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'sorolla. femenino plural' en fundación bancaja

El feminismo invita a releer la obra de Sorolla

4/02/2021 - 

VALÈNCIA. Sorolla se ha visto de mil maneras en València. Cada aspecto de su obra pictórica es un posible objeto de retrospectiva. Habitualmente, se piensa desde su maestría y su proceso, y se olvidan otros puntos de vista: “lo que más suele vender de Sorolla -tanto a nivel nacional como internacional- es la luz, el mar y la playa, pero Sorolla ofrece muchísimas ideas y perspectivas de estudio distintas”, explicaba a este diario la doctora en Historia del Arte y Técnica de Museos Isabel Justo hace unos meses. Pero todo puede cambiar.

La ola feminista que ha tomado la agenda pública en los últimos tiempos por fin inunda también el mundo del arte. Instituciones como el Museo del Prado, ancladas en una colección pensada con criterios decimonónicos se revisan ahora para dar una perspectiva de la historia más acorde con las preocupaciones contemporáneas. Porque las obras estaban ahí, solo que no se atendían. En este sentido, tanto la perspectiva de género como el arte social parece que van a adquirir una importancia mayor con esta apertura de miradas.

La inmensa obra que se conserva de Sorolla en el museo estatal dedicado a su producción no iba a ser menos, y buena muestra de ello es Sorolla. Femenino Plural, la exposición que abre la temporada de Fundación Bancaja y que es visitable desde hoy mismo y hasta el 30 de mayo. La sala del primer piso de la Fundación ha hecho un notable acopio de medio centenar de obras provenientes del Museo Sorolla, Fundación Museo Sorolla, Fundacion Bancaja, Museo del Prado, Diputació de València, Museo de Bellas Artes de València, Colección Abelló, Colección BBVA, Colección Pedrera Martínez, San Sebastián Galería Kur, Colección Álvarez de Miranda y la Universidad Complutense de Madrid, entre otras colecciones públicas y privadas.

En la rueda de prensa de presentación, las comisarias de la exposición se afanaron en explicar que esta no es la constatación de que Sorolla fuera feminista ni conlleva una reivindicación discursiva sobre su obra: “Sorolla no era feminista -el voto femenino se aprobaría años después de su muerte y no era un debate presente en la sociedad en la que vivió- pero sí observaba y captaba aquello que le rodeaba con sensibilidad”, explica Lorena Delgado. “Frente a la imagen de la mujer fatal, Sorolla siempre trataba a sus personajes femeninos con respeto y dignidad”, añade Consuelo Luca de Tena. El interés del pintor valenciano por excelencia no es, en todo caso, el de denunciar una situación o proponer un mundo más igual, sino captar una realidad cotidiana, completa y bella.

El recorrido propuesto para la muestra se divide en cuatro secciones. La primera parte, titulada Historia, mitología y otros pretextos, muestra a un Sorolla joven que encuentra en la mitología, y desde una mirada ciertamente orientalista, un pretexto para representar sus deseos a través de los desnudos y el cuerpo femenino.

Más tarde, esto se transforma y produce algunas de las obras de la sección Mujeres del pueblo, en el que ya muestra su interés por personas reales. Lo hace desde Asís a las campesinas; y lo hace más tarde en un corto periodo de tiempo como es su incursión en la realismo social. Trata de blancas, por ejemplo, representa a “las mujeres caídas”, pero lo hace sin paternalismos y con compasión. Aquí se verá a un Sorolla casi inédito, muy poco conocido: aquel que busca retratar las miserias de la sociedad que le rodeaba. Son pocas las obras que conforman esta etapa, pero con una técnica y un objetivo ambicioso.

En Trabajadoras y madres se presenta el Sorolla más reconocible y auténtico: el de las pescadoras de la playa y el de otras tantas mujeres que han de ocuparse de los cuidados y también de trabajar, además de mantener un estatus social y encajar en los estrechos márgenes de una sociedad machista. No es, en todo caso, la intención de Sorolla denunciar esta situación, sino ser un reflejo de esta época. ¿Es suficiente? Pues depende, si lo comparamos con Blasco Ibáñez, que describe a las mismas pescadoras como “malolientes”, mientras Sorolla las capta con naturalidad y dignidad, podría servir.

La otra cara de la moneda la ofrece Elegante y modernas, una serie de retratos de la burguesía y la aristocracia, de mujeres que representan ese inminente paso hacia adelante (todo es más fácil cuando la clase social acompaña) en la moda, la cultura y la vida pública. Finalmente, esta muestra en la Fundación Bancaja llega del Museo Sorolla con una nueva sección, Escenas familiares, en el que se reúnen algunas obras dedicadas a su mujer Clotilde y a sus hijos y donde se desprende una pasión y un amor genuino.

¿Un nuevo punto de partida?

Que Sorolla no sea feminista no indica que no se pueda sumar al carro de ser releído desde un código más contemporáneo. Por primera vez, su obra llega a València a partir de un discurso sobre su contenido, sus intereses y su mirada sobre el mundo que vivió, con sus luces (por supuesto) pero también con sus sombras. ¿Es esta exposición un nuevo punto de partida con el que empezar a revisar su obra desde nuevas aristas menos superficiales a las que estamos acostumbrados? Sorolla. Femenino plural muestra el potencial que tiene. Mirando al futuro, el guante está echado, la sociedad preparada, y solo falta (como casi siempre) la suma de la voluntad de las instituciones.

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