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entrevista - elena cebrián, consellera de agricultura

"La solución del agua es conjunta: no basta solo con la desalación ni con los trasvases" 

La consellera reflexiona sobre las fórmulas para resolver las deficiencias hídricas valencianas: insiste en que el ministerio invierta para respaldar las desaladoras y, al mismo tiempo, solvente problemas de inversión para el trasvase Júcar-Vinalopó

14/03/2016 - 

VALENCIA. El problema del agua ha sido, especialmente en la Comunitat, un conflicto político en los últimos lustros. El perfil eminentemente técnico de la consellera de Agricultura, Medio Ambiente, Cambio Climático y Desarrollo Rural, Elena Cebrián, conduce este asunto por otros derroteros y así lo demuestra en su encuentro con Valencia Plaza.

Así, la responsable autonómica insiste en que debe existir una "visión de conjunto" sobre el problema, que no se solucionará empleando un único medio. "No basta solo con la desalinización, ni tampoco con los trasvases, ni con la regeneración del agua... hay que combinarlo todo", explica. 

-El socialista Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, ha anunciado estos días que recurrirá el trasvase Tajo-Segura. Teóricamente se había llegado a un acuerdo y se habían subido los hectómetros mínimos para que nadie se quejara. Ahora vuelven a quejarse los manchegos, ¿se queja también la Generalitat de que nos llega poca agua?
-Lo está recurriendo recurrentemente (sonríe). Nos llega el agua que estaba prevista en el memorándum que fue validado por la ley correspondiente. Un marco jurídico que se pactó a finales de 2014 por cinco autonomías y el ministerio. Esos trasvases se deciden por autorizaciones administrativas a partir de la información técnica del estado de los embalses que da la Confederación Hidrológica del Tajo. Estamos en un Estado de derecho y Castilla-La Mancha puede recurrir lo que quiera pero ese marco jurídico está ahí y vela por que los pantanos de cabecera estén suficientemente conservados pero también para atender los usos de agua abajo de la cuenca. Es un principio de solidaridad territorial y nuestra intención es dejar funcionar el sistema.

-El manchego es un gobierno socialista como el de la Comunitat, aunque aquí compartido, pero aún así mantiene el enfrentamiento.
-Es más bien un enfrentamiento de Castilla-La Mancha con el ministerio. Nos reunimos no hace mucho con su consejero de Agricultura, quiero decir que hay comunicación, y su malestar no es solo por el trasvase sino también por la forma de tomar decisiones desde el ministerio que afectan a su comunidad autónoma.

-Hace años el problema del agua era una cuestión fundamental en la agenda de la Comunitat. ¿Se sigue haciendo política con el agua al fin y al cabo?
-Hemos bajado el nivel de enfrentamiento que existía en la Comunitat. Fue lamentable cómo se utilizó esto para ganar votos, para enfrentar territorios, para manipular a la opinión pública... en ese sentido de sesgo negativo estamos trabajando en la despolitización de la cuestión para llevarla a un ámbito técnico.  

-Precisamente usted tiene un perfil técnico y fue incorporada al Ejecutivo como independiente. ¿Cuál era su opinión sobre el trasvase del Ebro hace 10 o 15 años?
-Nunca me habían preguntado eso (reflexiona). Creo que lo veía con un cierto desasosiego porque nos hemos estado jugando un recurso fundamental para esta tierra y, supongo que en aquel momento, lo veía desde un punto de vista ecosistémico respecto a la salud del suelo, de los montes... Yo vivía en Madrid entonces y sí recuerdo que me ofendía profundamente ver a los autobuses de manifestaciones en la guerra del agua. De todas formas, gran parte de lo que veía de la Comunitat Valenciana en aquella época me dejaba perpleja y me sentía como una exiliada.

-¿Pero cuál era su opinión como técnico?
-No recuerdo haberme metido a fondo en ese tema entonces, aunque es evidente que el momento de esas grandes infraestructuras ya ha pasado por la necesidad de inversión que comporta, la reapertura de la cuestión territoral compleja que conlleva, los problemas de gestión de la cuenca del Ebro que implica a nueve comunidades autónomas...  La realidad es que al final, mientras por un lado se hinchaba el tema del trasvase del Ebro, hemos tenido durante 15 años sin acabar la obra de las transferencia del Júcar-Vinalopó, algo que nosotros hemos reactivado. Quiero decir que aquello era la guerra del agua: fue bochornoso cuando se manipulaba a la opinión pública, llegando a decir que la desalación podía producir cáncer, o aquello de González Pons de que esas plantas eran las centrales nucleares del mar... todo para esconder que no se estaba resolviendo el problema.

-¿Qué problemas están encontrando en el Júcar-Vinalopó?
-Uno de ellos es la balsa de regulación de San Diego. Es una infraestructura que depende del Ministerio y desde que se puso en pruebas en 2012 se descubrió que tenía filtraciones con lo cual no está funcionando pese a tener una capacidad de regulación de 20 hectómetros cúbicos, que es mucho para esa zona. El ministerio no ha metido ni un euro para arreglar eso en todo este tiempo. Esas cosas no pueden pasar y por eso digo que no me vengan a hablar del trasvase del Ebro cuando tengo infraestructuras importantes aquí que no arreglan y con las que se atenderían las necesidades del Vinalopó y el Alacantí. Nosotros, por nuestra parte, hemos emprendido ya las obras del margen izquierdo que están valoradas en 46 millones de euros y que esperamos que estén terminadas a lo largo de la legislatura.

-¿En qué punto está la desalinización?
-Precisamente sobre esto insistimos al ministerio, para que deje funcionar este recurso y que acabe las conducciones necesarias. El problema principal, sobre todo en las de Alicante, es el coste del agua. No obstante, en ese coste hay mucho recorrido porque las plantas más modernas son más eficientes en términos energéticos y generan agua con un precio más barato del que se dice y sobre esto se puede trabajar. Por ejemplo aplicando energías renovables para reducir el coste. Luego tienen una cuestión de impacto ambiental que se ha solventado en gran medida con las nuevas plantas como es la de Torrevieja. ¿Qué falta? Que el ministerio invierta un poco más, que termine las conducciones que permitan una gestión más eficiente y, en definitiva, decida ponerlas a más capacidad. El agua es totalmente válida, apta para el regadío y para el consumo humano. Es la perspectiva de visión de conjunto en la que insistimos: ninguna solución por sí sola solventa el problema. Ni la desalinización, ni la regeneración de agua, ni los trasvases. Hay que combinarlo todo.


-¿No se debería dar una solución más global al coste del agua tal y como se hace con la energía eléctrica? Que se reparta el pago entre toda España en definitiva.
-Es un tema complicado. Estamos repercutiendo la infraestructura al usuario, sin ir más lejos por la utilización del trasvase Tajo-Segura. El debate del precio del agua en este país todavía está poco desarrollado pero sería interesante abrirlo.

-¿Cómo puede influir el escándalo de Acuamed en retrasos de políticas e infraestructuras hídricas?
-Sobre esto hemos preguntado al ministerio. Cuatro de las seis obras afectadas por este caso están en la Comunitat: dos atañen a la desalinizadoras de Torrevieja y Mutxamel y las otras dos son para prevención de inundaciones. El secretario de Estado aseguró que harían todo lo posible para que las obras no se paralicen ni se vean afectadas. De todas formas hay que esperar puesto que la investigación está bajo secreto de sumario. Por nuestra parte, estamos estudiando personarnos en la acusación.

-Las lluvias están escaseando. ¿Es preocupante la situación de cara al verano?
-Hay que estar relativamente tranquilos aunque la situación es preocupante. Los sistemas de regulación están funcionando bien y no ha habido problema de abastecimiento ni de regadío. La lluvia y la nieve de estos días ha venido bien pero es cierto que estamos en un año extremadamente seco, el segundo más seco desde 1940. Y el primero fue el de 2014, lo que convierte este en especialmente problemático.

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