Opinión

La independencia de Cataluña sería una ruina... para Valencia

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VALENCIA. ¿Cómo nos afectaría económicamente a nosaltres els Valencians la independencia de Cataluña? Hace apenas un año, diversos economistas se preguntaban acerca de viabilidad económica de una Cataluña independiente y sus consecuencias en su estructura comercial. Aunque hoy el debata va más allá de le económico, parece justo que nos sigamos preguntado cómo afectaría esta nueva situación al resto de España y muy especialmente a Valencia.

Las distorsiones que introduciría en la economía valenciana la independencia del Cataluña son difícilmente cuantificables. Sin embargo, por nuestra relación económica, geográfica y cultural podemos concluir que nos afectaría a los valencianos más a que cualquier otra comunidad autónoma.

Entre muchos otros, podríamos pensar principalemnte en dos efectos interrelacionados: el comercial y el fiscal. Tras una hipotética marcha de Cataluña se recompondrían las relaciones comerciales y fiscales entre las comunidades. Para ello deberíamos analizar el entramado comercial y fiscal entre Cataluña y el resto de comunidades.

No hay un consenso claro sobre las sobre las consecuencias económicas del Sr. Mas, sobre todo en el largo plazo (cuando estemos todos muertos, como decía Keynes). Algunos economistas como Ángel de la Fuente y Sevi Rodríguez Mora opinaban que disminuiría las exportaciones catalanas ("Las cuentas de la lechera") y otros economistas como Sala i Martin o Abel Fernández no lo tienen tan claro. ("¿Caería el comercio entre Cataluña y España de producirse la independencia? No está nada claro").

Establecer una nueva frontera internacional donde antes había una delimitación regional podría acarrear una serie de limitaciones al comercio intrarregional. El comercio internacional presenta una serie de barreras ausentes en el plano regional. Estas barreras podrían resumirse en barreras cuantitativas (contingentes limitando la cantidad de productos importados), impositivas (aranceles que tasan las cantidades importadas) y administrativas (como trámites aduaneros).

Los efectos podrían resumirse en tres. En primer lugar se puede producir una diversificación comercial. Es decir, se puede desviar parte del comercio interregional hacia otras regiones u otros países. En segundo lugar, el comercio puede verse afectado por el llamado "efecto frontera", según el cual una frontera administrativa produce fricciones en el comercio. En tercer lugar pueden aparecer formas de comercio no reguladas que recurran a la economía sumergida para saltarse las barreras.


Gráfico 1

Estas barreras explican, en parte, que las regiones de un país comercien más entre ellas que con el exterior. Como muestra el Gráfico 1, la mayor parte de las exportaciones catalanas se dirigen a otras comunidades y en el ámbito internacional a la UE-28. Establecer barreras hacia estos dos mercados supondría un coste innegable. Aunque Cataluña exporta a un gran número de países (Figura 1) su flujo se concentra en los países vecinos.


Figura 1

Tradicionalmente se ha relacionado la balanza fiscal con la comercial. La solidaridad fiscal no es altruista ya que normalmente viene acompañada de una relación comercial. Dentro de un marco económico común, las regiones más favorecidas realizan aportaciones que se ven compensadas por un aumento en las exportaciones hacia esas regiones. Pero resulta revelador observar la descomposición del comercio catalán con otras CCAA (mostrada en el Gráfico 2). Cataluña presenta un saldo comercial positivo con el resto de CCAA, es decir exporta más que importa del resto de España.


Gráfico 2

A priori podría pensarse que el déficit fiscal catalán podría verse compensado por el superávit comercial. Sin embargo, las relaciones comerciales más intensas se mantienen con otras CCAA que también presentan déficit fiscal como Valencia, Aragón, Madrid, País Vasco y Baleares. Exceptuando Andalucía, que es el principal destino de las exportaciones catalanas, las comunidades con una balanza fiscal positiva son las que menos comercian con Cataluña. Es decir, que si restableciera el equilibrio fiscal el comercio regional catalán podría no variar sustancialmente, ya que las CCAA perceptoras son las que menos comercian con Cataluña.


Gráfico 3

En cambio en Valencia la situación es bien diferente. La mayoría de las exportaciones valencianas son nacionales, como muestra el gráfico 3. Adicionalmente, la mayor parte de nuestras exportaciones regionales van dirigidas hacia Cataluña (ver el gráfico 4), doblando la de cualquier otra CCAA. Pero a diferencia de Cataluña, el comercio de valenciano se concentra en com,unidades con un superávit fiscal (Andalucía, Murcia, Castilla la Mancha).

 
Gráfico 4

Un freno a la solidaridad interterritorial provocaría bien una carga sobre las comunidades donantes o una disminución de las cantidades recibidas por las receptoras. En cualquiera de los dos casos, la economía valenciana se vería perjudicada. Bien porque aportaríamos más a la hucha común o porque nuestros principales socios comerciales tendrían menos dinero disponible para comerciar con nosotros.

Es una cuestión que nos atañe especialmente en Valencia. Cataluña, además del vecino del norte, es principal socio comercial de Valencia y la principal vía terrestre hacia Europa. Una independencia política no hace desaparecer la interdependencia económica entre las regiones y mucho menos la geográfica. A diferencia de otras CCAA, que ya se han preocupado de potenciar el corredor central para hacer llegar sus productos a Europa de manera alternativa, las exportaciones valencianas (60% por medios terrestres) pasan necesariamente por Cataluña.

Puede que se puedan superar todas estas barreras tras un hipotético cambio en la organización del Estado. Pero sería un proceso costoso, difícil y doloroso para todos y muy especialmente para Valencia. Cataluña tiene relativamente poco que perder comercialmente si restablece su balanza fiscal ya que comercia mayormente con otras CCAA con déficit. Pero sería curioso que una hipotética Cataluña independiente en Europa (cosa difícil) resultara ser un contribuyente neto hacia el resto de regiones europeas debido al aumento del PIB/Cápita tras la separación.

Un viaje de ida y vuelta para pagar a través de los fondos de cohesión europea a húngaros y búlgaros a la vez que al resto de la empobrecida España. Sería bastante más provechoso para todos seguir conviviendo bajo el PIB/cápita español y concertar un acuerdo fiscal y social entre todos sin alterar las relaciones comerciales y económicas existentes.

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