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NO ÉRAMOS DIOSES. DIARIO DE UNA PANDEMIA #63

El mal menor

Foto: EFE
10/06/2020 - 

VALÈNCIA. Me he despertado temprano. La habitación estaba a oscuras, como siempre. Hoy me resistía a levantarme porque hay mañanas en que no te apetece asomarte al mundo. Durante hora y media he mirado el techo, con la mente ausente, envuelto en una sabana como si fuese una mortaja. He pasado frío. Luego los albañiles han empezado con los golpes dichosos. Es cuando me he incorporado de la cama.

El Gobierno pinocho se resiste a dejarnos enteramente libres. A poco más de una semana para que venza la última prórroga del estado de excepción, se ha sacado otro decreto de la manga para seguir atándonos en corto. La nueva normalidad, con sus mascarillas obligatorias, su distancia social y su palabrería, traerá un mayor intervencionismo del Estado en nuestras vidas. Seremos menos libres a cambio de una falsa seguridad.

Ha muerto Pau Donés “después de una larga lucha contra la enfermedad”. Entrecomillo la expresión porque es un lugar común en el obituario de cualquier famoso que ha fallecido de cáncer. Me ha pasado lo mismo que cuando murió el hijo de Ana Obregón, que lo he sentido porque el personaje parecía cercano y amable. Donés componía canciones, y la música hace más habitable la existencia de la gente. Por eso le debemos estar agradecidos.

Foto: EP

“Una ensalada es lo que toca” 

Menos mal que en el restaurante no me han ofrecido un menú con ensalada mixta o rollitos de primavera de primer plato. Me hubiera levantado con el mantel puesto. Ya estoy harto de comidas insustanciales. Unos macarrones a la boloñesa, un arroz al horno, una fideuá o incluso un triste hervido valenciano, ¡tanto cuesta cocinar uno de estos platos! “Es que en verano una ensalada es lo que toca”, dicen los entendidos de plato único. Pues no: una ensalada será siempre un complemento pero nunca podrá sustituir a un primer plato, ni siquiera en agosto.

En la mesa de al lado come una pareja joven junto a una niña de cinco o seis años que saca muñecos de un estuche de cartón. El hombre y la mujer viven en domicilios distintos, así que deduzco que están separados. Él es francés y ella española. Durante la comida hablan en las dos lenguas, como la niña. Esta gente bilingüe me da mucha envidia. Él joven comenta de pasada que a su padre lo han operado de urgencia en Francia, y pasa a otra cosa. Comen a la carta —bacalao y entrecot— y para la niña piden medio menú, calamares a la romana con toneladas de kétchup.

Tres meses hincando la rodilla

Se ha puesto de moda lo de hincar la rodilla para solicitar justicia por la muerte violenta de George Floyd. También lo ha hecho la congresista demócrata Nancy Pelosi, poniendo en grave riesgo la salud, dada su avanzada edad. Los demócratas apuestan por jóvenes valores: Joe Biden, el candidato presidencial, cumplirá 78 años en noviembre.

A nosotros es innecesario que nos enseñen a hincar la rodilla. Lo llevamos haciendo desde el 14 de marzo, fecha del inicio del estado de excepción, y así nos quieren y así seguimos, humillados y ofendidos.

Foto: Michael Brochstein /ZUMA

En Bristol y Londres la turba ha atacado las estatuas de personajes históricos en manifestaciones contra el racismo. Una de ellas ha sido la de Churchill. Si no hubiera sido por él, los ingleses habrían sabido lo que es un racista de verdad, que hizo la I Guerra Mundial de cabo y tenía sólo un testículo.

La muchachada, que sólo ha consumido la papilla ideológica que le sirven en los institutos, enjuicia el pasado con los ojos del presente. Esto lleva al error de ignorar el contexto de una época, que explica los valores, las ideas y los comportamientos de algunos de esos personajes.

Derribar la monarquía, objetivo último

Van a por Juanito, como le llamaba doña María de las Mercedes, su madre. He leído que hasta le están buscando un país para exiliarse. No creo que sea para tanto. Primero irán a por Juanito, pero el objetivo es su hijo Felipe y la monarquía, último dique de contención para los que se han propuesto dinamitar este país.

La Iglesia, en su inmensa sabiduría, porque es santa y es pecadora, aconseja entre dos males elegir el menor. En la vida rara vez escogemos entre el bien y el mal; lo habitual es que debamos medir el tamaño de dos males antes de decantarnos por uno. La obligación de elegir entre dos realidades desagradables es la regla en política. Uno elige y se atiene a las consecuencias.

Así, entre Pablo Casado y un maniquí con ínfulas de dictador, escogeré al primero, aunque le falte pegada y sea demasiado decente para gobernar un país como España.

Entre la democracia imperfecta de Estados Unidos, gobernada por un loco —un loco elegido en las urnas— y la tiranía china de Xi Jiping, me quedo con la primera. Trump pasará mientras que al tirano Xi sólo lo jubilará la muerte.

 Y entre un Borbón corrupto, despreciable en el fondo y la forma, y un bribón comunista, siempre me decantaré por el monarca caído en desgracia. Porque de un Borbón supuestamente comisionista nunca deberé temer por mi vida, pero de un bribón comunista con poder, que se las daría de virtuoso e incorruptible en una república, sí temería por ella. Los fanáticos son siempre una amenaza para el cuello de un disidente, como enseña la historia.

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