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La empresa facturó 34 millones de euros en 2018

Epsa, aditivos alimentarios en plena revolución 'bio'

3/11/2019 - 

VALÈNCIA. La industria alimentaria se enfrenta a un nuevo horizonte propiciado por los cambios en los hábitos de consumo. La irrupción con fuerza del veganismo, vegetarianismo o corrientes en favor de una cultura 'bio' y contra los productos procesados han generado una mayor conciencia en el consumidor sobre su alimentación. En esta nueva 'fiebre' por una comida más saludables, también ha encontrado un hueco la 'quimifobia', un movimiento contra los productos químicos que sataniza el uso de aditivos en los alimentos. Bien lo sabe Emilio Peña, presiente de la compañía valenciana de aditivos Epsa, una compañía con una trayectoria de más de cuarenta años en este campo que distribuye, fabrica e importa aditivos y que se ha erigido como una de las grandes en la industria.

"Los aditivos son perfectamente sanos", subraya Peña, quien recuerda que no son algo nuevo en la sociedad, sino que su uso se remonta a la antigüedad. "Siempre se han gastado. Por ejemplo, la sal se ha utilizado para conservar de toda la vida, el hielo. Los romanos quemaban azufre para que el vino no se convirtiera en vinagre", resalta. Y es precisamente la conservación una de las funciones de estos productos, generalmente químicos aunque también los hay naturales, que no aportan ningún valor nutritivo pero aportan textura, sabor y color a los alimentos. 

Con cuartel general en Torrent, Epsa fue fundada por Emilio Peña padre en 1983 como una fábrica de productos químicos que, con el paso del tiempo, acabó vinculada con la industria alimentaria. Sus inicios se remontan a la distribución de estos productos, pero con la entrada en la empresa familiar de sus cuatro hijos Emilio, Juan José, Ignacio y José Antonio Peña daría el salto a la importación y fabricación propia. Son ellos quienes ahora llevan las riendas de una compañía que entre sus éxitos está un saborizante a anchoa para las aceitunas de hueso. "Es un producto que hacemos desde hace muchos años y que permite conseguir todo el sabor de una anchoa, pero sin que esté ese producto en la aceituna", destaca. Una de las joyas que catapultó a la compañía elevando sus ventas, pero no es la única. Otra de sus innovaciones es un aditivo contra el ablandamiento también de las aceitunas. 

En 2018, Epsa facturó 34 millones de euros y movió 24.000 toneladas de producto y para esta año esperan elevar sus ventas hasta los 35,5 millones, un crecimiento menor que en los últimos años motivado por el estancamiento de la demanda y los visos de ralentización de la economía. "Nuestra crecimiento siempre ha ido acompasado por el del sector de la alimentación", resalta Emilio Peña hijo, actualmente presidente de la empresa que dirige junto a sus hermanos.

Fabricación propia e importación

Fue en 1990 cuando se produjo el cambio generacional, momento en el que la compañía tomó una importante decisión: comenzar con la producción propia. "Al principio solo distribuíamos, pero luego empezamos a fabricar", recuerda el actual presidente de Epsa. Dos años más tarde, se produciría un nuevo hito lanzándose a la importación de materia primas desde China, EEUU, Tailandia o Corea. "Hasta ese momento comprábamos de distribuidores nacionales y, a partir de ahí, empezamos a ir a mercados internacionales. China, India y Francia son los principales proveedores de materias primas del mundo", resalta. 

Su última incorporación, fueron los colorantes en 2017, un producto con el que ya habían trabajado años atrás. "Tuvimos una joint venture al 50% con una empresa india, pero en 2006 vendimos nuestras acciones", rememora Peña. Ahora, ya están a pleno rendimiento con este producto que ha supuesto un importante revulsivo en el desarrollo del negocio.

Actualmente, la compañía cuenta con oficinas comerciales en Andalucía y Extremadura y base operativa en Madrid, Barcelona y el norte de España con un almacén lanzadera en Almendralejo, Badajoz. Pero es en Torrent donde está su centro neurálgico sobre una superficie de 5.500 metros cuadrados con sus laboratorios de análisis y aplicación, almacenes y zonas de producción. 

En sus laboratorios es donde aplican todo su know how y el desarrollo de nuevas líneas. "Un colorante da color natural al producto. Por ejemplo, una mermelada de fresa si te la haces en casa conseguirás un producto marrón porque la fresa se oxida al hervir. Si una empresa lanza esa mermelada marrón en el mercado nadie la va acoger porque el consumir piensa que se ha estropeado porque se asocia a un color más rosado. Eso es lo que nosotros conseguimos", explica. "Los mismo ocurre con los caramelos: si es de menta es verde y de limón es amarillo. Se busca un color que se asocie", insiste. Para conseguirlo, utilizan tanto colorantes sintéticos como naturales como pueda ser la remolacha, algunos frutos del bosque o el carmín de cochinilla empleado en el jamón de york.

"Ahora estamos con los probióticos y prebióticos porque hay una tendencia desde hace años de buscar en los alimentos saludables y en aquellos que, además, tienen una repercusión positiva en tu salud. Se trata de encontrar nuevas aplicaciones porque normalmente no salen nuevos aditivos al mercado porque introducirlos es casi tan difícil como una nueva medicina. Hay que hacer muchas pruebas", asegura. Actualmente en su cartera hay más de 400 productos, de los cuales fabrican unos 60.

Entre sus últimos proyectos están un proyecto europeo para el desarrollo de un sistema de microencapsulación de hierro para añadirlo a los alimentos, como el pan. "Como tiene que ser horneado, hay que proteger al hierro encapsulándolo para que no se oxide durante la elaboración del pan y que sólo se libere en la porción del intestino que puede absorberlo mejor, resistiendo la masticación y el tránsito por el estómago. De hecho, la bioaccesibilidad del hierro con nuestro proceso de encapsulación es casi del 70%, el doble que cuando el hierro no va microencapsulado, lo que originaría también problemas de sabor y color en el pan.

También trabajan, junto a otras seis empresas españolas, en la mejora de la cadena de valor en la producción de los conocidos como 'superalimentos', aquello con un importante valor nutricional. El objetivo es cubrir la cadena de valor, desde el cultivo de las semillas hasta la elaboración del producto final con esos superalimentos.

¿Alimentos sin aditivos?

"La inmensa mayoría de alimentos lleva aditivos porque se utilizan para cumplir unas funciones: conservación y que el consumidor consuma lo que espera de ese alimento. Una tortilla verde no te las vas a comer porque tiene ser amarilla y de la misma forma tiene una textura concreta. Si fuera como la de un yogurt tampoco la tomarías", explica Peña, quien deja claro que "los aditivos son perfectamente sanos". Es más, apunta, "la mayoría son productos de fermentación como el ácido cítrico". "La inmensa mayoría de productos son de origen natural, tratados químicamente. Solamente algunos productos son puramente químicos pero están suficientemente testados que no producen ningún tipo de daño", afirma.

Además, recalca que sin los aditivos alimentarios se podría comer pero de forma muy limitada y cara, además, de correr el riesgo de padecer enfermedades e incluso la muerte. "Una longaniza si no está tratada puede causar serios problemas. Antes la gente sufría enfermedades por problemas alimentarios. Esto es practicante inexistente hoy en día. La esperanza de vida ha aumento muchísimos gracias a la industria alimentaria que puede fabricar aditivos", enfatiza para subrayar que el sector está fuertemente auditado y sometido a controles sanitarios para garantizar la calidad de los productos. "Nosotros para comprar a una empresa tenemos que auditarla y ver que cumple todos los estándares de calidad necesarios para que lo que produzca sea correcto", asegura.

Por tanto, considera que los movimientos surgidos contra estos productos se basan en concepciones erróneas y se nutren de fake news. "Todo lo que es crear un mal ambiente hacia los aditivos es un poco equivocado", asegura. "Son corrientes de gente romántica que tendrán que tener un alto poder adquisitivo porque la producción es más cara. Todas las líneas del 'bio' o el veganismo son líneas de productos que viven en la opulencia. De todas formas no se puede producir todo 'bio' que es, además, un mercado más pequeño", considera. 

De cara al futuro, Peña insiste en que la industria alimentaria tenderá a seguir el camino actual hacía un producto más saludable y con el uso de menos aditivos químicos con alguna turbulencia por el conflicto entre EEUU y China. Además, confía en que se produzca una concentración de productores para limitar el número de fábricas.

"Como empresa nuestra intención es seguir creciendo en ventas. Hasta ahora exportábamos poco, pero ahora tenemos una gama de productos con la intención de ir al mercado internacional. También queremos potenciar el norte de África en países como Argelia, Egipto o Túnez, y América, principalmente en Argentina, Chile y Perú", concluye. 

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Foto: María Selva
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