valència a tota virolla

Cuando una ciudad se explica desde su periferia fotográfica: València, Milán, Berlín...

De Gabriele Basilico a Laura Donate. Casi dos décadas de distancia y una misma reflexión fotográfica. Nada en la ciudad es tan como parece, pero todas las ciudades se parecen

1/06/2019 - 

VALÈNCIA. Discutir los ámbitos de representatividad de la ciudad es la mar de sano. De lo contrario termina ocurriendo lo de aquel que creyendo que toda la ciudad era como lo es su entorno, acabó descubriéndose en un lugar en las antípodas de lo que creía.

Buscar la afinidad de València con urbes en apariencia sin relación ninguna es igualmente saludable porque desdice, relativiza y le resta exageración a cualquier frente. 

Cuando a finales del siglo XX uno de los grandes fotógrafo de las ciudades, Gabriele Basilico, encaró su visión de València en camino de la exposición Milan, Berlín, Valencia (IVAM, 2001) terminó plasmando un paisaje urbano que -en pleno despuntar de la ensoñación desmesurada- resultó poco afín a la imagen de ciudad que sus habitantes tenían

Las grandes áreas destartaladas, los cruces de caminos superpuestos, las superficies inacabadas, los cortes que como un finisterre hacían parecer que València se desmoronaba por acantilados de asfalto, vías y solares

Con dos décadas de diferencia hay dos trabajos que, extrañamente, plasman las diferencias entre València y sus prójimos, muestran la confusión entre la representatividad convenida y la real. 

Los paisajes urbanos de Basilico: en qué se parecen València, Berlín y Milán

El trabajo valenciano de Basilico, puro vértigo, ha elevado el catálogo de la exposición a categoría de libro de culto. El fotógrafo expresó la génesis de su proyecto visual: “La ciudad es desde hace tiempo el escenario ideal, el teatro donde tienen lugar estos encuentros, donde las miradas evocadas e impulsadas por el mundo real se entretejen como en un videojuego a través del ojo mecánico y preciso de la cámara fotográfica”. 

Foto: GABRIELE BASILICO

El arquitecto Souto de Mora, en la réplica que daba continuidad a la expo, describe esa difícil dualidad entre lo que parece que València -cualquier ciudad- es, frente a lo que de verdad la compone: “En las fotografías de Gabriele Basilico los márgenes, las periferias, las transiciones, las superposiciones, son más importantes que los objetos propiamente dichos allí colocados. Lo que atraviesa el diafragma no es la contemplación pero sí la inquietud del arquitecto. Hoy el discurso sobre la ciudad se bipolariza entre centro histórico, cuando hay, y periferia rechazada”. 

Como si fuera un diálogo entre ambos, Basilico irrumpe con su intento de generar una homologación de València, Berlín y Milán. “Supone ante todo -explicaba- la pretensión de verificar si la propuesta de un montaje y confrontación de las imágenes fotográficas es capaz de medir las afinidades entre las tres ciudades, en el intento, y todavía más, en el deseo de reconstruir un modelo de ciudad imaginaria”.

Quizá la respuesta a la pregunta obvia de en qué demonios se parecen las tres ciudades tiene que ver con los olvidos. Son esos fragmentos de ciudad guardados en la trastienda los que terminan siendo masivos, más representativos, la expresión pura de la realidad. “Me interesa captar -señalaba Basilico- los signos de esta transformación, como un médico que indaga los cambios de las formas. En este sentido me interesa no sólo la periferia, que es la parte de la ciudad que, con mayor evidencia, contiene la transformación, sino las modificaciones internas en las diversas partes donde historia y contemporaneidad se mezclan”. 

¿La València real es la que creemos que es o es justo las que escondemos? De eso terminan hablando sus imágenes.

Cuando las esquinas hablan de nuestras ciudades

Cerca de 20 años después la diseñadora y fotógrafa Laura Donate, miembro del colectivo editorial Tapas Duras, irrumpió con un ejercicio que lleva esa reflexión al límite, o mejor todavía, a la esquina. 

Foto: LAURA DONATE

Donate, siguiendo la máxima de Basilico de que la complejidad de la ciudad es vista como “un gran cuerpo físico en transformación”, hizo compendio de sus experiencias vitales por ciudades de aquí y de allá hasta terminar en València. El resultado fue la publicación 11 Different Corners. Las esquinas de Amsterdam, Miami, Londres y València. 

¿Se puede contar una ciudad a través de sus vértices más mínimos?, ¿es un intento de deformar hasta la máxima concesión aquello que una ciudad transmite?

- ¿Qué tienen las esquinas?
- Vino dado en un momento en el que sentía que todo estaba ultra fotografiado y quería encontrar un absurdo, algo que a priori no tuviera ningún punto de interés. También las esquinas se relacionan en Feng Shui con la energía atascada, creo que en ese momento yo misma me sentía así con la fotografía.

- Amsterdam, Miami, Londres y València...
- La elección fue sobre todo emocional, ciudades en las que he vivido y de alguna manera guardo fuertes vínculos por las experiencias que tuve -excepto Londres que fue más premeditado, pero me parecía bien incluirla por ser la ciudad madre, ciudad de ciudades.

- ¿Cómo se diferencia una ciudad por sus esquinas?
- Curiosamente las esquinas de València son las más limpias, en cambio las de Amsterdam, pese a tener esa imagen noreuropea de ciudad limpia, son las que esconden más suciedad. De Miami sorprende cómo pese a ser una ciudad bien calurosa, hay muchas casas con moqueta, muy al estilo londinense. Al final por muy distintas que parezcan las ciudades, resulta que en esencia no lo son tanto”.

Tal vez ese sea el milagro de las ciudades. Ser un marco común de referencia donde todo tiende a ser predecible.  

Epílogo. “El deseo de mezclar las imágenes, además de ser algo que tiene que ver con los sentimientos y con las posibilidades combinatorias del lenguaje fotográfico, atañe también, forzosamente, al debate ético y social que concierne a las realidades de las ciudades contemporáneas”, Gabriele Basilico.

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