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UNA VERDAD INCÓMODA / OPINIÓN

Entre tibios y traidores

12/02/2021 - 

Estamos abocados a unas elecciones autonómicas históricas en Cataluña. Históricas, por celebrarse en mitad de una crisis sanitaria sin precedentes. Históricas, por el protagonismo que están teniendo los políticos delincuentes condenados por nada menos que dar un golpe de Estado en 2017. Históricas, por suponer la entrada en el Parlamento catalán de la fuerza política cuyo trabajo y esfuerzo, en solitario, llevó a la entrada en prisión de los anteriores. Vox está siendo el claro protagonista de la campaña electoral. Y lo está siendo, precisamente, por hacer campaña. Ya vimos con infinita tristeza como eran reventados los mítines del partido de Santiago Abascal, mi partido, en las pasadas autonómicas vascas y gallegas, pero la violencia que están sufriendo en Cataluña nuestros candidatos y militantes en todos y cada uno de los actos es el fiel reflejo del terror que padecen los acomodados separatistas por el hecho de que en el Parlamento se vaya a hablar del infame y falaz negocio que supone el secesionismo. Una auténtica industria política encaminada a enriquecer a unas élites traidoras a la Constitución mientras se divide a la sociedad catalana entre “buenos” y “malos” catalanes, entre “patriotas independentistas” y “colaboracionistas”, entre “demócratas” y “fascistas”. 

La única realidad es que nadie, absolutamente nadie, va a ganar con la balcanización de España. Solo servirá para mantener a unos delincuentes cobrando un sueldo público a costa de la generación incansable e insaciable de odio entre familias, grupos de amigos y municipios enteros. Y, para ello, son capaces de quebrar durante generaciones la convivencia y, en último lugar, la idea de soberanía nacional. La educación pública catalana y los medios de comunicación públicos -y parte de los privados a sueldo de la Generalidad- se encargan de caricaturizar el sentimiento personal -y de grupo- de pertenencia a España y el orgullo de formar parte de su cultura, Historia y tradiciones. Han arrinconado -con la colaboración de los distintos gobiernos centrales- el español como lengua vehicular, vertebradora de lo que nos une a los españoles y, por ende, a los catalanes. Su preferencia cuasi exclusiva por el favorecimiento de la inmigración de países africanos dista mucho de ser una cuestión social. Los ideólogos del procés -fieles devotos del diabólico proceder del propagandista nazi Goebbels- conocen perfectamente que entre la población de países hermanos hispanoamericanos el español como lengua materna es insustituible por el catalán y que, por ello, es mucho más difícil inducir la recepción del separatismo como ideología. 

El nazionalismo -sí, con “z”, por supremacista y excluyente-, lleva creciendo cuarenta años y trae su causa en el crecimiento general y exacerbado del catálogo de competencias autonómicas. Tampoco es cuestión baladí que seamos uno de los pocos países europeos que permiten que partidos políticos que en su programa electoral propugnan por la separación de una parte del territorio nacional se presenten a las elecciones. Lo diré abiertamente: si quieren culpables de esta situación, busquen en la complicidad de los grandes partidos -PP y PSOE- por haber cedido soberanía a cambio de un puñado de votos en gran parte de las investiduras de Gobierno. El buenismo nunca ha servido ni servirá para proteger la supervivencia del Estado social y democrático de Derecho.

El propio Presidente del Partido Popular, Pablo Casado, en una inusitada entrevista en el principal medio radiofónico del separatismo, Rac1, evidenció la tradicional claudicación ante el totalitarismo de ERC y JxCat. Dijo, y cito textualmente, que “las cargas policiales del 1-O se tenían que haber evitado”. Al parecer al PP no le gustó que un juzgado obligara a detener lo que a todas luces era un auténtico golpe de estado. Es esa falsa moderación, esa equidistancia, la que sirve, además de para legitimar las aspiraciones secesionistas, para dar cobertura a la idea de que lo que allí hubo fue violencia policial. Y nada más lejos de la realidad. La Policía Nacional y la Guardia Civil cumplieron escrupulosamente y poniendo en riesgo su propia integridad las órdenes de los tribunales para la protección de la Constitución.

Contra el totalitarismo que da golpes de estado y que moviliza a sus huestes y su innata violencia para sabotear actos de campaña de Vox -o de cualquier otro partido constitucionalista- solo cabe la aplicación de nuestra Carta Magna. Y contra la manipulación educativa y mediática, ídem. Es vergonzoso e inadmisible que una institución como la Generalidad de Cataluña ordene a su policía autonómica -los Mossos d´Esquadra- que evite disolver las concentraciones violentas en plena campaña política. Pero escuchando las palabras del líder de los populares, éste debe estar totalmente satisfecho. Él hubiese evitado las cargas policiales contra los terroristas callejeros el 1-O. No hay motivo alguno que nos haga pensar lo contrario respecto de los ataques a Vox y la pasividad policial al respecto. Pero, como dice Abascal, “si la verdad crispa, bienvenida sea la crispación”.

Esta es una verdad incómoda, pero alguien tenía que decirlo.

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