LOS RECUERDOS NO PUEDEN ESPERAR

De cuando The Cramps descubrieron el brazo incorrupto de San Vicente Mártir

Los Cramps actuaron en Valencia en 1990. Me los llevé a que conocieran el Carmen y acabaron en la Catedral. No era la primera vez que un miembro de mi familia establecía un nexo entre el punk neoyorquino y la terreta

17/01/2016 - 

Recientemente, mi primo Fernando me contó una anécdota que desconocía. Hasta que se jubilaron, sus padres tenían una joyería llamada El Micalet porque estaba prácticamente a los pies de nuestra torre más famosa. Durante décadas, mi tío Fernando creó en el altillo del local piezas artesanales que mi tía Maruja vendía abajo, en la tienda. En el escaparate tenían expuestas pulseras, medallas y también insignias falleras, una de las especialidades de la casa. Un día, mi primo recibió una llamada de su madre que le dijo: “Fernando, han venido unos melenudos a la tienda. Eran extranjeros y tocan en un grupo, yo no los conozco pero seguro que tú sí. Nos han comprado varias insignias falleras, han sido muy educados, y se han ido muy contentos.”

La Junta Central Fallera took my baby away

No costó mucho trabajo descubrir que los melenudos no eran otros que los Ramones, que en aquellos días estaban actuando en Valencia. Lo que ya no conseguimos fue establecer el año exacto en que el acontecimiento que tendió un puente entre Queens y La Seu. Por razones obvias, me atrevo a asegurar que no fue en 1981, la primera vez que Ramones pisaron Valencia para actuar en la sala Bony de Torrente. Es más probable que la visita la realizaran en 1989, cuando tocaron dos días seguidos en el Arena Auditorium. Pero el cuarteto volvió a Valencia en 1990 y 1991 así que vayan ustedes a saber. El caso es que ahora me es imposible no imaginarme a Joey o a Johnny paseando por la Plaza de la Virgen con su insignia fallera clavada en la solapa de la cazadora de cuero.  Quiero pensar que dichas insignias –quizá hasta eran de la falla Corretgeria- llegaron incluso hasta Nueva York, al mismísimo CBGB, sin ninguna intención de ofrendarle nuevas glorias a nadie, solo para establecer ese tipo de nexos imposibles con los que alguien como yo disfruta soñar.

En realidad la historia que yo pensaba contar aquí en la víspera de la festividad de San Vicente Mártir es otra, pero tras haber recordado ese momentazo con los Ramones señalándole a mi tía los pins falleros que querían llevarse, me resulta imposible no mencionarla porque, tan solo unos meses más tarde, yo llevé a los Cramps a la mismísima Catedral para que vieran el brazo incorrupto de San Vicente Mártir. Es decir, que de alguna manera, las familias Gallart-Piñol y Cervera-Torres fueron elegidas por el destino para hermanar la calle Caballeros con el CBGB, y eso me encanta por lo delirante que resulta.

Llegan los Cramps (nada que ver con Camps)

Los Cramps actuaron por primera vez en Valencia en marzo de 1990, con las fallas recién quemadas. Yo entonces trabajaba como redactor en Graffiti, el programa juvenil de Canal 9, presentado por Ramón Palomar y Mar Adrián. Como es habitual, al saber que los Cramps (quién les iba a decir a ellos, y a nosotros, que su nombre artístico era casi el mismo que el de un futuro presidente autonómico mucho más tenebroso que todos sus discos juntos) iban a pisar el suelo de la ciudad en la que vivía, me apresuré a concertar una entrevista. Porque hubo una época en la que básicamente era una excusa para conocer a la gente que admiraba y a base de perseverar en ello, acabé siendo periodista. Concertamos la entrevista para Graffiti, que se coordinó a través del equipo de la sala Arena. Por aquel entonces trabajaba allí Víctor Beltrán, que fue quien facilitó tanto el encuentro con Lux Interior y Poison Ivy como la posterior grabación para de algunas canciones del concierto para el programa.

Fever en el Portal de la Valldigna

Si mal no recuerdo, fue Víctor quien propuso que realizáramos la entrevista con Lux y Poison –a esas alturas de su historia, los Cramps eran ellos dos, el resto  de músicos funcionaban como un mero apoyo- en el barrio del Carmen, concretamente en el Portal de la Valldigna. Allí tenía entonces su residencia el artista plástico Pistolo y allí, por mediación de Víctor se realizó la entrevista. Les explicamos que estaban en uno de los edificios más antiguos de la ciudad, pero ni siquiera eso mitigó el asombro –yo creo que en un principio fue hasta susto- al entrar en aquel recinto. No había luz eléctrica. Las camas estaban situadas en una especie de nichos abiertos en las paredes. El lugar estaba lleno de botes con fetos animales en formol, esqueletos y huesos y otros ornamentos macabros. Lux e Ivy eran muy educados y, aunque cueste trabajo creerlo, muy medrosos. También es cierto que ese velo de timidez les permitía mantener una cierta distancia que le sentaba muy bien a su imagen. Pero era evidente que, a pesar de los cementerios, los hombres lobo y los asesinos seriales que pululaban por su mundo, la casa de Pistolo era más de lo que esperaban encontrarse. 

Una vez terminada la entrevista accedieron a dar un pequeño paseo turístico por el centro de Valencia.  Tenían una cámara de fotos muy antigua -ahora estoy convencido de que era de lomografía- y con ella fueron fotografiando todo lo que les resultaba curioso, Ivy cubierta por un sombrero de bambú y vestida con unos pantalones y un suéter negro con el logo del grupo impreso en un lateral. Lux llevaba una camisa verde y un pantalón de satén. Tampoco estoy seguro de si llevaba los zapatos de tacón negros que se calzó para la actuación en Arena, y que terminarían siendo su única indumentaria junto con una diminutas bragas.

Aquí un par de weirdos, aquí un brazo incorrupto

Les conté la historia del brazo incorrupto de San Vicente y les pareció interesantísimo. Era un elemento que asociaba completamente al mundo Cramps, un tipo de folclore que les quedaba algo más lejano y por eso mismo, pensé que les resultaría fascinante. Pero cuando llegamos a la urna de cristal y vieron el miembro amputado y momificado, no sabría decir si sintieron más repulsión que admiración. Creo que incluso Ivy llegó a decir que le parecía disgusting, pero no estoy seguro. El caso es que relaciono más aquel episodio con un par de sonrisas congeladas que caras de auténtico asombro. No quiero ni pensar qué habría ocurrido si llegamos a hacer el recorrido por la Valencia de la Inquisición que describió Eugenio Viñas hace unos meses. Se libraron de ello por la sencilla razón de que entonces desconocía semejante ruta, si no allí que me los llevo. Pero ahora que lo pienso, y con lo cerca que nos quedaba, quien sabe si no habrían apreciado más una visita a la joyería El Micalet, para salir de allí felices con un puñado de insignias falleras.

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