TRIBUNA LIBRE / OPINIÓN

Educación vs. vida real, ¿caras de una misma moneda o caras contrapuestas?

21/04/2023 - 

La sociedad ha dicho muchas veces a los jóvenes que su calidad de vida será mejor si ellos estudian, y de preferencia, que ese estudio sea una carrera universitaria. Si bien esto es cierto en muchos casos, lo mismo no aplica para todos los casos, lo que ha hecho posible que muchos jóvenes se desmotiven y decidan abandonar sus estudios.

La escuela enseña todo lo relacionado con las cosas que nos rodean, porque en ella se aprende a leer, escribir, sumar, restar, socializar, entre otras cosas que nos preparan para superar el desconocimiento, para no ser ignorantes y poder entrar en la vida laboral en el momento indicado.

Los estudiantes pasan largos días y horas en la escuela aprendiendo hechos abstractos, números y algoritmos fuera de contexto, trabajando en lecciones de geografía, lengua, historia, biología, entre otras asignaturas, muchas de las cuales les pueden parecer desfasadas o aburridas, lo que conlleva a que no participen y solo se ocupen de memorizar contenidos, que luego por falta de implicación o de vinculación con la realidad, pronto van a olvidar.

Un aprendizaje que cuesta tanto, para lo fácil que será luego olvidarlo, puede considerarse una gran pérdida de tiempo y dinero, y nos lleva a preguntarnos por y para qué deben aprenderse de memoria hechos, datos y algoritmos, en lugar de aprenderse modelos mentales, habilidades y actitudes, necesarios para comprender y actuar en la compleja vida moderna en la que los jóvenes deben preguntar, buscar, comparar, discutir, evaluar, resolver problemas, administrar, colaborar, crear.

Los niños/as y jóvenes necesitan desarrollar habilidades para tener éxito, para que puedan sobresalir con las destrezas que cada uno posee, y en el futuro no formen parte del alto número de profesionales que se frustran por tener un título pero no encontrar trabajo, o que deciden emprender, pero no saben cómo encaminar su proyecto, y por ende, no les va bien. Situaciones que suceden en gran medida, porque no se les prepara para eso en la escuela tradicional.

A lo que se le llama "reforma educativa" representada por la ya conocida LOMLOE, tiene mucho de política y poco de un cambio real. No se está cambiando lo que los niños están aprendiendo con la intención de prepararlos para el futuro, sino que se sigue enseñando en las escuelas lo que se enseñaba hace décadas, solo que con una que otra pequeña modificación. Esto ocurre porque se instaura una ley cuyo proceso de elaboración fue muy rápido, y sin el amplio consenso que debía tener, lo que impide que se observen avances reales en cuanto a políticas públicas más complejas, y esto se sobrepone sobre los aspectos positivos que la misma posee.

Es importante que los estudiantes más allá de dominar los contenidos académicos de un programa curricular, puedan desarrollar habilidades específicas que no solo los ayudarán a encontrar y mantener buenos empleos, sino que también los ayudarán a convertirse en ciudadanos críticamente informados, capaces de hacer frente a la nueva economía, a la globalización, a los constantes cambios… Entre estas habilidades se pueden mencionar: el pensamiento crítico y resolución de problemas; la creación de redes y liderazgo por influencia; la agilidad y adaptabilidad; la iniciativa y el emprendimiento; la comunicación eficaz (tanto oral, como escrita); la capacidad de acceder y analizar la información, y la curiosidad e imaginación.

Es innegable que nuestro sistema educativo a pesar de los esfuerzos que se han realizado por mejorarlo, aun presenta fallos y limitaciones. Al preguntarnos por qué nuestro sistema educativo no está funcionando bien, una clara y sencilla respuesta pudiera ser: porque aún tenemos un sistema educativo del siglo XIX, con maestros con una formación del siglo XX y unos estudiantes del siglo XXI. Esto representa una mezcla muy heterogénea que coloca a la escuela en contraposición con la realidad; al pasado obrando en tiempo futuro, lo que nos desfasa y aleja del lugar vanguardista e innovador que debe poseer actualmente la educación.

En el siglo XXI hay que enseñar a los alumnos a vivir en la realidad, debe preparárseles para la vida. Sin embargo vemos como hoy en día rara vez se les enseña a los estudiantes a pensar, revelar, opinar, razonar, expresar las emociones, equivocarse, arriesgarse... Asimismo, la creatividad ha sido asfixiada en su esencia, y ahora vemos cómo ella es fundamental para sobrevivir en una sociedad altamente cambiante, demandante y competitiva.

En la escuela que forma para la vida real, lo más importante no está en callar, ni en repetir lecciones como loros, sino en que todos puedan desarrollar sus potencialidades, teniendo en cuenta la justicia, la igualdad, la equidad, y la diversidad. Estos conceptos, aunque muy modernos y conocido por todos, no se han enseñado de manera adecuada.

Por otra parte, vemos también, que existe una brecha infranqueable entre lo que se aprende en el aula y lo que demanda el mercado laboral. Los jóvenes olvidan sus conocimientos nada más salir del aula, y las empresas alegan que no encuentran los perfiles profesionales con las habilidades que necesitan.

Es evidente la necesidad de que las escuelas se adapten a las demandas de la sociedad, y aunque se está trabajando en esto, se debe continuar haciendo más porque el conocimiento que se otorga en las escuelas ya no tiene un valor útil como moneda de cambio para las calificaciones, sino que debe ser útil para la vida, y aún vemos como hay una falta de capacitación práctica relacionada con la vida real, así como la formación para habilidades necesarias para el futuro, y que son incluso más importantes que el mero contenido académico.

Las escuelas deben preparar a los estudiantes para los vertiginosos cambios. Los estudiantes deben aprender para trabajos que aún no se han creado; para enfrentar desafíos sociales inimaginables; y para hacer frente a tecnologías que aún no se han inventado. Se debe preparar a los estudiantes para un mundo globalizado interconectado, en el que los estudiantes entiendan y valoren las diversas perspectivas y visiones del mundo e interactúen con éxito y respeto con los demás, tomando acciones responsables que se encuentren relacionadas con la sostenibilidad y el bienestar social colectivo.

La escuela y la vida real deben darse la mano y caminar juntas para forjar sueños vestidos de realidad, no deben continuar en contraposición, porque esto impedirá poder crear entre todos, el mundo ideal que merecemos.

Pedro Adalid es doctor en Educación y profesor universitario de Políticas de Calidad Educativa y Planes de Mejora

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