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'MEMORIAS DE ANTICUARIO'

Desagravio al barrio de Velluters

19/06/2016 - 

“(...)presentado que su oficio tenía gran conexión con la pintura y la aritmética, y que la materia de su obra era estimable […], y por ello suplicaban la gracia del título de artistas, con erección de colegio y gozar de todas las singulares preeminencias […], concedemos al Gremio de Terciopeleros de nuestra ciudad de Valencia el título de artistas perpetuamente y que pueda llamarse arte de la seda” Carlos II Rey de España, 31 de Octubre de 1686.

VALENCIA. Parece algo surrealista que el noble edificio que alberga el Colegio Mayor del Arte de la Seda, Monumento Histórico Artístico Nacional desde 1981 haya estado literalmente a punto de desaparecer por la desidia y el abandono, mientras todos los años, allá por el mes de marzo, miles de personas de la ciudad y localidades de la Comunidad Valenciana visten la seda como la mayor de las galas. Lo sucedido, queramos o no, forma parte de la idiosincrasia de una ciudad  capaz de convertir lo popular en arte y presumir de tradiciones y manifestaciones culturales, a la vez que dejamos fenecer, casi sin darnos cuenta, otras cosas que tenemos a mano y que son prolongación natural de aquellas que defendemos sacando pecho. Por si fuera poco, a varias manzanas de este Colegio, se erige orgullosa la Lonja de la Seda, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, cuya existencia y majestuosidad se debe, precisamente, al comercio con esta noble manufactura.  Digámoslo claro: de no ser por el  mecenazgo de la Fundación Hortensia Herrero no habría sido posible su salvación y, de paso, la de un trozo de historia de la ciudad, ya que las administraciones y buena parte de la sociedad valenciana, o han hecho el Don Tancredo o han mirado para otra parte. Una labor de mecenazgo, la de esta institución, que en estas lides de recuperación patrimonial, se presenta en la ciudad  como un hito demasiado aislado pero que se está ganando ser coprotagonista del relato histórico desde los albores de este siglo XXI. En un futuro, la intrahistoria de la ciudad relativa a la recuperación de su patrimonio, sólo se entenderá de forma parcial si no se menciona la importante labor de esta fundación privada.

El Colegio Mayor del Arte la Seda es un edificio de apariencia barroca, pero de orígenes tardogóticos ya que la parcela dónde se halla fue adquirida por la institución en el  año 1492, y de ahí no se ha movido. Cuando las cosas iban viento en popa, el palacio sufrió diversas remodelaciones y embellecimientos hasta el siglo XVIII, principalmente en el uso decorativo de extraordinaria azulejería barroca que va a sorprender a quienes lo visiten. Pero la crisis del sector a finales del siglo XVIII llega, al cerrarse los talleres intramuros y abrirse manufacturas mas grandes fuera de la ciudad, y el edificio queda petrificado en el tiempo hasta nuestros días. Afortunadamente hoy podemos hablar de un monumento felizmente recuperado,  símbolo del auge, la decadencia y el abandono, hasta el maltrato, de un barrio que llegó a albergar trescientos maestros sederos, en tres mil telares en un sector del que llegaron a vivir más de veinte mil personas. Valencia, desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XVIII era una ciudad de fuertes e insignes gremios: un paseo por nuestro centro histórico es una invitación a rememorar esta realidad, a través de la nomenclatura de su callejero: sogueros, libreros, cadirers, correjers, tapiners... Sin embargo cuando hablamos de la seda-no está de más recordar que se trata de una manufactura cuya existencia en nuestra ciudad se la debemos a la permanencia musulmana- no hablamos de una calle, sino que tenemos que hacerlo de todo un barrio. 

Un barrio, el de Velluters, que es mucho más que el Colegio Mayor de la Seda: saliendo de nuevo a la bulliciosa Calle del Hospital, a mano derecha visitaremos el edificio que da nombre a la misma, joya renacentista de cruz griega, actual biblioteca municipal; a un par de minutos la popular Iglesia del Pilar, con origen en el siglo XVII con excelente azulejería barroca, muy poco conocida, y la no menos popular Ermita de Santa Lucía, levantada en tiempos de la Reconquista de la ciudad. En ella, en una de las capillas laterales, una Virgen de los Desamparados tribuida a Gaspar de la Huerta (Campillo de Altobuey [Cuenca, 1645 - Valencia, 1714] fechada en 1680. Seguidamente conviene adentrarnos por las estrecheces de un barrio en el que todavía quedan cicatrices de un pasado reciente de vejación, hasta desembocar en la culta y teatral fachada neoclásica de la Iglesia de las Escuelas Pías-uno de mis edificios preferidos, y su imponente cúpula-una de las más grandes de España- y que tomó como modelo el mismísimo Panteón de Agripa romano. Es una pena pena que esté abierta en tan pocas ocasiones porque el espectáculo desde su interior bien merece la pena. Nuestro recorrido acabaría en la Fundación Chirivella Soriano y su colección de arte contemporáneo, no sin previamente recorrer la adyacente calle Eixarchs, con sus majestuosas casas señoriales un tanto dejadas al albur del tiempo. ¿Tiene o no tiene Velluters sobrados motivos para ser vivido y disfrutado?.

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