Este sitio web hace uso de cookies con la finalidad de recopilar datos estadísticos anónimos de uso de la web, así como la mejora del funcionamiento y personalización de la experiencia de navegación del usuario. Política de Cookies Aceptar

GRUPO PLAZA

el cudolet / OPINIÓN

Del Balneario de las Arenas al Puerto de València

28/12/2019 - 

Disfruté de la última y moribunda etapa de las arrugadas instalaciones del Balneario de las Arenas. Le tengo cierto apego a esta gran terraza veraniega con vistas al mar Mediterráneo. Lugar de recreo. Puerta vacacional de la ciudad. Para los más veteranos, espacio lúdico del baile y del baño, para los modernos, resort de lujo y confort. No pude tomar el baño porque nací después, llegando tarde a la cita con la piscina del trampolín, tan bien ilustrada por el maestro de los collages Josep Renau. Habían cerrado los grifos. Había dejado de llenarse de agua la racionalista balsa obra de Luis Gutiérrez Soto y Cayetano Borso di Carminati. La culpa de todo la tenía mi abuela paterna María Dolores. En los salones gestionados por el Grupo Hostelero Noel celebrábamos, entre otras efemérides familiares, bautizos y comuniones, el solsticio del presente, el mágico día del roscón y del carbón. Repartiendo a diestro y siniestro abrazos, besos, y cumplidos. Era día de estrenos, de novicias emociones rodeado de la flama  familiar.

Aún mantengo vivo el recuerdo de la sobresaliente sonrisa de oreja a oreja, radiante de felicidad, de mi prima Teresita (RIP) subiendo y bajando las escaleras, jugando a la comba, merendándose el crocanti helado.  La sopa de fideos, el arroz, el puchero cocido de garbanzos con pelota y chorizo, nutrientes platos de la vieja cultura gastronómica de la cuchara. Desorientados por un sol infinito y abrigados de las corrientes marinas, correteábamos dando patadas al balón en el multiusos recinto deportivo escenario de una pista de patinaje. Recuerdos archivados de un alto contenido emocional de la mejor hemeroteca posible, la familiar. Hemos envejecido. De aquel escenario del rodaje de mi niñez, el arquitectónico, el sentimental persiste hasta que la memoria entre en barrena, solo quedan cenizas. Símbolo y patrimonio de varias generaciones de valencianos, el verdadero balcón al mar naufragó en otro alarde de un cabut y persistente gigantismo. 

La bella arquitectura del Balneario de las Arenas debió protegerse con todas las de la ley. La romanización del teatro del baño tras una larga operación de cirugía estética generó en mí cierta rabia e impotencia. Aquella obra faraónica fue reconstruida durante la agraciada época del bogavante, periplo estacional de clara rendición al santo ladrillo. El bello parnaso del baño, convertido hoy en un complejo de lujo, es uno de los tantos maquiavélicos errores salpicados por el baldosín del cemento. Imperdonable error ¡El viejo Mestalla también! Las catedrales o santuarios religiosos deben quedarse quietos ¡llueva o truene! Conservar la auténtica y original fachada del complejo hubiera sido lo natural. Los valencianos hemos naufragado a orillas de la playa de Nazaret. Tampoco supimos darle uso a los deshabitados y okupados chalets de Eugenia Viñes.  Salvamos los muebles en el minuto de descuento de la mutilación de un brazo del barrio marinero del Cabanyal. ¡Otra fachada era posible!

Ahora le toca el turno al Puerto de València, epicentro de todas las miradas, canalizar el debate público sobre la trasquilada fachada marinera del Cap i Casal. Enfrentados, Ayuntamiento y Autoridad Portuaria, que no autoritaria, por la ampliación norte del mare nostrum con grúas. Desconozco todavía el resultado del impacto medioambiental que puede erosionar el potente clembuterol del ladrillo. Estoy seguro que nada bueno para el ecosistema. Por el contrario, sí servirá para dinamizar las economías de los bolsillos de unos pocos afortunados. Hay que leer todas las opiniones vertidas sobre el asunto para poder posicionarse. Me quedo con las razonables aportaciones al mareado debate -¡ni con una caja de Biodramina mejorará la salud de él!- de Gregorio Martín. MSC debería explicarse, no amenazar. Añado, ni recurrir a la doctrina del shock. Ni mucho menos satirizar en los círculos empresariales de populistas mensajes recurriendo a la épica del músculo financiero del mediterráneo puerto del Cap i Casal. Las bravuconadas mejor sacarlas del debate para evitar parafrasear a Peter Handke, La risa despectiva viene de la ignorancia. 

El capitán que lidera el barco es aquel lugarteniente de la política que hizo lo que no quiso hacer el bueno de Juan Martín Queralt, rubricar la sentencia de muerte del Valencia CF. Estamos a pocos días de celebrar el fin de año, fecha propicia a desatar profecías, espero que no se cumpla la proferida el 24 de julio de 1942, mutando Banco (València) por Puerto (València) Llegando a ser el faro del levante español cuyas luces se descubran desde Madrid como testimonio de nuestros fervorosos anhelos de que su puerto natural sea el de Valencia”. Ya que no puedo darme un chapuzón en la piscina del trampolín, ni mojarme los pies en la playa de Nazaret, quiero seguir bañándome en las playas urbanas de la ciudad sin estar rodeado de cangrejos azules. “Cualquiera que piense que puede tener un crecimiento infinito en un planeta con recursos finitos es un loco o un economista”. Sé fuerte JR.

next

Conecta con nosotros

Valencia Plaza, desde cualquier medio

Suscríbete al boletín VP

Todos los días a primera hora en tu email