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EN SU TINTA

El Barrio (más que nunca) del Mercado 

La pandemia ha vaciado la ciudad, pero el Barrio del Mercado emerge como una pequeña Galia, irreductible y vibrante. Ahí está su gigante, el Mercado Central y sus valientes guerreros, los comerciantes del barrio

Por | 03/04/2020 | 7 min, 49 seg

En este artículo quiero contarles como el corazón de Valencia late con mas fuerza si cabe gracias al gran Mercado Central, ese gigante hoy más humano que nunca y los comercios del barrio que siguen levantando la persiana cada día, no sólo ofreciendo productos de la mejor calidad y de proximidad sino con una sonrisa y el cariño que sólo este tipo de negocios saben ofrecer.    

El coronavirus nos tiene hasta la coronilla, su rastro de muerte y destrucción pesa cada día más, ojalá cuando todo pase seamos de verdad mejores personas. Lo único que antes y después no dejamos de hacer es alimentarnos.

Muchos incluso empiezan a aficionarse a la gastronomía, para ello la adquisición de las mejores viandas y caldos es fundamental. Sirvan estas líneas de sincero homenaje y reconocimiento a algunos de los establecimientos que literalmente nos dan la vida.

Horno Alfonso Martínez (desde 1886)

El local que se asoma desde la calle Ercilla a la popular plaza del Doctor Collado es sin lugar a duda una de las referencias imprescindibles del barrio del Mercado. Las hermanas Laura y Carmen Martínez y todo su equipo no han dejado ni un solo día de llenar el mostrador con la mejor panadería y pastelería que podamos encontrar, desde las variedades de pan a sus tonetes de yema, sus Alfonsitos y las deliciosas monas de Pascua que ya están decorando ese horno lleno de historia y cariño. Me cuenta “al principio teníamos miedo al contagio, pero tomamos las medidas de higiene necesarias tanto en atuendo como en limpieza y aforo y los clientes nos dicen que muchas gracias por estar aquí y emociona”. Además, su amplia y fiel clientela es atendida a domicilio.

No quiero dejar de mencionar a Jorge Civera y su familia, propietarios de Horchatería Collado (desde 1892) que permanece cerrada justo cuando estaban ante la época de mayor afluencia por las Fallas y donde podemos degustar el mejor chocolate con buñuelos de Valencia. Espero que el verano nos permita deleitarnos con su horchata, fartons, leche merengada, café granizado y sus helados artesanales de hielo.

Bodegas Baviera (desde 1870)

Es el año de su 150 aniversario, una fecha muy especial para la que su propietario, Vicente Gabarda lleva meses trabajando con un cariño especial y dedicando cientos de horas para escribir a mano desde el libro que se publicará sobre tal efeméride a las invitaciones para las actividades que se realizaron en febrero y marzo. Esta entrañable bodega no solo provee a los vecinos de los mejores vinos y licores, sino que ofrece conservas, aceites, leche y refrescos como se hacía antaño. Esa venta cercana y familiar, un negocio con futuro gracias a Cuca Gabarda, heredera que te atiende con su característica sonrisa mientras cría a su recién nacida Clarita. Son esos establecimientos con alma los que ahora más que nunca nos hacen sentir vivos y sobre todo, humanos.

El Mercado Central

Nos adentramos en ese coloso de la felicidad, el Mercado Central. Su arquitectura, su estética, sus olores, sus vendedores, sus productos, todo rezuma verdad. Aquí no hay hueco para el self service de comprar, pagar y salir, aquí se vive la vida con cada familia y cada encargado de una parada. Hablamos y conversamos de todo, porque ellos son la gran familia de Valencia. Esto puede sonar a un tópico recurrente en tiempos de bonanza, pero cuando la pandemia asola nuestra cotidianeidad, aparecen ellos y resulta que te dan su teléfono, te dicen que pueden acercarte la compra si lo necesitas no sólo de su puesto sino incluso de otros, ellos también son nuestros héroes.

Rosa Lloris, La Carnicería (desde 1928)

Esta carnicería que ofrece una variedad de hamburguesas y de carnes de máximo nivel es otro de los puestos que siguen al pie del cañón. El testimonio de Quico es claro y rotundo: “Aunque no lo parezca, se genera cierta conciencia de que “tenemos que estar ahí” para dar servicio a nuestros clientes, a los vecinos, a la ciudad, dando incluso servicio a domicilio directo, para ayudar a que esto no sea más caótico. Esto genera cierta unión entre nosotros, los vendedores del Mercado, que somos muchos. Nos comprendemos y nos apoyamos. Las medidas las repasamos continuamente: mascarillas y guantes desechables, mucho jabón, mucha lejía, mucho gel, mucha limpieza, y desde luego nada de contactos. La distancia con el cliente es la adecuada.” Cada bocado a una de sus sabrosas carnes sabe a gloria, la que estos valientes están alcanzando cada día para llenar nuestras despensas.

Frutas y Verduras Irene Guillén (desde 1975)

A escasos metros de la puerta principal del Mercado encontramos un edén de verduras y frutas, gigantescos tomates, sabrosas fresas, pimientos, berenjenas, calabacines y un sinfín de productos de nuestra tierra, impecablemente colocados y presentados. La joven Irene no solo me atiende con amabilidad, me ayuda a colocar las diferentes bolsas en el carro, no duda ni un minuto en facilitarme su contacto, transmite una clara vocación de servicio, un ejemplo para estos tiempos y sentencia: “es una situación extraña, distinta, nadie hemos vivido algo así, te encuentras todos los días situaciones muy dispares.”

Salazones Hermanos Teruel

Junto a Irene, los hermanos Teruel me retrotraen a mi lejana infancia cuando acompañaba a mi abuelo paterno, José Arnau, a comprar salazones, mojama y bacalo y la clásica sardina de bota. Siguen abiertos y atienden con las medidas de seguridad reglamentarias y como todos los demás, con mayor cuidado y facilitando todo, el producto, el envasado, el pago. Sus productos son un placer para nuestro paladar, pero saber quien está detrás y ver el trabajo diario, provoca un mayor deleite.

Fruits Secs Tío Paco

En una de las esquinas que da a la gran rotonda del Mercado vemos un luminoso letrero naranja con la clásica expresión ‘Tío Paco’, en un espacio reducido encontramos los manjares para un aperitivo clásico: patatas y almendras fritas, altramuces y toda variedad de frutos secos (nueces, anacardos, cacahuetes, etc.). Nacho, su joven propietario me cuenta “estamos viviendo una situación muy complicada a nivel personal. Como pequeño autónomo tengo sentimientos encontrados puesto que para superar la crisis sanitaria hace falta confinamiento y esto supone que el negocio no funcione como debería, puesto que la clientela o bien no puede acceder o se limita a comprar lo necesario tal y como debe ser.” Y como tantos, manifiesta su preocupación por el día después” la incertidumbre cuando esto pase como será la recuperación”. Pese a todo el positivismo se abre paso en su discurso y finaliza afirmando: “mi talante es afrontar las situaciones complicadas con optimismo y esperanza. Es la hora de sacar la raza y tirar para delante con ilusión de que estamos más cerca de superar un hecho que marcará nuestras vidas y contaremos a nuestros nietos.”

Marinetta Mia

Uno de los restaurantes de comida italiana más popular de la zona, gestionado por Gaspar Lasso lleva semanas cerrado y muestra su preocupación por “el tiempo que vayan a estar cerrados y los gastos, como pagar las facturas y sobre todo en la hostelería nos preocupa qué nos vamos a encontrar cuando abramos”, así me reconoce su preocupación global por todo lo que está generando esta crisis. La realidad de cientos de locales, muchos de ellos en este barrio del centro histórico que como Marinetta Mia dibujan una ciudad alegre y con espacios donde disfrutar de la vida comiendo y bebiendo.

Galería Joaquín Guzmán, Antigüedades y Arte moderno (desde 1940)

El anticuario Joaquín Guzmán, mantiene su galería de antigüedades cerrada, pero en un comentario en redes sociales alzó su voz para reclamar con una mezcla de humor y crítica el siguiente alegato: “pues yo pienso que un anticuario es un servicio esencial”, quizá no lo sea como la alimentación, pero es verdad que como bien transmitía en su última colaboración en CulturPlaza donde reivindicaba “la belleza en el arte para ayudarnos a superar esto”, y es cierto que llevamos encerrados en casa más tiempo que nunca y es bueno que la armonía y el equilibrio acompañen a nuestro hogar que se ha convertido en nuestro único universo habitable durante un largo tiempo.

Como pueden comprobar el Barrio del Mercado y Ciutat Vella en su conjunto no se rinden y mantienen negocios vitales abiertos y con una atención que demuestra que Valencia les debe mucho a estas personas y familias empresarias, por su profesionalidad y sobre todo humanidad.


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