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Tú dale a un mono un teclado / OPINIÓN

De los creadores de Bomba en el Aeropuerto llega Virus Letal III

5/03/2020 - 

A veces, en los aeropuertos, soy terrorista suicida. Me cachean y me imagino por un instante que encuentran una bomba escondida en un dobladillo de la chaqueta o dentro de mi ano. Que mi vida no es currar, dormir, criticar al vecino y ver el fútbol o First Dates para sentirme vivo. O sentir aunque sea vergüenza ajena. Ser un terrorista suicida, aunque sea unos segundos, es excitante. Más incluso que salir de una tienda de ropa y esperar que suene la alarma a pesar de que no he robado nada. Me convierte en valiente, duro y, sobre todo, con una razón para morir. Y por lo tanto para haber vivido. Una razón más allá del despertador, el curro, el sofá o la paella del domingo con los cuñados vacilando de nueva tele más grande todavía. Ser terrorista suicida le da un poco de épica a mi vida. Y después de acabar la jornada laboral cansado, tras ser una tuerca insignificante e intercambiable del sistema, un poco de épica es importante. Ser terrorista suicida un segundo antes de que te cacheen y no encuentren la bomba. Y entonces volver a ser un tío normal, soñando con cosas que ni tengo ni tiempo ni dinero para hacer. Por eso miro esas fotos de famosos e imito sus peinados y compro las marcas que publicitan. Para vivir un poco de su felicidad y de su glamour.

Y entonces se me ocurre que yo no soy terrorista, claro, pero tal vez lo sea el chico morenito con barba que hay detrás de mí en la cola. Sí, seguro que sí. No tendríamos que dejarlos entrar en nuestro país. A esos asesinos de países raros que ponen bombas. ¿Por qué no se quedan en su casa matándose unos a otros y nos dejan en paz a los ciudadanos del mundo civilizado? Un Cid nos hace falta. Un valiente que ponga orden. Un salvapatrias cachas.

O un nuevo Virus Letal si de lo que se trata es de olvidar la mediocridad y subir las dosis de drama. Las historias de catástrofes son excitantes, ¿no les parece? Dolor, acción, héroes cotidianos, gobiernos paternalistas atesorando el miedo... 

Así que esta primavera ha llegado Virus letal III: Coronavirus. tras el éxito de Gripe Aviar y Gripe Porcina. Y es excitante ver venir el fin del mundo. Más excitante que mi vida, al menos. Con sus rutinas y sus estreses y sus estrecheces bancarias o mentales. Saber que puedo morir en cualquier momento. Teatralizar el miedo con máscarillas y mensajes alarmistas en los grupos de whatsapp. ¡Todos vamos a morir! Qué excitante comprar mascarillas. Cancelar vuelos aunque pierda el dinero. ¿Qué importa el dinero comparado con morir? Evitar las aglomeraciones y alejarme de los infestados que tosen en la cola del supermercado. ¡Dichosos infestados, vade retro! Seguir en La Sexta los contagios en tiempo real. ¡Uno más en Minglanilla! Oh, Dios, el virus dando sentido a mis horas. Sentirme parte de algo, aunque sea del pánico, de la Humanidad, así con mayúsculas. La Humanidad en peligro. ¡No subestiméis el poder del Coronavirus! ¡No frivolicéis con los muertos del Coronavirus! ¿A quién le importan los muertos de la gripe normal o los accidentes de tráfico o el cáncer o las violaciones? Estamos hablando del Coronavirus. No comparéis.

Del Coronavirus. En todos sus cines. La película de moda.

En fin... sin haberla visto acabar, yo creo que Virus Letal III: Coronavirus es un bluff. Gripe Aviar ya era bastante mala, pero nos entretuvo, es cierto. Gripe Porcina servía para pasar el rato, pero no dejaba de ser más de lo mismo: una película de catástrofes con un final decepcionante salvo para las farmacéuticas. Segundas partes nunca fueron buenas, dicen. Ahora la tercera entrega de la saga tiene más efectos especiales y, sobre todo, más dinero gastado en publicidad: ¡está en todos los lados y a todas horas! Pero dudo que el final esté a la altura de las expectativas, la verdad. Dudo que dure en cartelera mucho más que las anteriores. Me temo que habrá que esperar cinco o seis años a ver si sale otra plaga letal, letal de verdad, que nos vuelva a hacer sentir vivos ante la cercanía de una inminente muerte. Por culpa de los chinos. Jodidos chinos. Nos invaden las ciudades y ahora el cuerpo... Habría que acabar también con los chinos. ¡Vade retro! Acabemos con esos malditos amarillos que están por todas partes

(si se confirma que no hay peli de catástrofes, que haya al menos una del Vietnam que nos de un poco de vidilla) 

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