Que funcionarios papistas y grises hayan podido censurar una exposición sobre información y cultura como la del fotoperiodismo valenciano en 2009, inaugurada hace dos días en el Museo de la Ilustración de Valencia, define bien a las claras la degeneración que sufren los responsables de gobernar esta sociedad, en este caso la decimonónica Diputación provincial de Valencia, presidida por Alfonso Rus, secundado por sus amanuenses Máximo Caturla y Salvador Enguix.
Pretendiendo proteger a su protector, el presidente del partido, Francisco Camps, estos sujetos, antiguos e ignorantes, han hecho un flaco servicio a su jefe de filas y a la organización a la que pertenecen, el PP. Con su burdo acto han conseguido lo contrario de lo pretendido: la exposición y su censura ha sido amplificada hasta el infinito en diarios, televisiones, radios e internet hasta el último confin del mundo. El Partido Popular, que ampara y cobija a estos individuos y tales comportamientos, debería reflexionar sobre su verdadero papel en una sociedad a la que creen representar.
No es la sociedad valenciana inculta ni analfabeta, pero así la tratan algunos dirigentes en un alarde de despotismo y autoritarismo que demuestra un perfil de decadencia insoportable para los ciudadanos. La censura de la exposición del Muvim se ha convertido ya de facto en la marca de la vergüenza para unos políticos que hace tiempo perdieron el tranvía de la decencia. Y una mancha indeleble para un Museo que decía llamarse de la 'Ilustración'. Nos han avergonzado.