Poder e identidad a través del interiorismo valenciano

Diseño e ilustración

El Arxiu Valencià del Disseny despliega en La Nau bocetos, dibujos o maquetas con los que recorren ocho décadas de interiorismo

  • Ramiro de la Torre.
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VALÈNCIA. ¿Por qué será que nos fascina tanto conocer aquellos espacios en los que habita el otro? No solo el hogar, también la oficina en la que fulanito pasa ocho horas al día o el apartamento donde veranea menganita. También los que nosotros habitamos, aunque por puro hartazgo ya no nos seduzcan, generan curiosidad en el de enfrente, salas cotidianas para unos y exóticas para otros. Más allá del cotilleo o voyerismo, lo cierto es que los espacios que uno ocupa se pueden convertir en una vasta fuente de información sobre su persona y, en un marco mayor, su época y costumbres. Dime qué espacio habitas y te diré quién, cómo y de cuándo eres.

Todas las preguntas caben en una habitación. 

Las respuestas, claro, están condicionadas por la época o clase social, algo que tenemos más que claro en un momento como el actual en el que la crisis de la vivienda es una de las grandes emergencias sociales. También esos espacios habitados, los precarios y los excluyentes, son termómetro de su tiempo. Son esos espacios vividos los que, en parte, definen las relaciones sociales, la pertenencia o la exclusión, una evolución que queda reflejada en la exposición Diseñar interiores: Acoger, asignar, distinguir y excluir, que abre sus puertas esta semana en el centro cultural La Nau y que ofrece un extenso recorrido por los fondos de interiorismo del Arxiu Valencià del Disseny. 

“Intentamos cambiar esta visión muy instalada en el imaginario común del interiorismo como una actividad de lujo”, destacó Vicente Pla, comisario de la muestra junto a Rosario Ibáñez, quienes apelaron a la “complejidad” de una profesión que ha sido motor y reflejo de algunos de los cambios sociales, económicos y estéticos de cada tiempo. Ambos presentaron la exposición junto al vicerrector de Cultura, Esports i Vincle Social de la Universitat de València, Albert Moncusí; y los nuevos responsables del Arxiu, los profesores Óscar Martínez, de la EASD València, y Jorge Sebastián, de la Universitat de València.

“La historia de la artesanía y el diseño en valencia merece ser contada”, subrayó este último. Esta frase no es baladí pues el recorrido se compone de material, en gran medida, inédito, nunca antes expuesto. A través de dibujos, bocetos, planos o maquetas muestran cómo se configuraron espacios de poder como bancos o despachos institucionales hasta llegar a la arquitectura del ocio, material que proceden de las distintas donaciones de entidades y particulares a un Arxiu que desde hace años se dedica a mantener y difundir ese material patrimonial que, hasta ahora, no tenía quién lo cuidara. 

La inmensa mayoría de obras expuestas son dibujos que, ejecutados con diferente técnica, muestran “la manera de hacer y proyectar antes de la llegada de la era digital”, subrayó Ibáñez. No en vano, el arco cronológico de la exposición nos sitúa en el año 1932 como punto de partida, una casilla de salida que corresponde al dibujo de un salón con chimenea a cargo de José Martínez-Medina, mientras que el punto de llegada que apenas cruza el cambio de siglo, con ejemplos como el proyecto de bodega para un restaurante de Arturo Catalá. Los años posteriores son otra historia. Entre ese 1932 y el 'efecto 2000', un buen puñado de historias escondidas en viviendas privadas, locales de ocio y edificios públicos. 

Autoridad, prestigio y simbolismo

Este último ámbito, el institucional, no es poco importante en la investigación desplegada en la muestra, que aborda el diseño de espacios vinculados al poder económico y político como bancos, sucursales y edificios oficiales, proyectos que muestran la evolución de una disciplina, la del interiorismo, que también ha servido para representar autoridad y prestigio. 

Entre otros, la selección incluye proyectos para el Palau de Benicarló, sede de les Corts Valencianes, realizados en los años noventa por Lola Castelló y Vicent Martínez, de Punt Mobles, quienes introdujeron una idea de jerarquía “más atenuada” frente a una herencia que marcaba una mayor diferenciación entre espacios. No en vano, el interiorismo en espacios institucionales tenía, entre otras misiones, la restricción de acceso así como la traducción al espacio físico del simbolismo en torno al poder institucional. 

Entre los protagonistas de esta sección también figura Martínez Peris, vinculado al Grup Parpalló y a las corrientes artísticas de vanguardia, y se incluyen intervenciones de Martínez-Medina y otros profesionales en espacios institucionales como el Palau de la Generalitat, la Academia de Policía de Ávila o la propia Universitat de València.

De Lladró a la Unión Naval de Levante

  • Mariano García. -

También el ámbito del ocio y al comercio ocupa una parte importante del recorrido, que reúne proyectos de hoteles, cafeterías, restaurantes, bingos o discotecas, una selección incluye el local de Veles e Vents, de Arturo Catalá, o trabajos del arquitecto e interiorista Rafael Tamarit, que intervino en espacios de ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Londres, con proyectos tan destacados como la tienda de Lladró en Beverly Hills, con el que “cambió la imagen mundial de una empresa vinculada a algo más tradicional”, subrayó Pla. Porque el interiorismo es, también, comunicación, un mensaje encapsulado en un espacio. 

La muestra también hace para en el ámbito doméstico y explora la evolución de la vivienda, desde las zonas de recepción y relación social hasta los espacios más privados, unos espacios que tampoco se pueden analizar sin tener en cuenta el contexto económico o político. En este sentido, los materiales de Mariano García y Martínez Peris permiten observar soluciones de etapas anteriores, mientras que los proyectos de Pepe Benlliure muestran la sensibilidad posmoderna.

El interiorismo naval es la cuarta pata del recorrido, una especialidad que impulsó la modernización del sector desde mediados de los años cincuenta gracias a los trabajos de Martínez Medina para la Unión Naval de Levante y otros astilleros, proyectos que muestran cómo el diseño de los barcos buscaba trasladar a sus interiores la comodidad y la familiaridad de los espacios terrestres, con dormitorios y salones que reproducían ambientes domésticos de las clases más pudientes. Frente a esta concepción, los trabajos de Arturo Catalá reflejan un cambio de sensibilidad: el interiorismo comienza a asumir las características específicas de la navegación, en lugar de tratar de ocultarlas.

Entre unos y otros, la muestra ofrece una mirada a ocho décadas de diseño de interior que, a través de nombres como Antonio Ramos, José Juan Belda o Sandra Figuerola, reflejan los cambios tecnológicos o culturales de una época, así como su imaginario visual, un paseo por aquellos espacios que, si no toda, cuentan una parte de la historia de València.

 
 
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