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CRÍTICA DE CONCIERTO

Dos veladas de gran sinfonismo en Les Arts

27/11/2022 - 

VALÈNCIA. Notable concierto ofrecido por la Orquesta de Valencia bajo las órdenes de su titular Alexander Liebreich. Advirtamos, con carácter previo, que la velada estaba dedicada a la memoria del pianista alemán Lars Vogt tristemente fallecido en septiembre, y que, cosas de la vida, era el solista que debía haber comparecido ante el público valenciano. Descanse en paz quien según nos contaba el mismo Liebreich además de gran músico fue una gran persona. El inglés Paul Lewis, quien conoció personalmente a Voght, sería quien le sustituiría. En su memoria, interpretó bajo una luz tenue y con la fotografía del recordado en una pantalla el andante de la sonata D784 de Schubert. Unos instantes emotivos que nos estremecieron a muchos, puesto que el propio Vogt ya convaleciente le pidió a Lewis que le tocara este movimiento, cuando él ya no podía hacerlo.

Foto: LIVE MUSIC VALENCIA

Por lo que respecta al concierto, si bien durante parte del inicio del primer movimiento se pudieron advertir algunos desajustes de tiempo entre orquesta y solista, las prestaciones de unos y otro fueron a más, con dos movimientos postreros realmente magníficos. Como buen especialista en el repertorio clásico, Lewis tiene un concepto del solista en este repertorio, manteniendo en todo momento un diálogo con la orquesta, no obstante, siempre dentro de la misma, sin pretender despuntar. Un diálogo que mantiene con flema inglesa, pretendida discreción y suprema elegancia que llegó a sus mejores cotas en un ensimismado andante y un Allegretto de enorme musicalidad siempre dentro de una admirable discreción. En cuanto a la orquesta, nos alegramos de que, desde la llegada de Liebreich, los músicos se muestren cada vez más seguros con este repertorio clásico que siempre ha supuesto un hueso duro de roer. Liebreich lo sabe y cada vez exige más en cuanto a la flexibilidad y a la expresión lo que se traduce en lecturas más sólidas. 

Tras el receso, “Uncut” la obra del importante maestro francés Pascal Dusapin, que, para quien quiera indagar en ella se publicó en el año por el sello Deusche Gramophon y la dirección de  Myung-Whun Chung con la Orquesta de la Radio de Francia. Una excelente partitura para una gran orquesta, que demuestra un incuestionable dominio de los timbres más que de los decibelios tal como Justo Romero señala en sus oportunas notas al programa. 

Foto: LIVE MUSIC VALENCIA

Cerró el concierto una excelente lectura de la obra maestra debussyniana La Mer, demostrando Liebreich sus virtudes también en este repertorio. Opta el maestro muniqués por una lectura fluida, sin despreocuparse por la inagotable riqueza tímbrica y armónica de la obra. Un “mar” entre la transparencia francesa y la grandiosidad alemana, aunque más Mediterráneo que Atlántico. La formación rayó a notable nivel tanto individualmente con buenas intervenciones del concertino Enrique, Palomares, la flauta de María Dolores Vivó, el oboe de José Teruel, la trompa de María Rubio o el flautín de María Teresa Barona, como de forma conjunta. Hay muchas formas de ver el mar debussyniano y todas válidas. La de Liebreich no es grandiosa, no es un mar misterioso. Es un mar cercano, pero no exento de sensualidad mediterránea. 

Ficha técnica

24 de noviembre

Obras de Schubert, Mozart, Dusapin y Debussy

Orquesta de Valencia

Paul Lewis, piano

Alexander Liebreich, director musical

Una orquesta de leyenda

El concierto del viernes debía contar en el podio con Zubin Mehta pero su delicado estado de salud se lo impidió, lo que dio lugar a cierta polémica por parte de quienes adquirieron la entrada motivados exclusivamente por la presencia del director hindú, muy querido por estos lares. Las condiciones de la compra como es habitual en el mundo de la música clásica no dan lugar a la devolución de la entrada si el concierto no se suspende. A la vista del clamoroso éxito cosechado por el sustituto Ivan Fischer, lo que a muchos no nos ha extrañado, entiendo que la polémica ha quedado de alguna forma paliada. 

Cómo se echa de menos que las grandes orquestas visiten nuestra ciudad, lo que en absoluto quita que, en la actualidad por diversas circunstancias, disfrutemos de nuestras dos formaciones locales casi en exclusiva. La orquesta de la radiodifusión bávara era en los momentos de gloria del Palau de la Música una de las más asiduas, y casi de forma anual se dejaba caer por la sala Iturbi con los más grandes maestros, muchos de ellos hoy desaparecidos. Son imborrables las visitas con Haitink, con Maazel para hacer parte del también histórico ciclo dedicado a la obra completa de Ravel o el ya mítico concierto de Carlos Kleiber. 

Foto: MIKEL PONCE

No es esta formación una orquesta histórica en el sentido cronológico pues su fundación en 1949 acontece seis años más tarde que la Orquesta de Valencia. Pero, claro, su fundación se debe a Eugen Jochum uno de los grandes maestros del siglo XX. Como decíamos si bien no se trata de una formación de gran tradición histórica, pero su sonido sí que lo es y aunque hoy en día su plantilla sea internacional, como sucede muchas de las orquestas, los músicos heredan una forma de hacer música que se traduce en un sonido arrebatador, marca de la casa. 

En todos los sentidos el plato fuerte de la noche iba a ser una quinta de Mahler verdaderamente memorable. Uno que ya lleva un buen puñado de quintas en directo y decenas de grabaciones, es verdaderamente sorprendente, a estas alturas, asistir una lectura de nuevo reveladora, no porque Fischer haga una creación personal de la misma sino, precisamente, por lo profundamente mahleriana y auténtica que suena. Fischer es perro viejo además de talentoso director y, sabiamente, y más teniendo a su disposición una orquesta con una cuerda de auténtico ensueño apoya la intensidad del discurso en esta misma. De ahí nace la fuerza telúrica de esta partitura inacabable, sobre todo en los dos primeros movimientos. No está para Fischer la clave en la fanfarria sino en el corazón mismo de la orquesta.

Foto: MIKEL PONCE

Claro, en este caso estamos hablando de una de las mejores cuerdas del mundo. La sucesión de momentos es interminable pero no puedo dejar de citar el solo de los chelos al unísono, en el segundo movimiento, verdaderamente estremecedor, o la forma de llevar el tempo de vals por parte del director húngaro en el tercer movimiento. No olvidaremos tampoco la reexposición del tema principal del célebre Adagietto en la que Fischer logra literalmente que el tiempo deje de correr en la sala para precipitar el paroxismo culminado por una estremecedora entrada de los contrabajos que literalmente hizo temblar los cimientos calatravescos. Cierto, no tienen el sonido enorme de una Filarmónica de Berlín ni la precisión metalera de una de las grandes americanas. Las huestes bávaras no son infalibles pues incluso pudimos escuchar algún patinazo en su primer trompeta, en alguna trompa ¿pero qué más da cuando hacen la mejor música que quepa imaginar?.  Por obra y gracia de Fischer, escuchamos cosas antes nunca oídas, pero no por detalles solistas, sino por formas de abordar transiciones o de hacer predominar dinámicamente la cuerda por encima del metal en otros pasajes que suelen tener una lectura demasiado evidente. Éxito por todo lo alto en una sala prácticamente llena.

En la primera parte disfrutamos de una excelente Sinfonía Concertante de Haydn, más por los cuatro solistas, miembros de la formación, que por una orquesta que nos dejara con la boca abierta. Eso iba a llegar poco después. Eso sí, sensacional el concertino, Radoslaw Szulc, con un irresistible manejo del fraseo, aunque no lució un sonido con demasiada presencia y un Ramón Ortega con un oboe de excepción. La propina ofrecida, el Passacaglia de Haendel, merece que la citemos por su maravillosa ejecución por los cuatro músicos. Si bien este era un concierto programado por el Palau de Les Arts, esperemos que una vez el Palau de la Música reabra sus puertas regresen formaciones de este nivel a nuestra ciudad.

Ficha técnica

25 de noviembre

Obras de Haydn y Mahler

Orquesta de la Bayerischen Rundfunks

Ivan Fischer, director musical

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