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el muro / OPINIÓN

Es el karma

Otro lío que añadir a la historia de Les Arts. Un escenario que el destino ha convertido en argumento de auténtica tragedia, aunque sin final conocido

1/03/2020 - 

El karma persigue al Palau de les Arts de Valencia desde su apertura. Está marcado. No hay temporada o año que se salve, o ni siquiera lo pueda esquivar. Recién inaugurado sufrió la rotura de su plataforma escénica que a punto estuvo de anular toda su temporada y hasta el cierre. Después llego su inundación, la caída del trencadís de su cubierta, el ERE, los despidos, el despilfarro, las comisiones, comisionistas y enchufes, los cambios de directores musicales, los cambios de repartos artísticos y hasta la detención de su Intendente y el propio registro de la entidad cultural por la Guardia Civil. Así, hasta llegar a un juicio que hace poco tiempo se celebraba por un asunto relacionado con sus patrocinios y del que aún se desconoce sentencia. 

Pero ahora ha llegado el asunto de su principal mentor, el tenor Plácido Domingo, vinculado de origen y cuyo nombre llevaba el Centro de Perfeccionamiento del coliseo, espacio del que han salido y continúan saliendo nuevas voces. Un asunto, por otro lado, muy poco agradable por las nuevas circunstancias que ahora le rodean. 

Muchas de las declaraciones que he leído y escuchado estos últimos meses en torno al tenor por una actitud del todo cuestionable, más ahora con tanto control de lo falsamente o no  y políticamente correcto/incorrecto pero sin delimitar márgenes y complacencias, resultan una temeridad, sean del color que sean.

Ya se sabe. Toda familia termina acabando con el patriarca en el momento oportuno. Nadie es eterno, ni los hechos se borran. Hasta que son necesarios. Sólo se ocultan. El problema es imaginar quién ha pagado la fiesta y si la marioneta conservará sus finos hilos o la cabeza del caballo aparecerá también un día escondido entre las sábanas.

Quien comete un error o un presunto delito está en su derecho a la defensa y presunción y a la acusación directa. Lo que el tenor haya hecho formará parte de su conciencia y de las nuestras. Es una evidencia, pero si algo echa, sobre todo, es más tarquín sobre un proyecto al que no le abandona el mal fario.

La Justicia deberá de tomar determinaciones pero, bajo toda luz siempre se esconden otros intereses. No seré yo quien los apunte, que los conozco, pero por ese camino iríamos rumbo a cerrarlo todo y hasta cuestionar el arte o todo el arte, desde tiempos inmemoriales, como sucede desde hace mucho tiempo.

Sin defender a nadie -no es mi problema- sí descubro que en todo este asunto también existe en su trasfondo un viso de destrucción, o de agotamiento, o mejor aún de no haber sabido en su momento abandonar la barca y todo tipo de poder, porque el poder corrompe y lo continuará haciendo mientras no prime por encima de todo la honestidad en todos los sentidos.

Sin embargo, al Palau de Les Arts se le abre otra brecha de consideración con este desagradable asunto que algún día todos olvidarán, como es el poder  por encima de la realidad o la simple calidad sin más de quien lo ostenta. Pero cuando el poder es tan amplio ya no dependes de tus propios intereses sino de creer formar parte del Olimpo y esperar que el purgatorio facilite una oportunidad si te vinculas o discurres por el “camino escogido”. Es así en todo los campos. La mejor forma de destrucción siempre ha sido el sexo, incluso más allá de la corrupción económica o moral. Está escrito. Y ahí ya no importa la capacidad intelectual y menos la complacencia sino el fariseísmo y la oportunidad en el tiempo. Ojo, uno siempre se defiende a sí mismo y es responsable de sus actos. Más en un mundo artístico en el que la vanidad y la autocomplacencia discurre por otros senderos, pero convierte en rehén. Demasiado poder nunca es buen compañero de viaje.

Hace unos días un diario nacional publicaba un reportaje relacionado con Arco 2020 en el que diez personas -criticos, galeristas, comisarios, teóricos y otros elegidos de ese submundo que también es el del arte y más aún el contemporáneo- contestaban  a la pregunta de quién manda en el arte. Al fin y al cabo la conclusión era que el dinero, las capillas y familias y el mercado o el interés económico organizado y el ansia de pertenecer a un mundo de “escogidos”.

En el mundo del arte siempre han  mandado las familias, desde eclesiásticas hasta económicamente muy poderosas. No la crítica. Esa sólo se utiliza y hasta se expulsa cuando se cree en posesión de una verdad inexistente porque el mundo ha cambiado, o el momento, o el mercado es otro y responde a diferentes intereses. La crítica es el bufón.

Todos sabemos de los clanes y también que cuando uno asume demasiado poder las debilidades pueden acabar convertidas en armas de tensión y destrucción. Después, el mundo continuará girando ante otro tipo de intereses, poderes  y cansancios. Es ley de vida.  

 

Cada uno es presa, carcelero o cómplice de su pasado. Desde la Iglesia a la política. Imaginen, pues, el negocio del Arte. Pero, a veces, da miedo pensar o no imaginamos que el Gran Hermano nos convierte también en víctimas de nuestros actos. El mundo del arte, entendido en el sentido amplio, siempre ha sido una serpiente, un campo de vanidad y ambición. Y el sexo, su gasolina

Pero más allá, yo iría con mucho cuidado porque aún así el poder del clan y la familia se mantiene y controla también desde el silencio. Y las venganzas son más que peligrosas con el paso del tiempo. Lo digo por nuestro Palau de Les Arts controlado desde siempre desde un sinuoso y silencioso poder que puede conducir a la ruina porque jamás desfallece y sólo ansía.

El Palau de les Arts siempre ha girado en torno, como tantos otros escenarios teatrales, a figuras, clanes y familias poderosas. Y en ese mundo un árbol puede terminar convertido en astillas. La figura de Domingo ha sido capital en torno a la existencia de Les Arts. Todo giraba alrededor de sus apreciaciones. La forma de su desvinculación, marrón desviado políticamente hacía su patronato civil con silueta de verdugo al uso, supondrá un cambio drástico en todos los escenarios descritos. Puede ser un acicate, también un reto. Si todo se hace con sentido, algo poco probable conociendo a la cuadrilla y su habitual forma de actuar: esperpéntico, quijotesco y mediático. Es de lo poco que saben. Aunque siempre desde el lado oscuro. Suerte. La van a necesitar.

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