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PUNTO DE PARTIDA / OPINIÓN

El lobby toreret

Foto: EFE/BIEL ALIÑO
8/09/2022 - 

Ha llegado tu momento tras meses de espera. Te calzas los pantalones blancos de chándal y las deportivas de domingo y te preparas para empezar tu particular gira. Vila-real, Almassora, les Useres, Borriol… Te esperan en todas las plazas. Incluso se podría decir que te desean en todas las plazas. Eres único: viril, valiente, guaperas. Rebosas testosterona. Mirada intensa y grandilocuencia en la actitud. Atributos, todos estos que tienes, que no te sirven para absolutamente nada en la vida real pero que ahora, en un pequeño lapso temporal entre junio y septiembre, te convierten de repente en alguien ampliamente aclamado a lo largo y ancho de la provincia.

Aparcas el Audi A3 rojo tango en cualquier calle y caminas hasta la plaza. Allí te esperan los compadres de afición. Como tú, viven resguardados por un apodo que refuerza los aires canallas que os gastáis. El Rata, el Navaja, el Rulas. Comentáis la jugada y os preparáis para la tarde. Hay seis vacas y dos toros cerriles y las vacas están delgadas pero en el encierro de esta mañana un par de ellas se han vuelto para atrás y los toros no es que sean demasiado grandes pero parece que tienen buena pinta. Miráis hacia la parte superior de las barreras y comprobáis que cada vez hay más gente entre el público. Sentís satisfacción y no es para menos porque todos los que salen a ver los toros buscan, en el fondo, disfrutar de vuestra destreza. De tu destreza, de hecho. Que aquí sois muchos pero no hay que perder de vista que cada uno viene a lucir lo suyo.

Suena el fsssssht pum del cohete que anuncia el inicio de la fiesta y te preparas. Das unos cuantos saltitos como si fueses un futbolista que calienta en la banda y esperas la salida del animal. Es una vaca y aunque las vacas sean objetivamente menos peligrosas a ti no te gusta confiarte frente a ellas. Están muy resabiadas después de tantas plazas y les basta un solo error por tu parte para darte un revolcón que te escalde durante horas. Vaya, exactamente igual que haría cualquier otra hembra, piensas con una pícara sonrisa dibujada en la cara.

Bous al Carrer en la localidad castellonense de L'Alcora. Foto: EFE/BIEL ALIÑO

Otro fsssssht pum y al fin se abre la puerta de toriles para dejar paso al primer toro de la tarde. Analizas minuciosamente la salida para entender el trasfondo de toda su potencia y te dejas fascinar por cada uno de sus movimientos. Joder, qué buen toro y cómo vas a disfrutar con él. El pecho te desborda por la emoción de ese momento previo al encontronazo entre ambos y decides que el público goce palpando la tensión. Te acercas. Se acerca. Sigues midiéndole la mirada y te colocas en el punto exacto para una buena faena, ese punto que queda a igual distancia de todas las barreras que te envuelven. Y es entonces cuando haces lo que mejor sabes hacer: das un saltito, lo provocas y echas a rodar hacia tu derecha buscando cobijo entre los barrotes metálicos.

Qué de puta madre. Lo has conseguido. La plaza estalla en aplausos y el público se rinde ante tu talento. Te espolsas la tierra de la ropa y reapareces orgulloso para recoger personalmente las muestras de cariño. Compruebas una vez más que los tíos te admiran y que las señoras de mediana edad corean tu nombre porque madre mía con las señoras de mediana edad, que no lo parece pero hay algunas más toreras que el mismísimo Hemingway. En lo que queda de tarde arriesgas menos porque ya has tocado techo con el primer pase pero te mantienes en tu posición. Nunca sabes si vas a tener que socorrer a un compañero o si alguna guapa muchacha te picará el ojito para que vayas a buscarla por la noche.

Y así es como vives. Te recreas en las mieles de una pasión difícil de explicar y cueces a fuego lento unas ensoñaciones de triunfo que reposan en el palmarés de múltiples veranos frente a los toros. Hasta que un buen día te llega un pantallazo que te da muy mala espina. Es un titular de prensa y dice que tal o cual político pide limitar los bous al carrer y luego añade que tal o cual activista pide que se prohíban los bous al carrer. Lo lees y lo relees y no sales de tu asombro. Pero bueno, gritas para tus adentros, quien narices es esta gente para hablar sobre los toros. Joder, si no os gusta no vayáis. Que a mí no me gusta el futbol y no doy por culo a la afición pidiendo que lo prohíban. Te enfadas mucho, muchísimo. Porque si eso sucediese, si verdaderamente llegase alguien –un ecologista de mierda, seguro- y prohibiese los toros, ¿cómo podrías vivir tú sin los aplausos que te alimentan el ego cada verano?

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