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SERIE DE ESPACIOS DE TRABAJO CREATIVO

En tu ofi o en la mía: Ricardo Alcaide

El discreto encanto de un estudio de Benicalap desde donde se pergeñan escenarios para todo el mundo

4/07/2018 - 
Lugar: Estudio y taller Ricardo Alcaide
Dirección: Calle D'Agullent, 6 y calle Carles Cortina, 21, València.
Metros cuadrados: 70 (estudio)
Año de inauguración: Febrero 2018
Trabajadores: 3 personas

VALÈNCIA. Ricardo Alcaide, rara avis. Diseñador de formación, terminó siendo productor de sus propias ideas cuando le contrataron para generar escenografía en el Teatro Romano de Mérida. Pasó del plano al volumen y desde ese instante fluctúa entre dimensiones. Ha reinventado para sí mismo la profesión: “diseño con mente de constructor”. La atracción de poder ver plasmadas en la realidad las ideas que imaginaba. Escenarios para espectáculos, para ferias, elementos urbanos, creaciones oníricas… De València a China, con paradas intermedias, Alcaide termina haciendo lo uno concibe, o incluso lo que parecería inimaginable.

Foto: EVA MÁÑEZ

Pero si es sabido ya cómo embellece los lugares de los demás, adentrémonos en el suyo propio. Cómo es el espacio de trabajo de Alcaide. Primera conclusión: necesita dividir su vida creativa entre un taller tumultuoso en Ciudad Fallera -ese cosmos de naves donde la libertad toma cuerpo de cíclope- y un escueto estudio en Benicalap.

Apenas hay rastro de su presencia en la calle Agullent. El misterio prodigioso de levantar, desde un pequeño bajo en el barrio, un laboratorio de ideas escénicas para todo el mundo. Llamar a la puerta, justo al lado de una herboristería, tras una fachada gris y anónima, es toparse con Alcaide en su momento eureka: “En la tranquilidad cuando enciendo el flexo y puedo rayar mis ideas”.

Foto: EVA MÁÑEZ

Se trasladó hasta aquí ajeno al hype de las calles de moda, al margen de la centralidad, para buscar un anhelo del creador deslocalizado: tranquilidad en el trabajo y cercanía, muchas cercanía, al lugar desde donde produce, su nave, su taller. “Especialmente necesitaba acceder fácilmente a él, esto es importante porque casi siempre estoy entrando y sacando materiales, maquetas, prototipos… el centro de la ciudad es impensable”.

En su pequeño estudio, antes había un kiosko. Cada pared estaba pintada de un color diferente y los blísters de las chuches dejan huella. Hoy los prototipos ocupan el espacio, ejemplifican los artilugios y cachivaches de cada paso que ha dado.

Foto: EVA MÁÑEZ

El libro Escenógrafos, de Tony Davis, ocupa un espacio reverencial: “me acompaña desde que inicié mi etapa profesional en solitario. Son los casos prácticos de profesionales de las artes escénicas, teatro, danza, ópera... se muestran los procesos creativos de la escenografía, desde los apuntes a lápiz de la idea, la maqueta y el resultado final en el espacio escénico”.

Y sobre sus apuntes, los bocetos de una rueda giratoria para una serie de televisión (“uy, ¿se puede contar?”). Las hojas de un renacentista capaz de hacer magia y teatro a partir de un elemento mínimo: “convertir la calle en una obra de teatro”. Como cuando al paso de la carroza por la calle San Vicente camino a la plaza del Ayuntamiento, en la cabalgata de Reyes, el hielo seco produjo humo y un aura de otro tiempo tomó la escena.

En su estudio un paraban refleja la visita de un productor chino que, emocionado con los objetos que Alcaide producía, terminó regalándoselo, engalanado con imágenes de Shanghai. Hacia la ciudad asiática envió las piezas de un gran escenario encargado por el gobierno chino para una obra de teatro.

Foto: EVA MÁÑEZ

El creador Alcaide recomienda para los espacios de trabajo limitar el exceso decorativo: “prescindir de aquello que sobre y necesariamente no aporte nada al espacio. A veces cargamos demasiado los espacios dejándolos vacíos de personalidad”.

Desde la Ciudad Fallera y desde un antiguo kiosko de Benicalap, se imaginan objetos y estructuras mundiales.

Foto: EVA MÁÑEZ 

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