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El sur de Baptiste Bailly está en ‘Suds’

28/07/2021 - 

VALÈNCIA. Baptiste Bailly, un millenial del piano (nacido en 1992, en un población cercana a Lyon, Francia) vive en los sures mentales y físicos que hay en España y en su país natal. De sus idas y venidas ha nacido su primer trabajo en solitario, Suds, un disco vertebrado en el piano y en la improvisación que cuenta con una sólida base de producción musical y experimentación controlada. Este particular cuaderno de viaje incluye texturas electrónicas y la propia voz del artista. Suds es la historia de una relación personal y artística con dos espacios del Mediterráneo

“Más que como músico, me defino como un compositor. Siempre aprendí mucho creando melodías, imaginando texturas, armonías... Me encanta recolectar ideas en varios estilos, para no quedarme en mi zona de confort. Me interesó el Jazz, Bach, Ravel, luego el flamenco, ahora la música celta. Me gusta extraer de todos estos estilos e ideas para luego incorporarlos a mi mundo de improvisador. No intento dominar un estilo en concreto, esta búsqueda no me motiva. Lo que me anima, es aumentar mi lenguaje personal. Para hablar algún idioma, necesito conocer más palabras. Cuando oigo alguna palabra que no conozco y que me suscita curiosidad, intento entenderla, y luego usarla en otro contexto. Así poco a poco, creo acercarme a una música que me define más, que se acerca a mi persona íntima. Cuanto más controlo un lenguaje musical extendido, más puedo expresar sentimientos complejos. Quiero intentar contar algo verdadero. Lo más honesto y profundo posible”.

Su primer contacto con España sucedió hace un lustro: “Mi primer viaje a España fue en 2015, a Barcelona, donde me quedé 6 meses estudiando en el Esmuc, vía la organización europea Erasmus. Allí me encantó la conexión directa con la música, la manera de tocar de los otros jóvenes estudiantes, y de los músicos de la ciudad. En general, tenía la sensación que estaban más conectados con la música, con el Duende, y que en Francia el mundo musical, y en particular el jazz, se trata de manera demasiado intelectual. Más allá de la música, me parece que los intercambios humanos en España son más directos, sinceros, táctiles... encontré a mucha gente de talento y de gran generosidad. En Francia me parece que tenemos muchos códigos sociales, incluso entre músicos, y eso a veces me genera ansiedad o timidez”. 

“Cuando llegué a València exploré el flamenco el world music con acentos flamencos, que es algo que se hace especialmente aquí. Conocí a músicos como David Minguillon, David Gadea, Ales Cesarini, y más tarde, a Carles Denia, Elma Sambeat, Efrén Lopez.... Estos me abrieron una puerta muy grande sobre mundos musicales que no conocía antes, o solo conocía de manera anecdótica y exótica”. Bailly atesora proyectos conjuntos como el formado con el guitarrista Minguillon, en él practican una conversación entre guitarra y piano que recibe el título de Diálogo con un duende. El trabajo, sosegado y luminoso, muestra la tendencia de Baptiste hacia los sonidos propios del flamenco.

“De los viajes a España, aprendí un idioma, otra manera de vivir, de comunicarse, de estar en sociedad. También una cultura de música mediterránea y flamenca. Todo esto en Suds viene a confrontarse y unirse con mis raíces francesas”. A la calidez del Mediterráneo español se le une una fotografía del medio rural francés. “Los paisajes de mi infancia son montañas planas altas de 1200-1500 metros de altitud, que son desérticas: los Hautes Chaumes, cerca de Montbrison. Hace mucho frío en invierno y hay un silencio inimaginable todo el año, porque estos sitios están lejos de todo. Son paisajes que me inspiran un espacio musical, el sentido del silencio. Creo que los temas Neiges y L'arbre au secrets representan estos paisajes. L'arbre au secrets está dedicado a un árbol situado en estas montañas, tiene una forma rara, perpendicular respecto al suelo, y uno se puede sentar encima, a un metro del suelo. Ahí voy de vez en cuando y le cuento mis cosas. También hace parte de este paisaje rural, los valses musette de los bailes populares —el valse musette o vals francés pieza bailable de corte pastoril creada en siglo XVII—. Mi padre tocaba el acordeón en casa, tocaba un repertorio musette y folklórico. Una de las cosas que me gusta mucho hacer, es tocar valses antiguos de los años 30 al piano. Lo hice junto a David Minguillon con el tema Passion, también en mi disco anterior Pensión Almayer con el tema Minouche de Tony Murena. En Suds aparece Les Yeux de Sara, que es una composición directamente inspirada de esta cultura francesa”. Pensión Almayer es el reflejo del trabajo del Trío Baptiste Bailly, una formación en la que participa el contrabajo de Ales Cesarini y las percusiones de David Gadea. 

Cada día reservo algún momento para la creación musical, tanto para improvisar como para componer. Intento inventar algún trozo de melodía en cada jornada de trabajo. Hay muchas que no conservo pero a veces, hay un día en el que la melodía me inspira más, y de este trocito hago una estructura. O no sale o sale de una, muy rápidamente, tres horas después tengo un tema acabado. Es lo que pasó en Jeux, que grabé al día siguiente de su creación. Al principio mi idea era grabar mis temas preferidos para hacer una maqueta para presentar a otros músicos y grabar en banda. Pero disfruté mucho al momento de grabar, poco a poco apareció la idea de ir hasta el final, y de producir un solo. Grabe el disco en València en una casa, la de Miguel Polo. Miguel es una persona fantástica que apoya mis proyectos artísticos, y me ofreció el alojamiento y la posibilidad de grabar el disco en su casa. Gracias a él sale este trabajo”.

Casi la totalidad de composiciones de este disco fueron realizadas entre agosto de 2019 y febrero de 2020, fecha de la grabación. “Había grabado más temas que no metí. Compuse también muchas cosas directamente grabando, por ejemplo el primer tema que es una improvisación: Suds - Part 1, la Coda de Soie o Des Neiges. Son temas que me gustaban mucho, pero que no tenían un desarrollo completo. Ahí empecé a improvisar con teclados, construyendo el desarrollo. Tocar solo piano obliga a tener más imaginación para evitar usar siempre los mismos recursos. Es una dificultad y también algo positivo, porque te obliga a buscar más ideas”. 

¿Por qué València? “La ciudad ofrece una escena musical potente. No es como las grandes ciudades donde puedes quedarte en un estilo determinado y seguir todos los días en contacto con músicos de ese estilo. València tiene unos pocos artistas de cada género, entonces al final todo el mundo acaba tocando con todos, mezclando el reggae con jazz, barroco con electrónica... Esta manera de ver la música como terreno de juego libre y sin fronteras estáticas me seduce muchísimo”. 

Lo que no hay en España y por ende, en València, son ayudas a la creación y protección al artista. “Francia tenemos muchísima suerte de estar defendidos por el Estado. Es un poco complicado entender cómo funciona este sistema, pero básicamente, cada uno tiene que justificar un mínimo de facturas cada año. Si cumples esto, tienes derecho a un paro el año siguiente cada día que no subes al escenario. Al creador le da una seguridad económica, tiempo para proyectarse en el futuro. Francia es el único país que hace eso. Es obviamente una cosa genial, pero también sospecho que viene de este "confort" la visión más intelectual del arte en Francia. Me gusta que el músico en España parece ser más como un artesano de la música, tiene un trabajo más popular, terrestre. De la dificultad que es vivir de la música en España he aprendido a ser más humilde, a ser eficaz durante los ensayos”. 

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