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remember pop

El 'remember' de los 80 reconquista el otoño valenciano

The Waterboys, Front 242, Lisa Stansfield, Immaculate Fools,… Valencia tira de nostalgia para recibir el otoño

18/09/2015 - 

VALENCIA. Mecanografiaba Julio Cortázar en su hit mainstream que todo lo que se escribía en aquel entonces y valía la pena ser leído estaba “orientado hacia la nostalgia”. Rayuela vio la luz por primera vez en 1963 con su capítulo 71, aquel en el que el escritor argentino hablaba del “complejo de la Arcadia”, del “retorno al gran útero”, del back to Adam y de le bon sauvage. Con más de medio siglo en el colodrillo de Horacio Oliveira, en 2015 sigue siendo verdad que se puede suprimir todo salvo la nostalgia; como con casi todo hemos aprendido, más de 50 años después, a rentabilizar el encuentro entre la pena del recuerdo y la dicha de haberlo vivido.

Se veía venir. Hubiera sido absurdo no aprovecharlo. Cosas peores se han hecho en nombre de la supervivencia financiera y el marketing. Sería un insulto a la inteligencia no explotar el componente evocador de la música, ese que estimula directamente el centro de las emociones y, por tanto, el de la nostalgia; esté donde esté. Lo que en cierto momento se bautizó de forma peculiar como remember y que, discotecas mediante, se estableció como una especie de transgénero musical casi siempre poco adecuado, ha desarrollado paulatinamente un nuevo capítulo no demasiado alejado de sus amados 90. Entre lo retro y el remember, la humanidad camina en círculos recorriendo las últimas cinco décadas una y otra vez.

El citado remember puede extrapolarse en 2015 con verdadero rigor (no mortis) y, quizá, incluso con más gusto y menos turbiedad, gracias a una serie de giras y conciertos que tienen en Valencia una cita especial. Es el caso, por ejemplo, de Immaculate Fools; el grupo de Kevin Weatherill fue leyenda a mediados de los 80 y, especialmente, en Valencia, donde llegó a alcanzar un estatus difícil de igualar lejos del Mediterráneo. Los ingleses regresaron el 12 de septiembre a Valencia, desde donde han empezado una gira española en la que tratarán de reverdecer viejos laureles. En realidad, sólo su cantante se mantiene de la formación original, pero no hace falta más: Immaculate Fools colgaron el cartel de no hay entradas en la Rock City de Almàssera.

“Fue un sold out días antes del concierto”, cuenta Agustín Ruiz, ‘Kono’, gerente de la sala, con un aforo de unas 500 personas. “A nivel de banda, en todos los aspectos fue excepcional, unas de las mejores puestas en escena y producción que han pasado por Rock City en estos cuatro años: el público entregado y con una respuesta del 100%”. Ruiz reconoce que, a pesar de que últimamente se están habituando a colgar el cartel de no hay entradas, “los conciertos con bandas de los 80 como norma general siempre tienen buena respuesta, es un público muy fiel”.

SER NICHO DE MERCADO 30 AÑOS DESPUÉS

“Público hay. Hablamos de grandes bandas de sobra conocidas y del reto que supone haber conseguido, entre promotores valencianos, uno de los mejores otoños para la música en directo de los 80 y 90 en España”. Enrique Fernández Ybarra, experimentado promotor de grandes conciertos (entre los que se encuentra el de Madonna en Cheste en 2008), ayuda a que ese otoño al que se refiere crezca en entidad con el proyecto Stars a Les Arts.

El ciclo, “un contenedor en el que se va a desarrollar una programación sostenida de bandas y artistas que en algún momento de su carrera dieron el gran golpe y vendieron millones de copias de un disco o una canción”, se suma a la tendencia neoremember que ha brotado con fulgor renovado por la segunda juventud en Valencia. Tony Hadley (cantante de Spandau Ballet) el 26 de octubre, y Level 42 y Lisa Stansfield el 26 y 27 de noviembre, respectivamente, harán acto de presencia “con exclusividad” en el Auditorio del Palau de les Arts para regocijo del espectro maduro valenciano. Pero no es nostalgia, según el promotor, “es un derecho a volver a tener una oferta para las generaciones de más de 40 años”.

Iván Labarta, de Mundosenti2, socios de Tranquilo Música en la travesía de The Waterboys en Valencia (24 de septiembre, Sala Repvblicca), lo tiene claro también: hay público para tanta nostalgia. “Immaculate Fools, The Waterboys, Front 242, Level 42,… son artistas que se dirigen a públicos diferentes; salvo los dos primeros que pueden compartir algo de público, cada uno de ellos tenía su nicho de mercado en los ochenta y lo siguen teniendo hoy en día”, expone Labarta.

LA SEGURIDAD DEL HISTORIAL

“No me gusta la nostalgia, salvo que sea la mía”. Lou Reed flota en el ambiente y, a pesar de que la nostalgia esté agazapada para salir cuando se apaguen los focos, la lógica dicta que haría tándem ganador con la madurez de los bolsillos; la veteranía otoñal de los escenarios puede tener cierta explicación en la seguridad económica del (supuesto) mayor poder adquisitivo de ciertos espectros demográficos. “No es seguridad, es una cuestión de ofertar grandes bandas a un público al que le llega menos surtido de música en directo. Tenemos limitaciones, hay artistas que son y fueron grandes estrellas, que difícilmente podremos incorporar al ciclo por su coste”, explica Fernández Ybarra.

Desde Mundosenti2 recuerdan que las entradas de The Waterboys son las más caras de este otoño porque “es el artista más caro con diferencia de los que nos visitan este otoño”, y no influye en ningún caso que el bolsillo de cierta generación dé para más alegrías que el de otras. “No subimos el precio porque el público tenga un poder adquisitivo u otro; en el caso de The Waterboys los hay de diferentes niveles, y algunos han de hacer un esfuerzo considerable para comprar la entrada”, detalla Iván Labarta, que recuerda que los impuestos (el 21% de IVA y el 10% de derechos de autor) “en una entrada de este precio son un pico”.

En el negocio de la promoción de conciertos no existe la seguridad o la apuesta segura. Aparentemente. “Lo que te da lo extenso de una trayectoria es poder tener un retrovisor al que mirar para tomar decisiones: con The Waterboys va a ser el cuarto concierto que hacemos en los últimos diez años, y eso te permite tener un histórico de ventas y un pulso del interés por el artista”. Labarta reconoce que, a pesar de que el trabajo de promotor es “jugar a la ruleta rusa de la venta de entradas” y siempre existen las sorpresas, con un artista “de menos trayectoria” existen “menos elementos objetivos sobre los que tomar la decisión de apostar o no por él”.

TODO MUERE MENOS LA NOSTALGIA

“Un artista caro y una sala con aforo limitado es un binomio que no casa”. Aunque confiesa que “puede darse el caso de artistas que no podrían actuar en la ciudad por no poder contar con salas de aforo adecuado”, Labarta estima el aforo de The Waterboys en un 70% y reconoce que Immaculate Fools agotó “pero no hubiese vendido mucho más, y pasar a salas de aforo mayor puede suponer mayores costes de producción que no compensan ese plus que se pueda vender”. “Los aforos viene definidos por los tickets que crees vender en unas condiciones determinadas de precio, fecha, competencia”, coincide Fernández Ybarra.

Y todo esto a pesar de la vorágine remember. “Valencia tuvo una escena muy particular en los 80, había artistas que salían de Inglaterra para hacer un único concierto y no actuaban en ninguna ciudad más: por supuesto ese artista seguirá sin despertar interés en otras ciudades”, rememora Labarta, que pone el ejemplo de The Cult, “una banda que en sus primeros shows en España vendió más entradas en Valencia que en Madrid y Barcelona y a día de hoy sigue haciéndolo”. Por su parte, el promotor de Stars a Les Arts matiza: remember es actualidad, tiene su espacio, los 80 y 90 en Valencia nunca se han ido”.

“En Valencia somos muchos consumidores los que tenemos ganas de volver a ver a los grupos que significaron algo en nuestras vidas, grupos que siguen haciendo nuevos trabajos”, explica Fernández Ybarra, que apostilla la clave que alimenta el remember: “grupos que siguen vivos”. Vivos, muertos, o muertos vivientes, la consolidación del resurgir maduro en el otoño valenciano viene a confirmar lo de que decía Cortázar en Rayuela: “se puede matar todo menos la nostalgia del reino, la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña”.

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